El Pan de la vida

El trigo era uno de los principales cultivos en el mundo de la Biblia. Con harina de trigo se cocía un pan hasta en el desierto. Cincuenta días después de la Pascua en la fiesta "de las 7 semanas" (Shavuot o Pentecostés) se hacía la fiesta de la cosecha, de la madurez. Después del primer día de Pésaj (Pascua) se cortaban las espigas primerizas, se las ataba y se llevaban al templo. A partir de ese momento se inicia la cuenta que conduce a la fiesta de Pentecostés. Los campos de mies madura simbolizan el bienestar. La cosecha representa la plenitud de los tiempos y el juicio. Las semillas que crecen representan la fuerza de la Palabra de Dios que actúa en nuestra vida. Junto al tema del trigo está obviamente el tema del pan. Encontramos el término "pan" ya desde el tercer capítulo del Génesis: en el relato de la caída. Dios dijo al hombre: "Con fatiga sacarás del suelo el alimento, todos los días de tu vida" , además "ganarás el pan con el sudor de tu frente" (Gén 3, 17 y 19). El ser humano tiene la obligación de alimentarse del fruto de su trabajo. El "pan" se transforma en el símbolo de la labor del hombre, como lo señala la expresión, durante el ofertorio en la liturgia eucarística: "Fruto de la tierra y del trabajo del hombre."

En el Génesis son normalmente los hombres quienes cultivan la tierra y las mujeres quienes hacen el pan. Así vemos a Sara, la esposa de Abrahán, amasar el pan, como todas las mujeres de esta época (Gén 18,6). Poco a poco, el oficio de panadero se desarrolló como lo atestigua el libro del profeta Jeremías (Jer 37,21). El pan, elemento básico de la vida cotidiana, se transforma desde la primera Pascua en soporte esencial de la liturgia. En efecto, antes de huir a Egipto, el pueblo hebreo tomó la previsión de preparar el "pan". Pero los acontecimientos se precipitaron y evitaron que la masa levantara y ese pan no fermentado, ázimo, simbolizará entonces la liberación, la fuerza y la rapidez con la cual Dios libera a su pueblo. El don del maná en el desierto reforzará ese símbolo de la salvación.

De hecho, el "maná" se parece al "pan sin levadura". Nadie sabe qué es, pero "baja del cielo" según la expresión bíblica, reviste un carácter celestial que le valió el nombre de "pan de los ángeles". Es sobre todo un don gratuito que viene de Dios. Refiriéndonos al pan de la huida de Egipto y al maná; la celebración pascual judía (y luego la liturgia cristiana) utiliza el pan sin levadura como uno de los elementos esenciales de la celebración. En el interior del primer Santuario, la Carpa del encuentro en el desierto, aparecen los panes de la ofrenda, sobre una mesa de madera revestida de oro. Eran llamados literalmente los "panes de la cara" porque eran destinados personalmente a Dios. Poco a poco, el pan "ázimo" se percibe como más "puro", más "santo" que el pan habitual. La levadura tiene un sentido positivo de fermento que levanta la masa (Mt 13,33) pero también se desarrolla el símbolo de la levadura como signo de la mentira, de lo viejo, porque la fermentación se hacía con un poco de masa del día anterior que estaba en un proceso de descomposición. "¡Desconfíen de la levadura de los fariseos y de la levadura de Herodes!" (Mc 8,15), recomendó Jesús a sus discípulos. También Pablo retomará este simbolismo negativo de la levadura vieja (1Cor 5,6-8) contrapuesta a los ázimos de la sinceridad y de la verdad.

El "pan" ocupará un lugar privilegiado en las enseñanzas de Jesús. En el evangelio leemos que Jesús multiplica dos veces el pan, dando testimonio a la multitud que lo rodea de que Él es el manantial del verdadero alimento. Esos relatos de milagros se acompañan del célebre discurso del "pan de vida". "No fue Moisés quien les dio el pan del cielo; es mi Padre el que les da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo" (Jn 6,32-33) y también: "Yo soy el Pan de Vida. El que venga a mí, no tendrá hambre" (Jn 6,35).

De esta manera, Jesús proclama que trae la salvación, la verdadera vida en Dios que sacia los corazones. Realmente esta afirmación estaba implícita en el nombre del lugar de su nacimiento: Belén, "casa del pan".

Celebrando la última Pascua antes de su entrega, Jesús concluye esta transfiguración del pan ázimo declarando: "Éste es mi cuerpo entregado por ustedes" (Lc 22,19). La Comunidad cristiana primitiva hará de la Eucaristía el recordatorio y la reactualización de este trozo de pan, de ese cuerpo entregado sobre la cruz, que da la vida al mundo.

La expresión "partan el pan" tan común en los Hechos de los Apóstoles, describe sin duda el momento central de la liturgia de la Iglesia primitiva. Así, ese símbolo, inicialmente relacionado con "la labor", con la aflicción y con la caída del hombre, se transformó a través de la Pascua y la Eucaristía, en signo del Don de Dios, de la Redención, de la vida entregada y de la vida recobrada en plenitud.

 

La espiga dorada

Valores a descubrir: Generosidad, Entrega, Muerte-Vida, Satisfacción, Fuerza.

No se puede sembrar con el puño cerrado. El gesto antiguo de "tirar" los granos de trigo, de perderlos y entregarlos a la tierra, es el gesto de la generosidad de la entrega dolorosa que está cargada de frutos. Y junto al gesto de la siembra generosa, viene la labor paciente del cuidado de la semilla que crece, y luego viene la imagen de la alegre cosecha. Toda una sabiduría popular rodea el ciclo del trigo que se amplía todavía con el ciclo del pan: la dolorosa moledura, el paciente amasar, la espera de la fermentación y la consagración con fuego en el horno para llegar a ser pan fresco y sabroso en la mesa de la fraternidad.

Quien pudo observar alguna vez todo este proceso de vida queda por siempre atrapado por su simbolismo. De la humilde semilla vemos nacer y crecer el tallo verde. Luego contemplamos su maduración hasta verlo convertirse en espiga de oro que ondea satisfecha con el aire suave del verano. ¡Qué hermosos los trigales: ese enorme mar de olas doradas! ¡Qué gusto contemplar tanto grano de trigo junto! ¡Qué elocuente la cara radiante de los agricultores al mirar la abundante cosecha! Todo un rito: limpiar el grano, medir el trigo, meterlo en sacos, llevarlos al molino... Del trigo se hace el pan. Y el pan se hace vida. El alimento del pobre y del rico.

La historia del grano de trigo y la historia del pan son dos historias de vida. Dos grandes enseñanzas universales que hacen descubrir el mecanismo secreto que nos lleva a la plena realización.

 

Preguntas y actividades

1. Leer personalmente el texto y comentar en el grupo la idea que más les llame la atención.

2. La espiga es símbolo de unidad, de fraternidad. ¿Cómo lograr la fraternidad universal? ¿Qué podemos hacer para que desaparezcan las rivalidades entre los pueblos y los individuos?

3. La espiga es el fruto del grano que muere. Buscar testimonios de personas cercanas que entregan diariamente su vida, por la familia, el barrio, los marginados, etc. ¿A qué los invita su testimonio de entrega?

4. ¿Qué significa el pan de la eucaristía? ¿A qué nos compromete el compartir el pan de la eucaristía? Comentarlo en el grupo.