La visita de los obispos al Papa
Durante su visita ad limina,
el 6 de setiembre pasado los obispos uruguayos
celebraron la Misa con Juan Pablo II, seguida de una audiencia
en la que el Papa dirigió un mensaje a los obispos. "La Iglesia
uruguaya ha dado un gran aporte a la construcción del país",
dijo Juan Pablo II y destacó la labor en la atención a quienes "viven
en condiciones muy por debajo del mínimo requerido por la dignidad
humana y en la lucha contra las nuevas pobrezas".
Luego de celebrar la Eucaristía junto
a los nueve obispos de Uruguay en la capilla privada de la Villa Papal
(en Castelgandolfo), Juan Pablo II escuchó el discurso que el presidente
de la Conferencia Episcopal Uruguaya, Carlos
Collazzi pronunció en nombre de todo el episcopado.
Luego el Papa dirigió su saludo a
los obispos. Comenzó recordando la peregrinación uruguaya a Roma del
año 2000, en el aniversario del fallecimiento de mons.
Jacinto Vera y el IV Congreso Eucarístico del Uruguay: "éste
ha sido un momento especial de gracia, que debe seguir animando a
los fieles católicos a vivir más intensamente la Eucaristía, participando
activamente de la Eucaristía dominical", dijo Juan Pablo II.
Refiriéndose a la presencia de los cristianos en la sociedad uruguaya
también señaló que "la Iglesia en el Uruguay ha dado un gran
aporte a la construcción del país. En efecto, los cristianos han colaborado
en muchos ámbitos de la vida nacional. En este substrato cultural
católico se formaron los forjadores de la nueva nación, los cuales
dieron bases firmes a la cultura patria".
Luego el Papa dirigió su palabra a
los sacerdotes, los religiosos y los candidatos al sacerdocio, señalando
la importancia de ayudar a
los cristianos a asumir con responsabilidad y conciencia la vida de
fe. Instó a los obispos a darle a los sacerdotes "todas las
atenciones y cuidados que Jesús daba a sus apóstoles".
El Papa dirigió su atención también
a la familia, señalando
el necesario discernimiento pastoral sobre las formas alternativas
de unión que hoy afectan a la institución de la familia en el Uruguay,
especialmente aquellas que consideran como realidad familiar simples
uniones de hecho, desconociendo el auténtico concepto de amor conyugal.
Y sobre esto recordó sus palabras a los políticos de todo el mundo
reunidos en Roma en noviembre del 2000: "toda ley que perjudique
a la familia y atente contra su unidad e indisolubilidad, o bien otorgue
validez legal a uniones entre personas que pretendan suplantar a la
familia basada en el matrimonio entre hombre y mujer, no es una ley
conforme al designio divino."
Juan Pablo II señaló la urgencia de
organizar una pastoral de las
vocaciones "amplia y capilar que llegue a las parroquias,
a los centros educativos y familias, suscitando una reflexión atenta
sobre los valores esenciales de la vida" (Novo
millennio ineunte, n. 46).
Luego señaló: "Ante los graves
problemas tan comunes de orden social, la Iglesia, siguiendo su doctrina
social, trata de dar respuesta y de buscar soluciones concretas. A
través de la Pastoral Social trata de promover
la cultura de la solidaridad, manteniendo la opción preferencial por
los pobres con la práctica de un amor activo y concreto hacia
cada ser humano, frente a toda tentación de indiferencia o inhibición...
Sé que la Iglesia en el Uruguay, a pesar de los limitados recursos
materiales está en primera fila en la atención a las personas o familias que viven en
condiciones muy por debajo del mínimo requerido por la dignidad humana
y en la lucha contra las nuevas pobrezas. La Iglesia se hace presente
en los barrios marginados de las ciudades y en el campo, a través
de escuelas y de tantas formas de ayuda a los más pobres y necesitados...
Inviten a todos a remar mar adentro en el servicio a la Iglesia y
al pueblo uruguayo, sin desfallecer y siendo fieles a Cristo y a los
hermanos", concluyó el Papa.