"Queremos ser Nación"

En su tercera declaración del mismo tono en nueve meses, la Iglesia, por medio de la Comisión Permanente del Episcopado, señaló el peligro de una "anarquía social de consecuencias imprevisibles" en el país. La Iglesia se ha ofrecido oficialmente como "ámbito de diálogo multisectorial" en vista de una salida concertada a la crisis.

En un breve y claro documento de similares características que los anteriores, la Comisión Permanente del Episcopado declaró que "la crisis actual no es coyuntural sino histórica y supone un largo proceso de deterioro de nuestra moral social, la cual es como la médula de la Nación que hoy corre el peligro de quedar paralizada". Los obispos atribuyen "en gran medida" esta crisis a que "no hemos elaborado todavía la crítica a esta doble ideología: antes, el endiosamiento del Estado y ahora, el envilecimiento del Estado". Cuestionan el modo en que se hicieron las privatizaciones bajo el gobierno anterior porque "no se organizó previamente una red adecuada de contención social, dando así lugar a la marginación y exclusión creciente... Se vendieron las empresas del Estado, pero sin un designio racional del mismo; no se tuvo suficientemente en cuenta que éste es un instrumento creado para servir el bien común, y para ser el garante de la equidad y de la solidaridad del entramado social".

Los obispos también señalan otras enfermedades públicas: "la evasión de los impuestos, el despilfarro de los dineros del Estado que son dineros sudados por el pueblo..., la muy pesada deuda externa, que aumenta cada día más y nos dificulta crecer". Quizás lo más novedoso del documento sea la autocrítica a nivel de cristianos en general ("siendo tan numerosos, debemos concluir que no estamos exentos de responsabilidades en esta crisis; no podemos ser peregrinos del cielo si vivimos como fugitivos de la ciudad terrena") y de pastores en particular ("debemos examinar si en forma suficiente, con la debida pedagogía procuramos que los fieles laicos asuman el estudio de la Doctrina Social de la Iglesia, su difusión y aplicación a la realidad").

El documento termina apelando a la unidad del pueblo argentino, a sus reservas espirituales y confiando de que "acabará imponiendo respeto a las demás naciones para lograr un trato justo".

Por su parte, eel presidente de la República, Fernando de la Rúa, si bien reconoció los aspectos positivos del documento, comentó: "Decir que hay anarquía significa descreer de nuestro propio futuro...; lo que hace falta no es anunciar estallidos sino llamar a la solidaridad de todos para que la justicia nos ilumine".

En sucesivos encuentros con hombres de gobierno, políticos, empresarios y gremialistas, las autoridades de la Iglesia ofrecieron espacios para un diálogo multisectorial alrededor de un proyecto consensuado de país, traducido en políticas de Estado. Se aclaró que la Iglesia no quiere ser mediadora ya que el país tiene sus instituciones democráticas pero que sumará sus esfuerzos para lograr el diálogo y la reconciliación, la promoción de una conciencia cada vez más solidaria y participativa e inclusive, como lo han hecho los obispados de Quilmes y Mercedes-Luján, colaborando con campañas de concientización para combatir el grave pecado de la evasión impositiva.