Romper el círculo

de pobreza a través

de la educación

 

Lidia Barboza realizó un trabajo de investigación que consistió en entrevistas a docentes de contextos desfavorables. Una de estas maestras, es un ejemplo singular por su riquísima experiencia de vida. Umbrales presenta el testimonio de esta maestra que reconoce el gran aporte en su vida de la obra de los Sacerdotes del Corazón de Jesús: sin su intervención, este cambio profundamente humanizante en la vida de una niña de asentamiento, no hubiera sido posible.

 

La autora, a los efectos de salvaguardar la identidad de la entrevistada, no menciona su nombre. Actualmente la entrevistada está culminando sus cursos universitarios y logra calificaciones de excelencia en su tarea profesional, y continúa su crecimiento como persona. Es un testimonio de vida que nos deja un mensaje ético profundo: la Iglesia puede y debe seguir sembrando.

 

• ¿Cómo te acercaste a la Iglesia?

- Cuando tenía nueve años estaba en una placita y un niño empezó a rezar el Ave María y el Padre Nuestro y me acuerdo que yo le dije: "¿Lo podés decir de nuevo?" Y cuando terminó le pedí que lo dijera nuevamente. Y esas oraciones que en ese momento yo no sabía que eran una forma de rezar, me parecieron tan dulces y tan lindas al oído que le pedí que me las enseñara. El niño me llevó a la casa de una anciana que enseñaba Catequesis, y comencé a concurrir asiduamente. Esa anciana, profesora de Geografía, fue tan decisiva en mi vida, que gracias a ella tomé contacto con la comunidad cristiana.

 

• ¿Cómo fue tu experiencia escolar?

- Concurrí como todos los niños del asentamiento a la escuela del barrio. En esta escuela tuve mi primer fracaso escolar: la repetición de un curso (1er. año). Guardo en mi recuerdo la huella imborrable que dejó una maestra joven, al decirle a otra maestra: "A esta niña la dejamos repetidora porque la cabeza no le da, pero es muy buena y no te va a dar problemas..."

Tenía seis años, me acuerdo perfectamente incluso cuando la maestra me tocó la cabeza y le decía estas palabras a la otra maestra. Creo fervientemente que todos los niños pueden aprender de acuerdo a sus posibilidades y que no es un problema de "cabeza", sino que es un problema de falta de oportunidades. A partir de este momento sentí rebeldía y en lo más profundo de mi ser quise contrarrestar lo que ella decía. Aprobé el curso con la máxima calificación. Hoy por hoy pienso que en mí actuó como un efecto positivo, pero creo que en otro niño podría haber tenido un efecto contraproducente.

 

La formación filosófico-pedagógica de los maestros apunta a un tipo de niño promedio, que no es justamente el que proviene de las zonas desfavorables. Por lo tanto, los maestros de escuelas en esta realidad sociocultural, deben adaptar tanto el curriculum como su actitud. Parece ser que la maestra sobre la que narra nuestra entrevistada, no lo había comprendido. El diagnóstico de CEPAL 1991 señala que las escuelas a las que acuden niños de más bajo nivel social son atendidas mayoritariamente por maestros en su etapa inicial del ejercicio profesional, que no logran un conocimiento de la comunidad familiar, ni despiertan comportamientos de apoyo a las potencialidades del niño.

 

• Actualmente, ¿qué razones tienes para trabajar en la misma escuela en la que fuiste alumna?

- Elegí trabajar aquí por opción propia. He trabajado en esta escuela durante ocho años. Siendo efectiva y por mis calificaciones, pude elegir otras escuelas de contextos favorables pero elegí trabajar aquí. Porque creo en la capacidad del ser humano de superarse, en la medida que le dan la oportunidad de saber que él puede. Por eso yo le digo siempre a mis alumnos: "tú eres muy capaz, tú puedes. Si no te sale hoy, mañana te va a salir, pero tú siempre inténtalo." Considero que se puede mejorar la calidad de los aprendizajes. Porque si bien el medio influye en los aprendizajes no es determinante. Lo que sí es determinante es la idea de todos aquellos maestros que consideran o que creen que aquí hay que hacer lo menos posible, porque total no van a aprender. Sin embargo, aun en los contextos críticos, la educación es uno de los elementos que contribuye a romper el círculo de reproducción de la pobreza.

 

• ¿Qué oportunidades tuviste para romper ese círculo de pobreza?

- Sin un soporte familiar, padre fallecido y madre ausente por razones de trabajo, los sacerdotes dehonianos me otorgaron una beca que en ese momento eran sólo los boletos, fue así como hice el liceo, luego me ofrecieron la oportunidad de una beca para que estudiara Magisterio que era mi anhelo. Me ha ido muy bien intelectualmente y hoy sostengo lo siguiente: la religión católica me rescató como ser humano y la educación me dignificó; y por eso yo creo que estos niños de los asentamientos tienen que ser dignificados, a través de la educación, entre otros derechos.

 

­• ¿Cuál es la percepción que tienes sobre algunos cambios que se están implementando en las prácticas educativas?

- En lo que se refiere a esta escuela, no han cambiado sustancialmente. Ya que en la medida que los docentes traen implícitas ciertas ideas de que "no se puede", están desmotivados por el gran número de niños que tienen, el estado inadecuado de los salones de clase, además hay problemas de adaptación a la tarea escolar de los niños y dificultades de aprendizaje; en realidad no se va a cambiar nunca si se persiste en esta posición. Los docentes fluctúan muchísimo, es muy común ver a lo largo de un año cuatro maestros en un mismo curso. Desde hace cuatro años los docentes están asistiendo a los cursos de Mejoramiento de la Calidad de los Aprendizajes, y los índices de repetición siguen inalterados.

Por eso es necesario conocer los posicionamientos de los maestros antes de implementar políticas educativas más adecuadas al medio, crear equipos multidisciplinarios de atención a la diversidad, sostener recursos económicos acordes a la complejidad de la labor docente...

Lidia Barboza Norbis