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"Navidad" de Claudio Pastro (Pintor brasilero contemporáneo) La obra Esta "Navidad" (1980) de
Claudio Pastro es una de las innumerables obras sagradas del artista,
difundidas por toda América latina. Los rasgos de las figuras son esenciales.
Las expresiones remarcadas por las miradas atentas de los grandes ojos,
revelan ternura y sencillez. La mitad inferior del panel representa
la encarnación. El Hijo de Dios entra en la Historia humana;
en ese hueco de la gruta de Belén está representada toda la humanidad.
En la parte superior del panel está el cielo infinito, lleno de estrellas,
que representa la divinidad. Las tres palmeras (¿imagen trinitaria?)
cargadas de frutos, simbolizan la vida y la fecundidad y unen los dos
mundos, celestial y terrenal, fundiéndolos en una armónica composición.
El autor Claudio Pastro nació en San Pablo en 1950 y comenzó a dibujar en el liceo, utilizando
apenas tiza y creatividad. Sin dinero para estudiar Bellas Artes -cosa
que hoy celebra porque no quedó "anclado" en estilos y tendencias-,
y animado con la agitación de los años 60, entró a la Facultad
de Ciencias Sociales. Concluyó el curso, tomó el dinero ahorrado para
comprar un departamento y se fue a Europa. Allí, en las visitas a antiguos
monasterios, el joven artista de 24 años descubrió que el arte románico
-inexistente en Brasil- era el medio más apropiado para expresar la
fe. "Las pinturas de las paredes
forman lo que se llamaría la Biblia
de los pobres -dice-. De vuelta en Brasil fue incentivado por las
religiosas del Monasterio de Nuestra Señora de la Paz, en Itapecerica
da Serra, para quien hizo el proyecto de un templo. Pastro es maestro
de Arte Sacro y pasa buena parte del año dando clases y charlas. El
tiempo que le sobra, prefiere pasarlo en Itapecerica da Serra, en su
casa, que recuerda a un pequeño convento, , donde mantiene un taller
y una pequeña capilla. Para fundamentar sus trabajos, Pastro lee el
Evangelio diariamente. No se considera un místico, pero sí una persona
que necesita expresarse. "Todos
necesitan del arte, como necesitan del agua. El arte es una preocupación
por algo que nos sobrepasa. Vivo el arte 25 horas por día." A los
51 años, Pastro, uno de los más respetados artistas sacros de la actualidad,
más conocido en el exterior que en Brasil, es un crítico feroz de la
polución visual que inunda templos y altares. Atento a la simplicidad,
pretende en sus proyectos, expresar
al mismo tiempo las dimensiones divinas y humanas de Jesús, en una
especie de síntesis de la vida cristiana de los dos últimos siglos.
En 28 años de trabajo, Pastro pintó paneles y vitreaux e hizo esculturas
en más de 170 iglesias y capillas. Hizo 50 proyectos de templos y monasterios
en seis países.
La técnica y el color "Por la imagen uno se enamora de lo invisible". Es eso lo que
cree y defiende Claudio Pastro. Él quiere que los cristianos se maravillen,
se enamoren y amen al Hijo de Dios que se hizo hombre. Por eso su obra
tiene líneas simples, despojadas como el propio Cristo. En sus pinturas
y esculturas, lo divino y lo humano se mezclan en los trazos, colores
y formas. No hay nada casual. Los colores son dirigidos al mensaje que
quiere transmitir. Piensa la forma, los detalles... Todo encaja de forma
armónica. A Pastro le gustan los colores calientes (fuertes), de preferencia
los tonos de la tierra, que considera el color sagrado. Sus figuras
retratan la dignidad de Dios. Llaman la atención las manos y los ojos.
Manos que dicen: ¡Atención al Misterio! y ojos que son "puntos de contacto".
El mensaje El artista descubre que sus obras
son un servicio que presta a la Iglesia, porque intentan revelar el misterio de Dios a través de colores y formas. De las fuentes
originales de la fe cristiana, de la Biblia y de la tradición, él procura
recuperar lo que hacían los primeros cristianos y las primeras comunidades.
Comunión es una palabra fácil en el diccionario del artista, que dice
identificarse con el pueblo simple y sufrido. Este mensaje se expresa
muy bien en esta obra navideña. Todo (desde las estrellas en el cielo...
hasta la mirada del buey y del asno) llama a la serenidad y a la paz.
Resuenan en esta obra las palabras del prólogo del evangelio de Juan
(1,14): "La Palabra (= el Logos, Verbo, Imagen)
se hizo carne, y habitó entre
nosotros, y nosotros hemos visto su gloria". Quinto Regazzoni
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