"Sagrada Familia"  de Rafael Barradas

(Pintor uruguayo 1890-1929)

La obra

La "Sagrada Familia" pertenece a la serie de sus últimos óleos sobre temas religiosos. El joven maestro uruguayo ya sufría el peso de su enfermedad (tisis) que lo llevaría a una muerte prematura a los 39 años. Los tonos de esta obras (40 x 55 cm.) son sobrios, algo oscuros y pacatos pero la mística que revelan es fuerte y consistente como las figuras representadas: el niño Jesús, María y José. Es una pintura concentrada y densa cargada de un misticismo que prefigura la muerte. Pensativa y serena, la figura arrodillada de José parece meditar el abrazo cerrado de María, también de rodillas, cobijados en la gruta de Belén apenas marcada por la línea curva de los ángulos superiores del cuadro. Casi inadvertidos, como dos manchas de color gris y marrón están el asno y el buey del pesebre con sus ojos atentos, como de testigos importantes. El niño Jesús al centro de la tela abre sus brazos como en cruz pero también como gesto de acogida y de esperanza.

En los personajes de Barradas el juego de las manos es uno de los elementos que revelan una búsqueda de interioridad: la mano blanca y acogedora de la Madre que sostiene al recién nacido, y su mano derecha que con cierta aprensión aprieta al niño contra su pecho, revelan los sentimientos maternales. Las manos gruesas y oscuras de José manifiestan su humilde veneración al contemplar la escena. Las aureolas de los tres personajes, con distinto tono de luz revelan la sacralidad de la escena, especialmente la aureola de Jesús que brilla como unaa luz reflejada en el velo de María y en el pelo canoso de José.

El autor

Rafael Barradas nació en Montevideo en 1890. Entre los 20 y 23 años se incorpora activamente a la bohemia intelectual y artística de Montevideo. Se dedica al dibujo humorístico y a las  caricaturas, muy criticadas por la prensa de la época. Funda un periódico titulado "El Monigote". A fines de 1913 emprende un viaje a Europa y después de pasar brevemente por alguna ciudad italiana se establece en Barcelona... Se casa con una campesina aragonesa, Simona Láinez (Pilar). En 1917, expone, junto a Torres García, en Barcelona. En 1920 se radica en Madrid y en 1924 al manifestarse los primeros síntomas de su tisis busca descanso en Lugo y luego en Hospitalet, cerca de Barcelona. Allí funda su "Ataneíllo", donde se dan cita importantes figuras de la intelectualidad catalana. A fines de 1928, ya muy enfermo regresa a Montevideo, y aquí muere dos meses y medio después, el 12 de febrero de 1929.

La técnica y el color

Los tonos del color y los rasgos son esenciales, porque, como en los "Magníficos" (una serie de solemnes figuras de las clases populares: Mecánico, Constructor, Obrero, Molinero...), Barradas busca el retrato interior. Ya enfermo de tisis y de regreso a Montevideo Barradas escribe: "Sueño con un arte popular nuestro, y utilizaré, para realizarlo, todos mis medios de pintar moderno". Este sueño ya se encuentra realizado en las obras de los últimos años y en particular en esta obra religiosa en la que el sentido "popular" se une a una técnica que excluye el sentimentalismo y la forma rebuscada. Él rescata este tema sagrado del tradicionalismo y lo devuelve libre de todo convencionalismo a la modernidad.

El mensaje

Con tanta esencialidad este pesebre refleja seguramente el espíritu de la Navidad cristiana que, ante que brillos de oro y chirimbolos, es pobreza, humildad, acogida y paz. 

El brillante artista se encuentra enfermo y prefigurando la muerte. Busca una pintura "sin sentimentalismo ni poetismo" pero anhela descubrir lo trascendente, escondido atrás de la dura realidad cotidiana.  El mensaje de esta "Sagrada Familia" es de una profundidad sorprendente. Hasta el buey y el asno parecen interpelarnos y hacen de marco a este frágil Niño que en los brazos de su Madre resplandece e inunda de luz la pobreza del portal y la humildad de su familia. "Cristo Jesús, que era de condición divina... se anonadó a sí mismo tomando la condición de servidor y haciéndose semejante a los hombres." (Fil 2,6-7).                                     Quinto Regazzoni