Romper la cadena de la violencia

La barbarie de los atentados del 11 de setiembre llegó una vez
más a confirmar la perversa lógica de la cadena de la violencia,
el odio que engendra odio, y que a su vez engendra más odio...
Invocando la lucha entre el bien y el mal, siguen
los de una y otra parte sacrificando miles de inocentes.
Gandhi decía que ningún fin bueno podía justificarse con la cadena
de violencia: "Hacer el mal para conseguir el bien sería como
recurrir a la ayuda de Satanás para llegar hasta Dios".
¿Hasta cuándo veremos morir inocentes, que a su vez son pretexto
para matar otros inocentes, mientras que los poderosos
se apoyan entre ellos para justificar una "guerra justa"?
Ninguna guerra es justa. Ninguna violencia es tolerable.
Ninguna vida humana se puede perder, menos todavía
para garantizar el poderío de unos pocos.
La no-violencia, la solidaridad, el compromiso personal
y cotidiano por la justicia y la paz
son las únicas armas
de los pobres de la tierra contra los "fanáticos terroristas"
y contra los "señores de la guerra", que con cálculo cínico y despiadado
inventan una guerra tras otra, para reafirmar su señorío
y de paso sustentar su lucrativa industria de las armas.
Si todo esto es una postura que debemos compartir con todas las
personas de cualquier raza o credo, desde nuestra fe cristiana el
compromiso por la paz y la no violencia es incuestionable.
Es verdad que hubo tiempos oscuros en los que se justificó el mal
para supuestos fines buenos, pero la historia ha enseñado
repetidamente que esta práctica es desastrosa.
Se justificaron las "guerras justas" y las "cruzadas", pero hoy
al reconocer esos errores de toda una sociedad en el pasado,
más firmemente aún nos comprometemos
a no repetir lo mismo o algo tremendamente peor.
Con orgullo y con acentos heroicos se anunció esta primera guerra
del siglo 21, pero sabemos que será una "in-justicia infinita";
una victoria para nadie y una derrota para todos.
Sólo el amor vence al odio y sólo la no violencia vence la violencia.
"Mostrar la otra cara" no significa plegarse a la maldad
como gente ingenua o boba. Mostrar la otra cara a la violencia,
significa descubrir los caminos de la no violencia activa.
Con inteligencia y astucia, con la cooperación solidaria
y la fuerza de la unidad podemos derrotar la violencia.
Podemos derrotar el terrorismo de los fanáticos
y el terrorismo de Estado de los halcones de la guerra.
Juan Pablo II en su mensaje el día después de los atentados decía:
"Los caminos de la violencia nunca pueden llevar a auténticas
soluciones de los problemas de la humanidad".

Hay que romper entonces esta cadena de violencia.
Cada uno empezando desde su propia experiencia personal
y desde su importantísimo y único lugar de existencia.