Padre-obispo Marcelo Palentini

"Es urgente emprender un camino de formación política"

Umbrales conversó con el padre obispo Marcelo Palentini, de Jujuy, sobre la participación del cristiano laico en la acción social y política, no sólo en ocasión del voto sino en la vida y actividad diarias.

• ¿Cómo vive la Iglesia la situación actual de Argentina?

- Para Dios no hay ricos ni pobres porque para Él todos son hijos suyos. Si las decisiones del ministro de economía se tomaran pensando que todos somos hijos de Dios, serían seguramente distintas. Si los jueces pensaran que también los demás son iguales a ellos no dirían: "¡No toquen mi sueldo; que el ajuste lo paguen los jubilados!". Como Iglesia hoy estamos llamados como nunca a ser una Iglesia servidora, con el delantal puesto. Y a ser artífices de esperanza. Me resuena al oído una frase de Enrique Angelelli, válida hoy también: "Creo y estoy convencido que aunque tengamos que sufrir, los tiempos en que vivimos están cargados de esperanza y de cambios cada vez más profundos a los que todos aspiramos y en los cuales estamos llamados a ser actores y no espectadores miedosos". Tenemos que aprovechar este momento histórico en el que Dios nos ha puesto, dando nuestro aporte desde la fe, no añorando épocas pasadas y tratando de construir algo nuevo, ahora. No tenemos que renegar de la época en que vivimos y por el contrario jugarnos por entero, antes que nada con nuestro testimonio. Pablo VI decía que el hombre de hoy necesita más testimonios que palabras; el discurso sirve si es acompañado por el testimonio.

 

­• ¿Qué se espera de los cristianos laicos hoy?

- Ser laico no es un descarte (antes se decía: "es el no cura, el no religioso..."); es una vocación como la del sacerdote o del religioso, con la misión específica de buscar el Reino de Dios tratando las realidades materiales y ordenándolas según Dios. Es cierto que los que deciden el futuro hoy son los grandes poderes financieros internacionales que nos tienen atados con una deuda externa cada vez mayor. Se trata de una verdadera dictadura financiera. En Argentina, después del blindaje y de los arreglos con el Fondo Monetario Internacional, el riesgo país se fue de 900 a 1.600; éste fue el salvataje que nos dieron. Pero también hay en el país un grave deterioro de la moral social y una situación de inequidad, consecuencia de una corrupción generalizada. Los laicos cristianos están llamados a iluminar la realidad política con el Evangelio y la Doctrina Social de la Iglesia para que los políticos se pongan realmente al servicio de la comunidad y sean agentes de transformación de la sociedad. Pero de hecho, ¿desde la Iglesia se forman políticos, economistas, gremialistas y se apoya a los que se juegan en esos campos? En Jujuy hemos puesto como sucursal de la Universidad Angelelli de Córdoba una carrera para que se formen políticos para la provincia y los municipios. Hay una responsabilidad de la Iglesia. Cambiar la realidad con criterios y valores cristianos implica unirnos, formarnos y capacitarnos, constituir en las parroquias equipos de Pastoral Social (que no es lo mismo que Cáritas), apoyar desde la fe a los que se juegan.

El caso de Elisa Carrió es emblemático. Sería una alegría para muchísima gente que ella fracasara y que se pudiera decir que no hay corrupción en Argentina, que todo era una fantasía. Nos duele y nos cuesta abrir los ojos, hacer denuncias, destapar la mentira e investigar la verdad; deberíamos por lo menos, si nos falta coraje, apoyar a los que lo tienen. Se precisa emprender cuanto antes en nuestras diócesis y parroquias un camino de formación política desde la fe por parte de todos los cristianos, entendiendo la política como la búsqueda del bien común.

 

• ¿Qué pasos concretos hay que dar en este compromiso a nivel social y político?

- Antes que nada hay que creer en nosotros mismos, no dejarnos usar y convencernos que juntos podemos, superando el miedo. Hay que unirse e integrarse a grupos y organizaciones o movimientos sociales, centros vecinales, instituciones intermedias y desde allí dar nuestro aporte como cristianos, animados por el Espíritu y no por el interés. También es necesario meterse en la política propiamente dicha. Algunos dicen: "la política es sucia"... Yo contesto con lo que me dijo alguien en un pueblito del Chaco: "Los cristianos debemos ser como el jabón". El jabón se mete en la mugre y no pierde el poder de limpiar aunque esté rodeado de mugre. Hay que meterse adentro para limpiar lo que es sucio y hacerlo todo mejor. Finalmente hay que saber hacer una lectura de los signos de los tiempos, hacer un discernimiento de las potencialidades que tiene nuestro pueblo, tener una actitud de crítica y autocrítica. Digo "autocrítica" porque nosotros tenemos el 90% de la deuda externa en capital argentino puesto en bancos internacionales; hace falta que esos capitales argentinos vuelvan, antes que nada. Ya han vendido todo con las privatizaciones: ¿y dónde está el fruto de esas privatizaciones? ¿Qué ganancia le ha llegado al pueblo? Hagamos transparencia, sepamos lo que pasó y lo que no pasó. Aunque no tengamos todas las recetas en las manos, es importante hacer un camino de conciencia para un proyecto alternativo de sociedad. ¿Estamos trabajando con visión de futuro, con un proyecto de país o simplemente llenando baches y apagando incendios? Para eso es fundamental que el pueblo se una, se organice, empezando por integrar las redes solidarias que aseguran a los más pobres la sobrevivencia, pero sin quedarse con eso solamente. Aun a nivel de los grandes problemas de fondo, es impostergable unirse. En la historia los que pensaban ser invencibles, también han caído (no hay que olvidar lo de David que, gracias a su confianza en Dios y a su puntería derribó al gigante Goliat). Los poderes financieros parecen invencibles en este momento. Pero si todos los pueblos de América Latina se decidieran a no pagar la deuda externa, las cosas cambiarían...

 

• ¿Cuáles son los niveles de participación política que se le pide a un cristiano?

- Se trata de ser agentes activos y responsables, no ejecutores de decisiones ajenas. Se trata de conocer a los políticos antes de votarlos; hay que conocer su programa, su trayectoria... Los obispos han pedido inclusive "algo inédito" a todos para superar la actual crisis, un esfuerzo y una participación fuera de lo normal. Yo me temo que los cristianos que van a la Iglesia le escapan a la política. Rezamos muchas oraciones y levantamos las manos al cielo pero después no sé si las bajamos para atender a estos problemas o nos gana el "no te metas". Nos dice el último documento de la Comisión Permanente del episcopado ("Queremos ser Nación") que "no podemos ser peregrinos del Cielo si vivimos como fugitivos de la ciudad terrena". El Papa está por beatificar a un político italiano que fue intendente de la ciudad de Florencia, Giorgio La Pira; se dedicó totalmente a la política y encontró allí su santidad (como De Gasperi, Shuman, Sturzo y otros). Lo específico de la misión del laico no es trabajar en parroquia sino encontrar su camino de santidad y de evangelización en el mundo y en las actividades temporales, inclusive políticas.

Hablando de participación política, antes que nada hay que adquirir los conocimientos necesarios para opinar, tener una actitud crítica y buscar soluciones. Hay que votar con libertad y siguiendo cada uno su propia conciencia después de haberse informado seriamente; no se puede decir: "siempre fui de tal partido" o "toda mi familia es de ese partido", porque las cosas van cambiando y el voto es personal. El que no vota o vota en blanco, vota en realidad para el que gana. Hace un tiempo, en Jujuy la mayor parte de los votos fue en blanco, pero no sirvió para nada y ganó el candidato que no se quería. A veces nos cansamos de buscar alternativas, propuestas nuevas y nos resignamos. Pero, en esto, la resignación no es cristiana. Hay que participar, aunque nos equivoquemos; el error realmente grave es no participar.

La formación a una crítica constructiva no es lo más fácil pero sí lo más necesario. Eso implica tomar distancia de la realidad para analizarla objetivamente, buscar las causas, no tragarse los sapos y preguntarse qué hay detrás de cada cosa. La desocupación y la creciente falta de trabajo constituyen hoy un drama que puede llevar a un conflicto social de muy graves consecuencias. Lo de los piqueteros es lo de menos. Los piqueteros te pueden molestar en la ruta pero el verdadero drama lo viven ellos, cuando llegan a su casa y se encuentran con que les falta la comida a los hijos, no pueden pagar los impuestos, los remedios... Si a este drama no se le da una solución con el aporte y el sacrificio de todos (en especial de los que más pueden) y se profundiza y generaliza, tiempos oscuros han de venir. El documento "Queremos ser Nación" habla de "una situación que amenaza derivar en una anarquía social de imprevisibles consecuencias".

 

• ¿Qué lugar tiene en todo esto la Doctrina Social de la Iglesia?

- Una de las cosas que se han propuesto en la Conferencia Episcopal y se repropondrá en las Nuevas Líneas Pastorales es la enseñanza de la Doctrina Social de la Iglesia en parroquias, colegios, etc., partiendo de la misma Catequesis, sobre todo de Confirmación. Debe ser uno de los temas a tratar necesariamente. Para eso se está preparando un Catecismo de la Doctrina Social de la Iglesia, que será punto de partida y de referencia común. A mí me han preguntado los periodistas y muchos otros sobre el por qué de mi compromiso social y les he contestado que he sido educado desde chico en la espiritualidad dehoniana, que tiene el 50% de las raíces puestas en la Doctrina Social de la Iglesia (el venerable p. León Dehon fue un predicador insigne de la "Rerum Novarum" en tiempos de León XIII). Esta espiritualidad no es una camiseta que uno se saca cuando lo hacen obispo. Lo que enseñó hace 100 años el p. Dehon, la Iglesia lo sigue enseñando ahora: la Doctrina Social de la Iglesia debe ser parte esencial de la vida y la predicación del cristiano, cura o laico. Esta doctrina nos ayudará a descubrir lo que es el pecado social, la opción preferencial por los pobres y nos ayudará a detectar la micro-corrupción que también existe entre nosotros. El mundo cambia si empezamos a cambiar nosotros. Nos concientizamos y nos convertimos a la Enseñanza Social de la Iglesia para poder ser protagonistas y agentes de transformación de la sociedad para que sea más justa, fraterna e impregnada de valores evangélicos, a través de la unión y de la acción.

Primo Corbelli