Autenticidades en "Pan y Tulipanes"

Pan y tulipanes (Pane e Tulipani)
Italia-Suiza 2000.
Género: comedia romántica.
Duración: 114 minutos.
Dirección: Silvio Soldini.
Con: Licia Maglietta (Rosalba) y Bruno Ganz (Fernando).

Apróntese a ver un muy agradable film, una comedia que pregunta y denuncia solapadamente, que subraya autenticidades.

La vida de Rosalba no es para nada espectacular. Esta eficiente ama de casa es olvidada en medio de una excursión que disfrutaba junto a su esposo y a sus dos hijos. Mientras espera que la recojan, decide marcharse a Venecia, un lugar que quería conocer. Y se marcha, sin más.

Al acabársele el poco dinero que llevaba, consigue alojamiento en la casa de un mesero y trabajo en una florería.

Los días van pasando. Su marido troglodita busca por todos los medios dar con ella, enviando incluso a un inefable detective. Su anfitrión, Fernando, tiene sus problemas y secretos, tantos que desea quitarse la vida. La presencia, al principio transitoria, de Rosalba hace que retrase el trago amargo.

El asunto es que lo transitorio, las andanzas de Rosalba escapada, se va convirtiendo en permanente. Los sentimientos empiezan a florecer, la nueva vida a alegrarla, pero ¿y los suyos?

Finalmente regresa a su hogar, y se encuentra con que nada ha cambiado, que ha sido sustituida por eficientes máquinas y servicios pagos. ¿Quedarse? Esa es la pregunta. La respuesta se la puede dar sólo Fernando, y ella.

El sugerente título, Pan y tulipanes, reformula aquel adormecedor "Pan y circo". Rosalba no busca distracción ni evasiones, busca autenticidad. El pan lo tenía, debe ahora buscarlo nuevamente, pero no hay dificultad. De lo que sí carecía era de tulipanes, de flores que alegraran su vida. En su furtivo viaje las fue encontrando, y se fue transformando, también, en alegría para otros.

Por detrás de la aparente irresponsabilidad, incluso del separarse de marido e hijos, se esconde algo genuino: su búsqueda y su encuentro.

La obra deja entrever esa gran pregunta, humana, seria, de qué estamos haciendo con la vida. Cuestión especialmente acuciante en la mitad de la vida, como está Rosalba. La respuesta viene dada por lo hecho, pero también, y aquí está la propuesta del film, por lo que se deja florecer.

El pasado se marchita ante las bondades del futuro.

¿Salida adolescente? No necesariamente. Nunca es tarde para buscar, ni nunca es tarde para encontrar.

Otra sutil denuncia aflora: el olvido y la desconsideración por "el ama de casa", por aquella que dedica su vida a su familia y al hogar. Sin llamar a la rebelión, la película desnuda una realidad.

Una última flor tiene que ver con la conjunción entre lo previsible y lo impredecible. ¿Se imaginaba la dulce "casalinga" lo que iba a vivir? ¿Se le había ocurrido al "suicidando" lo que le vendría? Ni en sueños, y sin embargo, sucedió. ¿Fortuna? ¿Casualidad? ¿Providencia? Tal vez.

Lo que sí tenían era el soporte, la "pasta", porque lo genuino busca lo genuino. No siempre lo encuentra. Pero esa es otra historia.

Esta deliciosa comedia sobresale en todas sus facetas, especialmente en las actuaciones. Bruno Ganz, el de "El cielo sobre Berlín" de Wenders y de "La eternidad y un día" de Angelopoulos, calza a la perfección en la figura del taciturno y sensible Fernando. Licia Maglietta interpreta formidablemente a la cándida y sufrida Rosalba.

Alejandro Ferrari