PREMIO NOBEL DE LITERATURA V. NAIPUL

Una identidad mestiza

 

Vidiadhar Surajprasad Naipaul nació en 1932 en Chaguana, cerca de Puerto España (Trinidad), en el seno de una familia de inmigrantes originarios del norte de la India. Su abuelo era cortador de caña, y su padre, periodista y escritor. A los 18 años, Naipaul se trasladó a Inglaterra, estudió en Oxford y se licenció en Letras.

"No escribir, es no contemplar; no contemplar, es revelarse incapaz de extraer el sentido real, el pleno valor de la propia experiencia; es dejar que la vida y el tiempo se escapen sin ningún sentido. La contemplación asociada a la escritura, y la claridad interior que eso supone, desembocan en la serenidad. Para mí, es el equivalente de la religión". Estas palabras de Naipaul, que acaba de ser galardonado con el Premio Nobel de Literatura, nos ayudan a comprender no sólo su mundo, sino también el mundo de la creación artística, su por qué, su objetivo, su valor de transformación. La Academia Sueca ha distinguido a este escritor, nacido en la isla antillana de Trinidad, "por haber mezclado narración perceptiva y observación incorruptible en obras que nos impulsan a ver la presencia de la historia rechazada". Refundiendo los géneros en un estilo original, rebasando los límites tradicionales entre novela y documento, Naipaul ha desplegado su mirada crítica y penetrante desde su isla natal hasta la India de sus antepasados, África, América, los países islámicos de Asia e Inglaterra, su país de residencia. La colonización, los fanatismos políticos y religiosos, la historia de los perdedores, olvidada por todos, constituyen el núcleo de su obra, que participa de la memoria y del análisis, con un estilo irónico y directo.

El centro de la literatura, acaparado por el poder, se desplaza hacia los marginados, y Naipaul desplaza al lector hacia ese otro centro, menos confortable, en el que se siente interpelado como cómplice de esa marginación. Los géneros convencionales resultan anticuados o insuficientes para abordar determinadas realidades. Entre la historia y la ficción, Naipaul se decanta por la primera; de ahí su afán por dotar a la materia histórica de una dimensión literaria, y no al revés, cuidando al máximo el dato, el detalle, el testimonio directo y, cuando es posible, implicándose él mismo en la observación. Así ha podido interpretar, en sus libros de viaje, mundos tan complejos como la India (India: Una civilización herida) o el oriente musulmán (Entre los creyentes), o reescribir, en La pérdida de El Dorado, la terrible historia colonial de Trinidad... Es su propio desarraigo el que sostiene la mirada cosmopolita del escritor: una mirada ácida y al mismo tiempo compasiva, distante y atenta. Su primera novela, El curandero místico (1957), se desarrolla en el ámbito antillano, asfixiado por la superstición y por la miseria. En 1961, Naipaul se revela como un gran escritor con la novela Una casa para el señor Biswas, en la que recrea la figura de su padre y marca el inicio de su fama.

El escritor antillano ha buscado desde el principio su propia identidad: una identidad difícil, marcada por la marginación y el desarraigo, y profundamente ligada a la India, la tierra de sus antepasados. En sus años de estudiante en Oxford, se sentía extraño. Hastiado de la novela y de sus posibilidades expresivas, Naipaul busca, desde 1980, nuevas vías de expresión, más cercanas al reportaje y a la autobiografía, ahondando cada vez más en los abismos sombríos del integrismo religioso y en los efectos perversos del colonialismo y del nuevo nacionalismo en el Tercer Mundo.

La perplejidad del joven escritor, inmerso en una cultura diferente que parecía exigirle ser inglés si quería triunfar en la literatura, se acabaría resolviendo, palabra a palabra y libro a libro, a través de la recuperación de su verdadero yo. Y sería la propia escritura la que iría constituyendo su identidad: una identidad híbrida, mestiza.