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VATICANO ¡Nunca más guerras en nombre de Dios!
El 24 de enero en Asís (Italia) tuvo lugar la segunda Cumbre Mundial de
las Religiones convocada por el Papa (la primera fue en 1986) para rezar
por la paz en contra del terrorismo, la guerra y la manipulación del
nombre de Dios. La idea de la cumbre surgió poco después de los atentados
en Estados Unidos. Fueron invitados y participaron 201 líderes religiosos
(11 mujeres) de todo el mundo.
Estuvieron reprensentadas doce religiones.
El grupo más numeroso (unas
100 personas) era el grupo cristiano
integrado por católicos, ortodoxos, anglicanos y protestantes representando
a unas 31 Iglesias, que rezó junto con el Papa en la Basílica Superior
de San Francisco; los cristianos en el mundo son dos mil millones de
personas. El segundo grupo más importante era el Islam con 31 jefes religiosos provenientes de 18 países; el Islam
tiene mil millones y medio de adeptos en el mundo y un alto índice de
crecimiento de su población (6,4%). Seguían después las religiones asiáticas
como el Hinduismo (900 millones), el Budismo (360 millones), el Confucianismo
(220 millones) y los demás grupos menores. Los atentados terroristas
en Estados Unidos el 11 de setiembre, que costaron más de 3 mil vidas,
la guerra en Afganistán y la muy grave situación en Medio Oriente, concentraron
la atención en los representantes islámicos y judíos. Todos respondieron
positivamente al llamado del Papa que pedía "no convertir jamás
la religión en causa de conflicto, odio y violencia; ofender al hombre
es ofender a Dios". ¡Nunca más entonces cruzadas y guerras santas!
Cada grupo religioso rezó al mismo tiempo y en lugares distintos
según su propia fe, su idioma, su tradición y en el pleno respeto de
los demás evitando así confusiones y malentendidos. Hubo dos asambleas, una para los testimonios
de paz y la otra para el compromiso común por la paz. Lo más novedoso
fue el Compromiso Común por la
Paz suscrito por todos. El primero de los diez párrafos declara:
"Nos comprometemos a proclamar que la violencia y el terrorismo
contrastan con el auténtico espíritu religioso y condenamos todo recurso
a la violencia y a la guerra en nombre de Dios o de la religión".
Entre los demás compromisos figura también el de "perdonarnos
recíprocamente los errores y prejuicios del pasado y del presente".
Hubo una condena total del fanatismo y el fundamentalismo. El Papa habló
de "desmentir y aislar a los que instrumentalizan el nombre de
Dios con fines y métodos que en realidad lo ofenden". No hubo ayuno porque ya se había hecho
el 14 de diciembre junto a los musulmanes en el último día del mes sagrado
del Ramadán, con una entusiasta acogida por parte de éstos y del mundo
cristiano en general. En aquella oportunidad, como en Asís, no faltaron
los que lamentaron una pretendida confusión, hipocresía y blasfemia
en el encuentro y abrazo entre la verdadera y las falsas religiones...
En realidad, la audacia del Papa ya creó con este Segundo Encuentro
Mundial una tradición, un espíritu ("el espíritu de Asís")
y dejó afirmado que no habrá paz en el mundo si no se unen las religiones.
Fue rápida y generosa la respuesta a nivel de Iglesias y religiones
(en 1986 se trabajó un año entero para preparar el encuentro que resultó
mucho más limitado), y masivo el interés de los medios con la presencia
de 1.200 periodistas. En el Compromiso Común se afirma:
"Nos comprometemos a hacer todo lo posible para erradicar las causas del terrorismo". En este sentido, un líder
religioso islámico dijo que "en realidad ya no hay guerras religiosas
sino que se trata hoy de una guerra entre el capitalismo mundial y el
mundo oprimido". Seguramente una verdadera paz deberá estar fundada
en un ordenamiento mundial más justo y solidario, y sobre todo en Medio
Oriente habrá que encontrar una solución justa y definitiva para los
palestinos que después de 54 años todavía viven como rehenes en su propia
tierra. Primo Corbelli
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