Bridget Jones, diario de una conversión

 

Bridget Jones's Diary.

Estados Unidos, 2001.

Duración: 97 minutos.

Género: comedia.

Dirección: Sharon Maguire.

Con: Renée Zellweger (Bridget Jones), Colin Firth (Mark Darcy), Hugh Grant (Daniel Cleaver).

 

La vida de Bridget Jones no puede estar peor. 32 años, soltera, pasadita de peso, insegura, por rachas bebedora social y particular, vulgar por momentos, amistades no muy estimulantes, aunque siempre presentes. Su principal problema: la soledad. Momento crítico: la fiesta familiar por el Año nuevo, que le devuelve como espejo quién es ella.

Este patetismo y conciencia aparecen reforzados en la secuencia siguiente, una de las más logradas del film. Allí Bridget, despatarrada en un sillón de su casa, chirría el tema "All By Myself" de Jamie O’Neal: "sola, no quiero estar sola". Allí, en el hundimiento, comienza el ascenso. Es entonces, como va relatando la protagonista, cuando toma una decisión crucial: dominar la propia vida, escribir un Diario, cambiar.

Al comienzo del Diario, que da título al film, escribe sus propósitos de fumar y beber menos y de encontrar al hombre ideal. El sueño del matrimonio campea. Se une a su soledad, a la demanda de compañía, a la necesidad de amar. ¿A quién amar? Los dos caminos, puestos a su elección, son encarnados por dos hombres: su jefe Daniel y un amigo de la infancia, Mark.

Con Daniel, jefe suyo y "Don Juan", la cuestión es muy fugaz. Él no es para ella, ni para nadie. Primer tropezón en el camino. Un tropezón no es caída. Las páginas del Diario continúan llenándose.

Aparece Mark, encontradizo aunque no totalmente libre. La cosa va modificándose entre ellos. Del odio inicial pasando por el aprecio respetuoso se llega al amor maduro. El que acepta al otro como es. Cuando todo parece cerrarse, cosas de los enredos de la comedia y de la vida, reaparece Daniel, otrora amigo de Mark. Con engaños felizmente descubiertos, intenta alejar a Bridget de Mark. Un último escollo aparece: un ventajoso trabajo en el extranjero para Mark. Ahora la opción está en él...

Más allá de las posibilidades y de los límites de esta comedia típicamente británica, la debutante directora va mostrando, con desenvoltura, la difícil y problemática tarea de cambiar en la vida. Al recorrer los caminos de vida de sus tres personajes va mostrando distintos elementos de la vida, de las personas, y de sus crecimientos.

Bridget es modelo de la búsqueda a los tropiezos, con trampas y sinceridades. Ella busca tomar las riendas de su vida. Mark es el modelo del desengañado que quiere volver a creer, y recomienza. Daniel, el modelo del estancado, del picoteador, del que anda siempre en círculos, tras su presa, pero que no avanza. Película disfrutable, con una buena banda de sonido, con buenas actuaciones, que nos acerca esa misteriosa realidad del cambio, de la conversión. Su punto de partida y sus numerosos arranques; sus impulsos y sus cansancios; sus tentaciones y sus logros.

Alejandro Ferrari

EL BUSCADOR

Una propuesta inteligente

Dentro del panorama que nos ofrece la televisión, con unos cuantos programas prescindibles y de mal gusto, la propuesta de "El buscador" brilla como el sol después de un día de lluvia.

Distintos temas que tienen que ver con las relaciones humanas, sobre todo a nivel de amor de pareja, de afectividad y comunicación, son desenvueltos en esta propuesta con un estilo poco común en la televisión: el del coloquio y el diálogo, donde también se escucha a la gente. Sin efectos visuales y sin hojarasca, "el buscador", el psiquiatra Jorge Bucay desarrolla su propuesta. Siempre se encuentra rodeado de público, en su mayoría femenino, dialogando con él para intentar desarrollar el tema. La mujer es generalmente la primera en reconocer que hay un problema o un conflicto de comunicación, y en reconocer que necesita ayuda para resolverlo. Sería bueno que algunos varones se integraran  al diálogo, porque agregarían su propio enfoque.

El sentido común, sin propuestas exitistas o fáciles, predomina en la conversación de este programa. La gente, abrumada por el stress que provoca nuestra sociedad neurótica, muchas veces ni se anima a plantear sus reales problemas afectivos o los encubre con conductas que sólo aumentan su incomunicación. Esa táctica nada resuelve, sino que empeora nuestra calidad de vida, y la de las personas que viven con nosotros. Este programa enseña que no se resuelve nada si no se dialoga con franqueza y claridad.

                         Eduardo Ojeda