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La Palabra de Dios es viva y eficaz Con motivo del número 100 de la revista "La Palabra hoy", de
la Federación Bíblica Católica (FEBIC-LAC), su director, el sacerdote
uruguayo Jesús Antonio Weisensee ha enviado para los lectores de Umbrales
este testimonio sobre la importancia de la Pastoral Bíblica. La Pastoral Bíblica es hija del Vaticano II. Ella ha nacido a instancias y sugerencias
de los Padres Conciliares, que han destacado y jerarquizado la importancia
que tiene la Palabra de Dios para toda la vida de la Iglesia. De ahí
la recomendación y el pedido explícito de que se hiciera todo lo posible
para que los fieles tuvieran un fácil acceso a las Sagradas Escrituras
(DV. 22). La Pastoral Bíblica, no solamente ha nacido gracias al Vaticano
II, en el documento Dei Verbum,
sino que la misma experiencia del trabajo con la Palabra de Dios
ha mostrado que ella es una opción
válida para toda la Pastoral de la Iglesia, utilizando la Palabra
de Dios como elemento que proporciona identidad, que nos ayuda a enriquecernos
en la fuente inagotable del conocimiento de Dios; ella nos ayuda a conocer
a Jesús, a tener fe en Él y así tener la vida que solamente Él puede
dar (Jn 20,30-31). La Pastoral Bíblica es una propuesta
evangelizadora para llegar al corazón del hombre, promoviendo el encuentro
con el Señor Jesús, que nos habla como amigos esperando una respuesta
de nuestra parte. No es una pastoral de conceptos sino de identificación
y asimilación con Jesús, sentido y culmen de toda la Escritura. Ella
será una opción válida en la medida que favorezca y promueva el conocimiento
y el encuentro con Cristo en su Palabra, en el seno y en el sentir de
la Iglesia. A la luz del Vaticano II, la Pastoral
Bíblica no es una pastoral más, una entre otras, sino aquella que nos
transmite la revelación de Dios a lo largo
de toda la historia, para que conociendo su Palabra, reconozcamos
su presencia en nuestro día a día, descubriendo la presencia siempre
nueva de Dios junto a nosotros. El dinamismo de Dios a lo largo de la
historia, que se ha ido revelando progresiva, continua y gradualmente
dándonos a conocer su identidad y su forma de relacionarse con nosotros,
ha llegado a su plenitud y realización total en Jesús, que es la Palabra
definitiva del Padre en la historia. Esta revelación del Padre y de Jesús
en la Biblia, hace que en la Pastoral Bíblica tengamos muy presente
la pedagogía, la forma de manifestarse y actuar de Dios en la historia
y esto es inspirador para toda nuestra acción pastoral, de ahí el carácter
vivencial, personal y transformador que tiene la Pastoral Bíblica. La Pastoral Bíblica no consiste en
distribuir Biblias, o hacer cursos, dando información, no es únicamente
transmitir conocimientos, sino que es vida, porque está basada en la
Palabra de Dios, que es Palabra de vida eterna. La ciencia, la información, el conocimiento
que se transmiten están en relación directa con la vida. Éstos adquieren
su justa dimensión en la medida que la Palabra se haga vida, cuando
el encuentro con la Palabra se transforma en experiencia de Dios, experiencia
transformadora que lleva a la asimilación con Jesucristo. No transmitimos
sólo conocimientos e información, sino que damos
a conocer a Alguien, Jesús el Señor, que vino a darnos vida y vida
en abundancia. La Palabra de Dios en la Biblia no
es sólo para ser conocida, en la Pastoral Bíblica no buscamos formar
expertos en Biblia que tengan mucha información, sino que buscamos que
esa Palabra escrita, que es anunciada y proclamada, que es rezada y
meditada, se haga vida, que se exprese en actitudes nuevas, asumiendo
la propuesta y el estilo de vida de Jesús. Apuntamos a formar
discípulos, seguidores de Jesús, que asumen, viven y dan a conocer
el mensaje evangélico. La Pastoral Bíblica, como propuesta
de formación y acompañamiento de los grupos de reflexión en las parroquias
y comunidades, es un instrumento privilegiado para responder a una necesidad
imperiosa de formación y ansias de encuentro y conocimiento de Cristo.
En la medida que nuestra fe esté cimentada en la Palabra de Dios, que
ella sea leída y reflexionada en el espíritu y la tradición de la Iglesia,
la experiencia de Dios será fecunda y ella llevará a que la
Palabra leída y rezada se haga vida y se exprese en el testimonio
de vida. Un desafío en nuestra Iglesia es ser
personas profundamente enamoradas de la Palabra para enraizar nuestra
fe y nuestra vida en las enseñanzas de Jesús. Hoy la Pastoral Bíblica
se está realizando en las comunidades, en grupos de reflexión, en grupos
bíblicos, en pequeñas comunidades, donde la Palabra está siendo leída,
reflexionada y celebrada. Es allí donde la Palabra va formando católicos
cada vez más convencidos y comprometidos; laicos/as y religiosos/as
que están asumiendo la propuesta de Jesús, haciendo visible el Reino
en sus vidas. El Señor Jesús por medio de su Palabra convoca a la comunidad,
la construye, la sustenta, la anima, la impulsa. La Palabra de Dios
hoy está en las manos de la gente sencilla y humilde, que mediante ella
va encontrando un sentido a toda su vida y a los acontecimientos que
la rodean. La Palabra de Dios está dando identidad y fortaleza, ánimo
y compromiso a la comunidad, ella está haciendo y formando a la comunidad
creyente. También va adquiriendo la relevancia que le corresponde en
nuestras celebraciones. A lo largo de estos años, hemos visto
cómo la Pastoral Bíblica ha ido madurando en su proceso de identidad
y en su misión. Es alentador ver cómo el Espíritu está soplando y suscitando
nuevas iniciativas, nuevas experiencias, que están ayudando a que la
Pastoral Bíblica sea una propuesta válida y eficaz para el trabajo en
las comunidades. Eficacia de la Palabra En el trabajo bíblico, tenemos como
compañero de camino al mismo Señor Jesús, que como con los discípulos
de Emaús, nos acompaña en nuestro caminar, ya que Él mismo nos ha dicho
que donde dos o tres estén reunidos en su nombre ahí está Él presente.
El Vaticano II nos dice que cuando
se lee la Palabra de Dios, es el mismo Jesús quien nos habla (SC.
7). De ahí que los que trabajamos con la Palabra de Dios, tenemos la
garantía que es el mismo Jesús quien está actuando por medio de su Palabra,
la cual, según el profeta Isaías es siempre eficaz. Éste es uno de los
motivos de nuestra convicción por el trabajo bíblico, dado que al anunciar
la Palabra de Dios estamos favoreciendo el encuentro personal y transformador
de cada uno con la Palabra escrita de Dios y eso lleva al encuentro
personal con Jesús. La Palabra de Dios es fundamento de
nuestra fe, aquella que transmite los contenidos básicos de la revelación,
que son imprescindibles para cualquier propuesta de evangelización.
Ella es un medio privilegiado para el conocimiento de Jesús. Ella es
el alimento espiritual (DV. 23.21), la fuente inagotable de conocimiento
de Dios, que ha ido sustentando a lo largo de los siglos la vida y la
espiritualidad de los creyentes. Sin Biblia no hay evangelización ni catequesis, porque la Biblia nos muestra y revela
a Jesús y a su Iglesia. Como dice el Vaticano II: "Desconocer la
Escritura es desconocer a Cristo" (DV. 25). De ahí la invitación
de los Padres Conciliares a que la Palabra de Dios sea "el alma
de la teología" (DV. 24). p. Jesús Antonio Weisensee |
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