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LA HNA. LILIÁN FERRAO, EN EL BARRIO MANDUVÍ Cada uno tiene algo para dar De visita en Rivera, UMBRALES quiso conocer la experiencia de las Hermanas
de la Providencia en el Barrio Manduví, un barrio sufrido que tiene
una trayectoria heroica en el tema de la solidaridad y de la participación:
desde los misioneros "gallegos" Ángel y Monse, a la labor
actual de las Hermanas, pasando por miles de manos y corazones desconocidos.
Con la hna. Lilián Ferrao, en una pausa de su ajetreada jornada tuvimos
esta entrevista. • ¿Cuándo comenzó esta obra social
aquí en Manduví? - Los inicios remotos de esta obra
se remontan al año 1972 cuando llegaron dos misioneros católicos desde
España: el p. Ángel Olano
y la hna. Montserrat (Monse) Montes. Ellos
comenzaron a trabajar y formaron una comunidad de muchachos y muchachas
que vivían acá y trabajaban la tierra en una chacra al final del barrio.
Con dinero de España compraron terrenos y formaron la chacra. Con sus
manos levantaron una capilla muy artística dedicada a "María, Madre
de la Iglesia" (que lamentablemente fue destruida y reemplazada
con el edificio actual). Vivían de su trabajo y de mucha oración y tenían
una formación teológica muy buena. Además del servicio apostólico, atendían
una guardería y muchas otras actividades aquí y en los barrios La Pedrera,
Virgencita y Santa Isabel. "Íbamos a trabajar y aprendíamos mucho",
recuerda la gente. Cuando los misioneros tuvieron que abandonar la diócesis,
una hermana de la Providencia que trabajaba en el hospital de Rivera
comenzó a venir después del trabajo, se comenzó a atender y en 1986
se establecieron definitivamente. Al principio en una casa vieja en
el barrio y en condiciones precarias, después se construyó la parte
nueva de la casa. Trabajaron con muchas dificultades
y necesidades. Había una policlínica que atendía a todo el barrio porque
no había todavía una policlínica de Salud Pública como hay hoy, y estaba
la guardería en condiciones muy precarias, con pocos niños, sin ninguna
organización ni convenios. • ¿Cómo se formó el barrio? - Es uno
de los barrios más grandes de Rivera con 5.000 habitantes y se formó
porque había una fábrica de aceite que se llamaba Manduví
(= "maní",
en guaraní), porque hacía aceite de maní y en torno a la fábrica se
fue creando el barrio. Es un barrio pobre que ha ido creciendo. Vivían
de la fábrica, cultivando maní, hasta que la fábrica cerró. Pero el
barrio siguió creciendo más y más, con gente muy pobre. Hoy hay gente
que vino de otros barrios por razones económicas, por una disminución
de sus ingresos; vienen a vivir aquí porque las casas y los terrenos
son más baratos. • ¿Qué actividades tienen en la
obra social? - La obra se puede dividir en dos
aspectos: el pastoral y el social. En la parte pastoral funciona una
capilla que pertenece a la Parroquia San Pedro atendida por los salesianos.
La Capilla tiene actividades
pastorales y un consejo de capilla que se reúne cada 15 días y es responsable
de todo el funcionamiento. Hay Misas los domingos y durante la semana,
bautismos, grupos de adolescentes, de jóvenes, de catequesis, del Rosario,
grupo scrosoppiano que vive la espiritualidad de nuestro fundador. Se
participa en todas las actividades pastorales que hay en la ciudad. En la parte social tenemos dos convenios
con Iname, único modo de poder trabajar por el tema financiero. Tenemos
un convenio por la Guardería
a la que concurren entre 60 y
70 niños de 6 meses a 4 años, que son de las familias más pobres
del barrio y que las madres trabajan, y en el caso de los bebés atendidos
por la psicomotricista, aunque las madres no trabajen afuera. Otro convenio es por el Club de Niños que funciona con 100 niños de 6 a 12 años y algunos con
unos años más, que van al liceo y necesitan un apoyo para no dejarlo.
Porque a la mayoría los mandan a trabajar en el monte o andan por la
calle con drogas y alcohol, haciendo cualquier tipo de trabajo y las
chicas siendo madres a los 14 años. Con el apoyo a los de edad liceal
se ha logrado mejorar la situación. Además de los deberes y ayuda en
las dificultades que se les presentan en la escuela, tienen informática,
redacción, trabajo en la huerta, educación física, manualidades y canto;
esto hace que las fiestas sean preparadas por ellos mismos. • ¿La gente del lugar participa
en todas estas actividades? - Durante mucho tiempo intentamos
formar un grupo de apoyo de padres, no tanto con la idea de sacar fondos
(acá en el barrio los fondos son chiquitos, no hay otra posibilidad
que alguna venta de empanadas o comidas), sino como motivación para
que la gente fuera sintiendo que la obra es de ellos. Es decir, que
participando en cosas pequeñas
o grandes y construyendo ellos mismos, cuidaran y sintieran la obra
como propia. Trabajar desde la
gente y no hacer que vengan recursos de afuera. Así se formó un
grupo de padres que trabaja y ha resultado positivo porque sienten cada
vez más la participación. La fiesta de la canonización de nuestro fundador,
el p. Luis Scrosoppi, por ejemplo, se llevó
adelante gracias a la gente. Todos colaboraron, cada uno con lo que
pudo y del modo que pudo. • ¿Qué dificultades encontraron,
además de las económicas? - El problema principal es la falta de trabajo, porque la explotación
es terrible acá en la frontera. La mayoría trabaja en Santana, las madres
como empleadas domésticas de 8 a 20 hs. y ganan 600 o 700 pesos por
mes. Eso hace que los niños queden solos y se van generando abandonos
parciales pero abandonos al fin porque el niño está expuesto a todo.
Otro tema grave es la familia; son familias muy numerosas
y con poquísimos recursos; hay mucha promiscuidad y maternidad precoz. • Frente a esta situación, ¿qué
espíritu las anima? - El Reino de Dios, el empuje está
ahí. El espíritu es que alguien
cambie el mundo desde donde esté y desde lo que sea. Es conocer
el Reino de Dios y apostar todo, arriesgar todo en la vida, en las pequeñas
cosas. Es la esperanza de que los niños que están hoy acá, vivan y aprendan
los valores que todos tratamos de transmitirles, porque todos los educadores
están comprometidos en eso y realmente son muy responsables en la transmisión
de valores. La esperanza de que estos niños mañana sean constructores
de este mundo, esa es nuestra esperanza, nuestro espíritu. Transmitir
que cada uno tiene algo para dar y que si alguno se queda con lo que tiene
para dar, el mundo no se construye. Animar a la gente a comprometerse,
que sientan más suyo el barrio, la obra, las actividades. Es el espíritu
del p. Luis de dar la vida para salvar el mundo con la caridad. Cada
día la gente viene con problemas de todo tipo y vienen a pedir apoyo,
protección, consejo y siempre tratamos
de ayudar, no de dar. Sí de buscar los medios y ahí trabajamos las
hermanas con los técnicos. • ¿Cuál es el motivo de mayor satisfacción? - Hace 6 años que estoy acá. Al principio
me costó venir y me costó mucho insertarme en el lugar. De a poquito
fui descubriendo el valor que tiene la gente y eso me lleva a ir poniendo
siempre más de mí misma y hoy tengo la satisfacción de que la misma gente del barrio es responsable de la comunidad y eso para
mí como misionera y evangelizadora, es realmente una gran satisfacción.
Ver que la gente va adelante sin que estés, que la Misa y la pastoral,
la obra social funcionan, es una satisfacción muy grande. Cuando nos
consagramos, apostamos a eso. No
nos consagramos para nosotros mismos sino para que la gente se comprometa
con el Reino de Dios. • Alguien nos interrumpe para preguntar
algo a la hna. Lilián. El grabador se apaga pero el testimonio de la
hna. Lilián sigue. Las palabras y el mensaje de la entrevista no son
elaborados para la ocasión; son expresión natural de su cotidiana entrega.
Sube a la camioneta y aprovecha para invitarme a conocer los otros barrios
en las afueras de Rivera, esa "Frontera
de la Paz", un título más que merecido, después de visitar
esta obra y escuchar este testimonio en el sufrido y valiente barrio
Manduví. Quinto Regazzoni |
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