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La viña de la prosperidad
Cuando los exploradores enviados por Moisés a Canaán, regresaron de aquellos
territorios, trajeron un enorme racimo de uvas que requería de dos personas
para ser trasladado. ¡Cual no sería la sorpresa y la alegría
del Pueblo de Israel! Ese racimo se tornó desde entonces
en el símbolo de esta benéfica Tierra Prometida, tierra de acogida y
de abundancia. La imagen de dos hombres llevando sobre sus hombros con
ayuda de un largo palo, un racimo gigante de uvas, se conservó a través
de los siglos; siendo hasta hoy el logo oficial del Ministerio de Turismo
israelita. Más adelante, la región de Hebrón
fue particularmente célebre por sus racimos excepcionales. Lo es aún
en nuestros días a pesar de que el cultivo de la vid se esparció por
todo el país. Plantar una vid era una ardua labor. Era necesario retirar las piedras del terreno, construir
una atalaya para detectar a los posibles ladrones, rodear la parcela
con una tapia para protegerla de los animales salvajes. El viñador debía
darle un buen mantenimiento, abonándola y sobre todo podándola. Ese trabajo cotidiano y familiar inspiró
a los profetas una imagen anunciando el juicio de Dios comúnmente utilizada
para describir la obra de Dios. El profeta Amós dice: "Han sembrado excelentes viñas, pero no
beberán de su vino" (Am 5,11); "habrá
lamentación en todas las viñas, porque voy a pasar yo por medio de ti,
dice el Señor" (Am 5,17). Con cierta audacia, el profeta compara al pueblo de Israel con
una viña que el Señor ha plantado y a la que le prodiga cuidados
en tanto da sus frutos. Si el pueblo es dócil a la voluntad de Dios,
prospera y disfruta de una cierta abundancia; por el contrario, si se
resiste, se vuelve estéril como lo advierte Isaías: "¿Qué más se podía hacer por mi viña, que yo no lo haya hecho? Si
esperaba que diera uvas, ¿por qué dio frutos agrios? Ahora les daré
a conocer lo que haré con mi viña; quitaré su valla, y será destruida,
derribaré su cerco, y será pisoteada. La convertiré en una ruina, y
no será podada ni escardada. Crecerán los abrojos
y los cardos, y mandaré a las nubes que no derramen lluvia sobre
ella" (Is 5,4-6). Los otros profetas, Jeremías y Ezequiel,
retomarán el tema de la viña arrancada o abandonada durante el período
del exilio de Babilonia. Como era natural, al regreso del exilio aparecerá,
a la inversa, el tema de una viña replantada. "Aquel día se dirá: Viña deliciosa, cántenle, Yo, el Señor, soy un
guardián. A su tiempo la regaré para que no se le castigue, de noche
y de día la guardaré"
(Is 27,2-3). En el tiempo de los Evangelistas,
la viña se convierte en un símbolo
de prosperidad muy común. El arte lo utiliza como motivo decorativo.
Opulentos racimos de uvas dan testimonio aún ahora, sobre los bajo-relieves
de los primeros siglos de la era cristiana, expuestos en Cafarnaún.
La viña y el vino expresan ambos prosperidad,
alegría y bendición. Jesús retoma la imagen de los Profetas
y la amplía al Reino de Dios a través de la parábola de los obreros
de la última hora: promete un salario a todos aquellos que trabajan
en la Viña del Señor, es decir que colaboran en su obra de Redención.
Pero la misericordia de Dios se extiende aún más lejos que la justicia
humana al pueblo de Israel, así como a las naciones paganas, tal como
los obreros llegados tardíamente a la viña. La viña no sólo representa a Israel
sino que significa por extensión
la Iglesia, en su acepción universal. Todos aquellos hombres que
aceptan dejarse trabajar por Dios, tienen su lugar. En los escritos de Marcos, la imagen
de la viña se amplifica, permitiendo a Jesús describir globalmente su
misión hacia Israel y hacia los paganos (cf. Mc 12,1-9). El simbolismo aparece más personalizado
en el Evangelio de Juan,
donde la cepa de la viña es Cristo
y los sarmientos son sus discípulos. Reciben de Él la vida, no pueden
subsistir sin Él, y deben ser podados para producir un mejor fruto. El vino, fruto precioso de la vid,
a veces conduce a ciertos excesos y la Biblia recomienda que sea consumido
con moderación. Pablo recomienda a los cristianos de Éfeso, embriagarse
del Espíritu Santo más que de vino (cf. Ef 5,18). Denunciado por sus efectos nefastos
en caso de abuso, prohibido a los nazireos, consagrados a Dios, el vino,
sin embargo, recibe honores ya que
"regocija el corazón del hombre" (Sal 103). Signo de la
alegría y la vida, simboliza al Espíritu Santo como en el episodio de
las Bodas de Caná (cf. Jn 2,1-12). En el transcurso de la comida pascual
se transforma en sangre de Jesús
derramada por la multitud. Compartido entre todos, el vino simboliza
la nueva Alianza, que da la vida al mundo, fortalece a la comunidad
cristiana y anima el deseo de colaborar en el cumplimiento de la Promesa
de Jesús. "Les digo que desde ahora no beberé de este producto de la vid hasta
el día aquel en que lo beba con ustedes, nuevo, en el Reino de mi Padre"
(Mt 26,29). El vino del memorial de la entrega de Jesús se transforma
entonces en el vino de la esperanza y de la utopía de la Fiesta eterna.
El vino de la fiesta Valores a descubrir: Alegría, Fiesta, Muerte-Vida, Sobriedad, Prosperidad,
Entrega.
La uva no es sólo un fruto como muchos
otros y el vino no es una simple bebida para quitar la sed. Sus efectos
son múltiples y variados: puede alegrar el corazón (Sal 104)... y puede
ofuscar la mente. De alguna forma puede considerarse superfluo... y
en algunas ocasiones puede resultar indispensable. En muchas culturas,
el vino es un elemento fundamental que manifiesta la alegría, el bienestar,
la fiesta... Sin embargo, todos saben que el exceso
de vino provoca la embriaguez, la borrachera. El borracho es la figura
de la persona necia, desubicada, incapaz de controlarse. El símbolo de los momentos alegres
y festivos puede transformarse en símbolo de perversión o hasta de muerte.
La embriaguez o el alto consumo de alcohol por parte de los conductores
de vehículos provoca un alto número de incidentes de tránsito. Pero a diferencia de otras bebidas
alcohólicas, el vino tiene una nobleza propia que viene de la gran variedad
de gustos y formas de elaboración: Viene también de sus calidades terapéuticas,
recientemente revalorizadas por los cardiólogos y los oncólogos. Tiene
su sabiduría en la producción, en la degustación, en la sobriedad y
en el buen gusto de los catadores entendidos. Esta capacidad de discernir entre
el buen uso y el abuso del vino es una capacidad que puede ser parte
del camino de educación y maduración de una persona. El vino entonces,
bebida de los dioses, puede ser también una buena bebida para toda persona
sensata y sabia.
Preguntas y actividades 1. Leer los dos textos y comentar en el grupo la idea que más les llame
la atención. 2. El vino es símbolo de la fiesta y de la alegría, ¿cómo lograr que la
fiesta expresa la vitalidad y la alegría del encuentro sin caer en la
evasión? 3. ¿En qué sentido el vino es símbolo de la entrega y de la vida derramada
con amor?
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