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RECORDANDO A DOM HELDER CÁMARA Y AL PADRE OBISPO JORGE NOVAK Nostalgia de profetas En el mes de agosto celebramos los
25 años de la muerte del obispo Enrique
Angelelli, los dos años de la muerte de ese gran obispo brasileño
que fue Helder Cámara (27 de agosto), pero también
se nos ha quedado en el alma el recuerdo inolvidable de nuestro padre
obispo Jorge Novak (ver Umbrales
n. 120). No es normal que con términos tan elogiativos se destaque en
la prensa nacional la figura de un obispo ante su muerte, como ha sucedido
en el caso del obispo Jorge Novak de Quilmes. Se había caracterizado
por una defensa audaz de los derechos humanos, sobre todo durante la
dictadura, por su opción preferencial por los pobres, por su inquietud
ecuménica y por su acción misionera. En este tiempo las comunidades cristianas
han reflexionado sobre su extraordinario
testamento. Novak empieza dando gracias al Señor de la Vida por
haberle dado la posibilidad de superar esa dolorosa enfermedad que lo
había llevado a la parálisis y poder seguir así en su servicio pastoral
por varios años; hace una profesión de fe en Cristo y en la Iglesia,
pide perdón y declara "morir pobre por la gracia de Dios"
disponiendo que "lo que quede de dinero de uso personal y de ropa
sea distribuido a los pobres a través de Cáritas". Pide además
que, de ser posible, sus restos sean inhumados en el cementerio de Quilmes
entre los demás sepulcros de la forma más sencilla y que en la Misa
de despedida el ataúd sea colocado sobre el suelo. Pero lo más notable del testamento
es cuando el obispo se adhiere a los compromisos de la Iglesia latinoamericana
y declara "brindar su vida para que cada vez más se realice en
ella su opción preferencial por los pobres iluminada por la teología
de la liberación, alentada por el Papa y vivida de modo ejemplar en
las comunidades eclesiales de base." Y más adelante pide perdón
a los que "en situación extrema de angustia esperaban justificadamente
mi anuncio profético, mi presencia amiga, mi participación valiente
y servicial" y a los que creyeron que "yo no promovía cabalmente
las causas que angustian, conmueven y comprometen hoy al hombre: la
verdad, la justicia y la paz". El obispo especifica cuales son
estas "situaciones extremas de angustia" a las que hace referencia:
familiares de desaparecidos, desocupados, sin techo, villeros, niños
abandonados, jóvenes drogadictos, ancianos desesperados... Novak en
realidad fue la voz de todas aquellas personas. Frente a la actual crisis
del país había advertido recientemente: "la sociedad democrática
no debe esperar a que aparezcan estallidos sociales para hacer justicia
a los trabajadores y a los más humildes". Y se quejaba: "En
nuestras comunidades cristianas cuesta captar en todas sus dimensiones
lo que es justicia social y derechos humanos". Extrañamos a estos profetas. Se tiene la impresión a veces de que ciertas parroquias
viven sus liturgias como fuera del tiempo, desconociendo los problemas
sociales, políticos y culturales, olvidando la Doctrina Social de la
Iglesia que según enseña Juan Pablo II debería transmitirse hasta en
la catequesis de los niños; no se disciernen los signos del Reino en
todo lo que se refiere a la temática de los pobres, los derechos humanos,
el ecumenismo, la paz. Es verdad que hay cristianos cada vez más comprometidos
con el Evangelio. Pero seguimos sintiendo nostalgia de profetas que
en una época difícil, nos ayuden a discernir lo que está germinando
o a punto de morir, lo que no tiene ya futuro y lo que abre espacio
a la esperanza. P. C. |
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