VENEZUELA

La Iglesia rechaza el Parlamento Interreligioso

La creación del Parlamento Interreligioso Venezolano (PIV) ha sido rechazada por la Iglesia Católica y por la mayoría de las Iglesias que ven en el proyecto una nueva forma de control por parte del gobierno. Según algunos analistas, el presidente Hugo Chávez pretende una concentración del poder y de las instituciones democráticas, controlando a los actores sociales de la vida pública nacional.

El presidente Hugo Chávez se muestra complacido con la creación del PIV "para trabajar a favor del pueblo". En él se agruparían todos los creyentes -de cualquier tipo- (católicos, judíos, luteranos, evangélicos, musulmanes, budistas, mormones, santeros, iglesia del Espíritu Santo y seguidores de corrientes filosóficas como los rosacruces, tantras o gnósticos). Según algunos analistas, esta iniciativa se enmarca dentro del proceso que lidera el jefe de Estado, y que pretende una concentración del poder controlando a los actores sociales de la vida pública nacional, como la Iglesia Católica, que es mayoritaria en el país.

Las relaciones Iglesia - Estado no han pasado buenos momentos desde que se inició la "revolución pacífica bolivariana", en febrero de 1999, con la llegada a la presidencia de Chávez. El clima ha sido desfavorable a los obispos católicos, quienes han sido víctimas de duros señalamientos, tildados de clasistas, opositores, y hasta de demonios. Son sólo algunos de los calificativos endosados a los obispos por parte del primer mandatario y varios de sus ministros.

Por si fuera poco, los templos católicos han sido objeto de atentados con artefactos que estallaron en confesionarios. Actos que, se presume, forman parte de un plan desestabilizador contra la Iglesia. Asimismo, la última medida anunciada da cuenta de severos ajustes en el presupuesto de las organizaciones religiosas que realizan labores sociales, así como la polémica generada por la nueva Ley de Educación, en donde se deja fuera la enseñanza de Religión para los estudiantes de primaria y bachillerato. De todo ello se desprende que la puesta en marcha del PIV, sea considerada como una táctica política para disminuir la influencia de la Iglesia Católica en la formación de los ciudadanos. La idea es mezclar todo tipo de religiones para que le sea más fácil al oficialismo justificar sus proyectos, diciendo que cuentan con el apoyo del llamado Parlamento.

Desde que empezaron las reuniones en noviembre de 2000, en el Ministerio de la Secretaría de la Presidencia, los obispos católicos han mostrado su disposición al diálogo con las distintas religiones, para ayudar en el combate a la pobreza y mejorar la educación, pero sin que "el gobierno se meta en lo que no le corresponde". El presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV), Baltazar Porras, rechazó que a la Iglesia Católica la "engloben dentro del proyecto general de acaparamiento y control que a todos los niveles quiere ejercer el gobierno". Igualmente, el arzobispo de Los Teques, Ovidio Pérez Morales, afirmó que la Iglesia Católica no puede convertirse en una oficina gubernamental...

Por su parte, el rabino de la comunidad judía en Venezuela, Pynchas Brener, insistió en que no había necesidad de agruparse para mejorar las relaciones, "porque ya son buenas". "Es indispensable -apuntó- que el gobierno sepa cual es el límite de sus funciones". Entre los convocados a participar en el PIV, aunque todos ellos rechazaron la propuesta, se encuentran los católicos, los luteranos, los judíos y los anglicanos. También fueron invitados los Testigos de Jehová y la Unificación, y por parte de las asociaciones filosóficas figuran: Gran Fraternidad, Cultura de Paz, Tantra y Rosacruces. Hasta ahora, quienes han respaldado el PIV, han sido los Evangélicos, argumentando que de este modo tendrán más poder para superar las trabas para traer a sus pastores.

Conviene recordar, sin embargo, que estas experiencias se han presentado en otros países de América Latina, sin que los resultados hayan sido satisfactorios, porque este tipo de instituciones que son un verdadero híbrido religioso, en lugar de promover el diálogo, llevan a acentuar el sectarismo, ya que cada Iglesia busca proteger sus espacios de poder y sus adeptos.