Soñando la primavera

En pocos días aguardamos en este hemisferio sur el regreso de la primavera.La buena estación siempre es anhelada después de los inviernos más fríos.Y siempre nos recuerda la necesaria renovación no sólo del mundo físico,sino también del mundo del espíritu.

En el corazón de todos los santos padres de la Iglesiay desde las mismas páginas del Nuevo Testamento se desprende un deseo constantede juventud y de renovación de la Iglesia, pueblo de Dios.Lutero, en un latín fácil de comprender, decía: "Ecclesia semper reformanda" , la Iglesia siempre tiene que reformarse.

Periódicamente el Espíritu se encarga de soplar vientos primaverales en las estaciones difíciles y duras de su Iglesia.

El Concilio Vaticano II, la primera reforma litúrgica, la renovación bíblica, la teología encarnada de Latinoamérica, el consolidarse de las comunidades...
siempre podemos encontrar signos de primavera a nuestro alrededor.

El 15 de mayo de 1963, cuando el Papa Juan XXIII bajó por última vez a San Pedro, dijo a la gente: "El Papa, que es padre y tiene la edad de abuelo,tiene la sensación de la perenne juventud de la Iglesia".

Allí empezó realmente una larga agonía que estremecería al mundo.
Esos pocos días de la primavera boreal, hasta el día de su muerte el 3 de junio,fueron de los más intensos, dolorosos y emotivos que ha vivido la Iglesiajunto al mundo entero; creyentes y no-cristianos, con una devociónque jamás se había visto antes...
En las calles, hasta en los bares y lugares de diversión, todo elmundo hablaba del Papa Bueno y lloraba su agonía.

Luego se supo que el Beato Juan XXIII caminó hacia la muerte
con los ojos abiertos, "las maletas hechas" y el corazón dispuesto."Señor, Tú sabes que te amo", fue la última oración deese anciano joven que había rejuvenecido a toda la Iglesia.

Otro gran místico del siglo XX, el monje trapense Thomas Merton escribía en su diario durante esta larga y conmovedora agonía: "Ha hecho mucho en estos cuatro años y medio para renovar a la Iglesia y para recordar a todos que el amor
cristiano no es sólo una grata ficción. A muchos les ha devuelto la esperanza en la Iglesia como realidad viva, como el verdadero Cuerpo de Cristo.

Ha hecho creíble, una vez más, con mayor sencillez y profundidad,
la realidad del Espíritu en el mundo, incluso para la gente que no está fácilmente dispuesta a creer en nada. El mundo le debe mucho y lo reconoce amándole mucho. La preocupación por su agonía es universal.

"
La revista "Life" aseguraba que el Papa Juan estaba "humanizando la muerte". Antes había humanizado la vida. Esa humanización era el secreto de su propuesta renovadora. Ser más humano, ser más bueno, "sólo por hoy".

Ese fue el secreto de la renovada vitalidad de la primavera de la Iglesia.Los inviernos pueden ser largos y duros pero el sueño de la primaveraestará siempre vivo en el corazón de los que confían en el Señor.

Quinto Regazzoni