MARÍA ZÁRATE DE TORRES

EN EL 5º ENCUENTRO DE COMUNIDADES DE BASE

Para que no muera la esperanza

María Zárate de Torres, de 41 años, es ama de casa, tiene dos hijos (de 25 y 13 años) y pertenece a la Comunidad del barrio "22 de enero" de Ciudad Evita (Gran Buenos Aires). En un lugar determinado de esa inmensa barriada de La Matanza, Mary nos lleva por caminos de tierra a su casa, humilde pero amplia y acogedora. Ella ha participado en el último Encuentro Nacional de Comunidades Eclesiales de Base y la entrevistamos para "Umbrales".

­• ¿Cómo se desarrolló este Encuentro Nacional de las CEBs?

- Desde el 13 al 16 de setiembre alrededor de 1.300 personas provenientes de todas las diócesis del país nos reunimos en La Rioja para reflexionar sobre proyectos, respuestas nuevas y nuevos desafíos de las CEBs. El lema del encuentro fue: "Desde la fidelidad y el martirio, las CEBs construyen el Reino". Fue el 5º Encuentro Nacional y este año se celebró en La Rioja para recordar al obispo mártir Enrique Angelelli, y más precisamente en El Chamical, el pueblo donde fueron asesinados los mártires p. Carlos Murías y p. Gabriel Longueville durante la dictadura militar. Este encuentro en particular fue fruto de muchos esfuerzos porque nosotros que veníamos de lejos tuvimos que juntar el dinero de a puchitos y los de La Rioja tuvieron que organizarlo todo pidiendo ayuda a las instituciones, a las familias, etc...

 

• ¿Qué tal la hospitalidad riojana?

- Espléndida. A mí y a mis compañeras nos tocó hospedarnos en la casa de una viuda. Llegábamos a la una de la mañana y ella estaba allí esperándonos; a las siete ya estaba levantada esperándonos con el mate caliente. Era muy cariñosa, como toda la gente en general. Nos repartieron en cuatro clubes de El Chamical para las reuniones y cada centro llevaba el nombre de un mártir riojano: Angelelli, Longueville, Murías, Pedernera. Cada diócesis tenía un signo de un color especial; nosotros de La Matanza teníamos un pañuelo amarillo. Fue extraordinario el trabajo de los "servidores", muchachos y muchachas jóvenes que estuvieron todo el tiempo a nuestra disposición. Los grupos estaban formados por 12 personas y a pesar de las distintas proveniencias, encontramos una sintonía hermosa. Había gente que venía también de Centroamérica, Brasil, Bolivia, Paraguay, Uruguay y Chile. También participaron los obispos Fabriciano Sigampa, de La Rioja; Luis Stockler, de Goya y Marcelo Melani, de Viedma.

 

• ¿Cómo fueron las celebraciones?

- El padre obispo Sigampa dijo que el 99% de la predicación la habíamos hecho con signos. Y así fue como cada provincia ofreció en el altar sus inquietudes, sus comidas y productos típicos y también los platos vacíos como Catamarca para significar el hambre y la falta de trabajo, sus santos, su folclore. Misiones llegó trayendo su tierra colorada y una rama de yerba seca; Tucumán presentó un diario mojado con las letras corridas, signo de la confusión, mala información y manipulación de los medios. No faltó la presencia de las imágenes de la Virgen del Valle, de la Virgen de Itatí, de San Nicolás. Extraordinaria fue la "marcha de los mártires" con pancartas y cantos que nos movilizó hacia la catedral y el fogón final lleno de color y entusiasmo.

 

• ¿De qué se habló en los grupos?

- Antes que nada de cómo están hoy las CEBs en la Argentina, cómo se sienten frente a la crisis actual, los problemas internos con los párrocos que muchas veces tienen dificultad en asumir este nuevo modo de ser Iglesia, la solidaridad en lo chiquito y en lo grande, la dificultad para la comunicación y la organización, la necesidad de permanecer siempre aferrados a las bases. Se nos recordó que las CEBs han surgido como respuesta a necesidades concretas de la gente y en torno a la Palabra de Dios. En general, los presentes manifestaron la dificultad de estar en el compromiso concreto con lo cotidiano y al mismo tiempo en la lucha por la transformación de las causas de la injusticia; cuesta discernir qué hacer, sobre todo hoy. Hay tensión a veces entre las CEBs y los pastores de la Iglesia; cuesta superar el clericalismo. La estola del cura no es símbolo del poder sagrado, se nos dijo, sino de la toallita de Jesús lavando los pies en la última cena. También los jóvenes rompen los esquemas y cuesta darles lugar.

 

• ¿Se habló de política?

- Algunos sacerdotes nos ayudaron a profundizar en el tema del neoliberalismo y la globalización desde la Doctrina Social de la Iglesia. Hoy estamos viviendo dentro de un sistema económico neoliberal globalizado, de capitalismo salvaje donde sólo se salvan los más fuertes y los demás quedan excluidos, barridos. Este sistema va a fracasar porque tiene en sí mismo las semillas de su propia muerte: el individualismo, la insolidaridad, el egoísmo. Pero ¿cómo responder ahora a esta realidad? Nos comprometimos como CEBs a la solidaridad, al compromiso con las luchas de nuestro tiempo, a reafirmar la opción por los pobres, a la resistencia, a la unidad... Y en concreto fuimos desgranando las respuestas alternativas que ya se están dando en las distintas comunidades a lo largo y ancho del país: salones comunitarios, comedores, guarderías, talleres de cocina y artesanía, club de trueque, alfabetización de adultos, marchas, movilizaciones y piquetes que son la forma de protestar de los pobres. En Neuquén, las comunidades participaron de la organización de un corte de ruta que fue una pueblada porque había jóvenes, niños, madres, abuelos... y permanecieron en la ruta con nieve y heladas durante ocho días. Los que no estaban en el piquete cocinaban, rezaban, acercaban ropa, calzado, leña, alimentos hasta que, con la intervención de las autoridades de la Iglesia Católica y Evangélica, se pudo llegar a un acuerdo con el gobierno. Frente a los sufrimientos del pueblo, y sobre todo a la falta de trabajo, se ven como fundamentales el protagonismo y la organización de la gente a la hora de construir alternativas, más allá inclusive del partidismo tradicional.

 

• ¿Cuáles fueron en definitiva tus más profundas impresiones?

- Me gustó que era toda gente humilde como nosotros. Me gustó la alegría a pesar de todo, los testimonios, la unión entre tanta gente proveniente de todas partes, la fe en Dios, las Misas y las oraciones, los cantos... todo. Hubo algunos testimonios que me llegaron profundamente como el de una "piquetera" del Chaco de tierra adentro; estaba indignada y le dolía que hubiera gente que no sabe ni leer ni escribir en este país y ella misma explicaba cómo se encargaba de enseñarle a la gente y ayudarla a escribir las cartas; en la Misa ofreció una bandera argentina arrugada, llena de humo y descolorida por el tiempo. Era su homenaje a la patria. O el testimonio de esa joven madre soltera de Usuhaia a la que echaron del colegio y no pudo seguir estudiando; abrió su casa entonces para todas las chicas en esa misma situación para que pudieran enfrentar la vida. En definitiva lo que más me impresionó es el esfuerzo de la Iglesia, de estas comunidades para que la gente no pierda su dignidad. Hoy muchos están desgarrados, heridos. Hay que terminar con la falta de compromiso por parte de los cristianos, para que no muera la esperanza.

 

• ¿Qué compromiso concreto sacaste del Encuentro?

- Alguien dijo que el Encuentro había sido una "cumbre de los pobres" a nivel de Argentina. Para los pobres la Iglesia debería ser efectivamente el rostro de Jesús Resucitado. Si ellos no van a la Iglesia, la Iglesia debe ir a ellos porque ellos son los privilegiados de Jesús. Y la Palabra de Dios debe ser nuestra fuerza. Todos los viernes de noche mi grupo se reúne a pesar del cansancio y meditamos un párrafo o una página de la Biblia a la luz de nuestra vida y compartimos testimonios a veces estremecedores. Alrededor de la Palabra buscamos formar comunidad entre hombres y mujeres, entre familias, entre jóvenes y mayores. Hemos logrado una amistad profunda. Hay parejas que vienen con sus chicos y niños de pecho, como en familia. Se hace la medianoche y la gente demora en irse. Nuestra tarea común es organizar los Encuentros de Evangelización para la gente más pobre de los barrios, villas y asentamientos. Yo empecé a frecuentar la Iglesia a los 30 años; fue el encuentro con estos hermanos y con Jesús lo que me cambió la vida. Yo creo que si queremos llegar a la gente, tenemos que reflejar a Cristo, ser signos de esperanza y llevar alegría porque eso nos da Cristo. Ponerle más fuerza a la oración y unirnos, sin dejarnos engañar por nadie. Como decía Angelelli: "Hay que seguir andando nomás", a pesar de las dificultades e incomprensiones que pueda haber en el camino.

Primo Corbelli