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"Cristo en el garage"
(1981) de Antonio Berni (Pintor argentino, 1905-1981)
La obra
Unos 32 años antes, su tela titulada
El obrero muerto tiene toda
la fuerza lírica y religiosa del Llanto
por Cristo del Mantegna
que debe haber contemplado en su viaje a Italia en 1949. Más allá de
anteriores indicios (no sólo iconográficos) del interés del artista
en el tema religioso, esta obra, y las otras del último año de su vida,
manifiestan su adhesión al gran tema liberador de la cruz.
El autor Antonio Berni nace en Rosario (Santa Fe) el 14 de marzo de 1905. Su padre y su madre, de origen italiano, eran sastre y costurera.
A los 10 años trabaja en un taller de vitrales, a los 11 años asiste
a clases de pintura, y a los 15 años realiza su primera muestra individual
exhibiendo 17 óleos. En 1925 recibe una beca para estudiar en Europa.
Viaja por España y por varios países de Europa. En Francia se casa con
Paula Cazenave. Vuelve a Argentina, expone
en muchos salones y recibe varios premios. Enseña pintura en Rosario
y luego en la Escuela de Bellas Artes en Buenos Aires. En 1946 queda
cesante en su cátedra por su militancia política. En 1962 obtiene el
Gran premio del Grabado de la 21ª Bienal de Venecia. Su obra ya es internacional
y expone en Santiago de Chile, Caracas, México, París, Nueva York...
En 1980 y 1981 realiza murales en la capilla del instituto San Luis
de Gral. Las Heras (Bs. As.). El 13 de octubre de 1981, a raíz de un
accidente que sufre al atragantarse con un hueso de pollo, fallece en Buenos Aires.
La técnica y el color Berni fue un artista que utilizó los
medios expresivos más diversos. Su obra se extiende por la pintura,
el collage,
el assemblage de diversos materiales y objetos, el grabado, el mural
y la creación de objetos escultóricos. Son muy conocidas sus grandes
pinturas sobre arpillera denunciando los problemas sociales y la realidad
de sufrimiento de la gente humilde: Desocupados,
Manifestación, Chacareros, Medianoche en el mundo, El obrero muerto...
En estas obras influenciadas por el encuentro con el gran muralista
mexicano David Alfaro Siqueiros, se descubren las
notas heroicas de los humildes, los colores son vivos, las expresiones
solemnes, las poses casi clásicas y con algunos recuerdos barrocos (no
faltan referencias a alguna Piedad o retablo renacentista). En esta
última obra, Berni mantiene su discurso y su técnica, coherente con
toda su trayectoria, aunque sea nuevo el sujeto religioso.
El mensaje No deja de sorprender cómo el tema
de la cruz, a lo largo de 20 siglos de historia del cristianismo, es
constantemente tomado y reelaborado por una gran variedad de artistas,
con distintas mentalidades y credos. La figura de Cristo que se entrega
en la cruz parece imponerse como tema universal, más allá del círculo
del arte sagrado. Desde la interpretación judía de Chagall, o la serie de crucificados del
norteamericano William Congdon,
desde el "Cristo amarillo" de Paul
Gauguin, hasta los crucifijos que aparecen en varios dibujos de
lidia de toros de Pablo Picasso.
¿Todas estas interpretaciones responden al acontecimiento salvífico
del Gólgota? Nadie podría emitir este delicado juicio de valor sobre
la conciencia íntima del artista. Pero sí podemos juzgar el valor artístico
de una obra que trasciende el tiempo y el lugar. El verdadero arte no
se limita a ilustrar lo que sucedió. Debe traducir e interpretar, debe
hacer visible aquello que permanece invisible a los ojos. Al asociar
la cruz de Cristo a los temas de su obra pictórica, Berni parece conformarse
a este acontecimiento y unirse a él. Esta forma de proceder no necesita
otras explicaciones. Según explica San Pablo, quienes nos crucificamos
con Él, con Él resucitaremos. Quinto Regazzoni |
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