Estables como la Roca

 

El simbolismo de la Roca conlleva dos aspectos esenciales: la solidez y la inmovilidad. Construir una casa sobre roca o establecer una ciudad sobre roca ofrece una imagen de solidez y resistencia. Una roca dura, compacta y escarpada es buena defensa. Esa solidez es su fuerza. Mirando las colinas y campos empedrados que conforman su paisaje, el hombre de la Biblia reconoce humildemente su debilidad y sabe que sólo Dios posee la fuerza.

"¿Quién es esa roca, sino nuestro Dios?" (Sal 18,2).

Esa roca es tan sólida, que el poder humano, los presuntuosos imperios y los grandes de este mundo no pueden ir contra su presencia. El sueño que tuvo Nabucodonosor, de una estatua pulverizada por una roca, aquel célebre coloso de pies de arcilla y la interpretación dada por Daniel lo ilustran (cf. Dn 2).

Todo en este mundo está en movimiento, todo pasa, todo se desvanece, pero Dios permanece. En medio de un mundo de realidades que pasan, el ser humano tiene como meta buscar un cimiento donde establecerse y donde apoyarse sin temor. Debe dedicarse a construir su propia vida sobre roca, con el fin de que toda la casa se beneficie de la fuerza de sus cimientos.

A través de la parábola de las dos casas, Jesús expresa esta recomendación:

"Todo hombre que escucha mis palabras y las pone en práctica, puede compararse al hombre precavido que construye su casa sobre la roca" (Mt 7,24).

Pero más que su dureza, la inmovilidad de la Roca simboliza de manera muy expresiva la naturaleza de Dios. Dios no cambia, no es indeciso ni se somete a los azares del tiempo; él es el Ser fiel por excelencia.

La fuerza de la palabra de Dios reside también en su inmovilidad. "No desaparecerá ni una i ni una coma de la Ley, antes que desaparezcan el cielo y la tierra, hasta que todo se realice" (Mt 5,18). "El cielo y la tierra pasarán pero mis palabras no pasarán" (Lc 21,33).

A pesar de su inestabilidad, precariedad y finitud, el hombre encuentra lo que le falta en Dios, por eso puede actuar conforme a su vocación original. Esa roca es manantial de vida, como lo atestigua el episodio de Meribá en el libro de los Números (Núm 20,1-13).

"Moisés levantó la mano; con su bastón, golpeó la roca dos veces. El agua brotó abundantemente y bebió la comunidad y sus rebaños" (Núm 20,11).

El Salmo 94 festeja el acontecimiento diciendo:

"Vengan, gritemos de alegría hacia el Señor, aclamemos a la roca que nos salva" .

Los rabinos cuestionan: ¿Por qué Moisés golpeó la roca dos veces? ¿Por qué no fue suficiente el primer golpe? Uno de ellos desarrolla un comentario de gran riqueza, según el cual Moisés golpeó la primera vez encolerizado contra el pueblo y la segunda por obedecer a Dios. El agua habría brotado al primer golpe y al segundo la sangre; mostrando así hasta qué punto la rebeldía de Israel lastimaba el corazón de Dios. Aquí se presenta un paralelo con la Crucifixión.

"Uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza y enseguida brotó sangre y agua" (Jn 19,34).

San Pablo identifica a esa roca de la salvación con Cristo. Un Midrash clásico le inspiró sin duda esta semejanza. Cuentan que los hebreos llevaban consigo una roca durante sus traslados por el desierto y ésta tenía un lugar especial en la Tienda del Encuentro al hacer un alto en el camino. Era suficiente solicitar agua para que brotara de la roca. Esa roca ambulante era Dios mismo, presente en medio de su pueblo, desposado en su condición y procurándole la salvación.

"Todos comieron de la misma comida y bebieron la misma bebida espiritual, ya que bebían de una roca espiritual que los acompañaba; y esa roca era Cristo" (1Cor 10,3-4).

El símbolo de la roca se transmite así en la Primera, y en la Nueva Alianza. La imagen del Dios de Israel se transforma en la imagen de Jesucristo. Pero también los apóstoles, y  todos los miembros de la Iglesia, son llamados a ser los cooperadores de la Salvación, por eso son herederos de este símbolo. Simón Pedro es el primer depositario al ser colocado a la cabeza de la Iglesia:

"Y yo te lo digo: Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia" (Mt 16,18).

Tal como la roca en el desierto y el corazón traspasado de Jesús, la Iglesia apacigua la sed y da nueva vida con los ríos de agua viva que brotan de su seno."El poder de la muerte no tendrá suficiente fuerza contra ella" (Mt 16,18).

Pero la roca de la Salvación puede convertirse para algunos en obstáculo infranqueable.

"He aquí que pongo en Sión, piedra de tropiezo y roca de escándalo; mas el que crea en Él, no será confundido" (Is 8,14 y Rm 9,33). "La piedra que los constructores desecharon se ha convertido en piedra angular" (Sal 118,22) sobre la que se sostiene el edificio.

Los incrédulos "tropiezan en ella porque no creen en la palabra" (1Pe 2,7). En efecto, la roca no libera a pesar de sus beneficios, si el hombre por su libre adhesión a la fe, no adhiere al proyecto de salvación propuesto por Dios.

 

 

DUROS COMO LA ROCA

Valores a descubrir: dureza, permeabilidad, fuerza, búsqueda, superación, riesgo.

La roca indica dureza y consistencia. Y los humanos construyen sobre roca, se entrenan para ser duros como la roca, para no desmoronarse con el tiempo, la rutina o la dificultad. Pero nunca se puede estar seguro de la solidez y dureza.

Alrededor de las rocas suele haber más hierba. Y no es raro encontrar algún manantial que brote en ellas. Ni tampoco descubrir pequeñas cuevas, madrigueras o refugios de animales.

Algunas rocas tienen un encanto especial. Algunas lucen en su parte superior plantas o yuyos. Otras se revisten de musgo o de hiedra, que son la delicia de los pájaros.

Y si hablamos de figuras... no pocas veces son conocidas por su parecido con algún animal: el león, la oveja, el perro, como en las cuevas con estalactitas y estalagmitas.  

Ahora, con las técnicas modernas, el hombre perfora las enormes rocas y peñones para hacer túneles y refugios, para colocar turbinas, almacenar armas o construir cementerios nucleares.

Los recientes atentados terroristas de Nueva York y de Washington estremecieron al mundo. El corazón de piedra de los que sacrifican tantas víctimas inocentes, nos interpela a todos. ¿También nosotros tenemos ese corazón duro?

La respuesta de odio y venganza es sólo un ulterior endurecimiento del corazón; por el contrario, la respuesta de paz y de no violencia activa puede agrietar el más duro pedernal de odio y sembrar esperanza para un futuro mejor.

 

Actividades

1. Leer los textos y comentar lo que más les ha llamado la atención.

2. ¿Qué similitudes podemos establecer entre la roca y la vida? Comentarlo en grupo.

3. Elegir los tres valores sobre los que construir una sociedad sólidamente humana. Señalar algunos medios a nuestro alcance para lograrlos o potenciarlos.