![]() |
||||||
|
P. ANDRÉS FERLA El "hijo menor" del Padre Dios
El p. Andrés nació en la ciudad de Crema (Italia) el 16 de mayo de 1920.
A los 19 años entra en la Congregación de los dehonianos y en 1946 es
ordenado sacerdote. Muere en Bolognano (Italia) el 14 de noviembre de
2001.
El 14 de noviembre de 2001 murió el
p. Andrés Ferla, un misionero del Corazón de Jesús. Se había ordenado
sacerdote en 1946, cuando tenía 26 años. Poco después de su ordenación,
los superiores lo enviaron a Bologna al Villaggio del Fanciullo (Ciudad
de los niños) como educador y profesor. Pero su corazón estaba ya más
allá de las fronteras. Cuando en 1958 se enteró de la muerte de un misionero
en Argentina no dudó en escribir a su superior provincial: "Le
ruego que reciba mi pedido para
ir a Argentina porque pienso que allí hay más urgencia de personal:
no crearé molestias a nadie, como creo no haberlas dado aquí". Recién en 1962 los superiores lo dejan
salir para Argentina y allí desempeña la tarea de docente y educador
en Maciel (Santa Fe) por cinco años. En 1967
es enviado a Uruguay y durante 17 años realizará una humilde y fecunda
misión en la Gruta de Lourdes, en los barrios marginales de la periferia
norte de Montevideo y en
Juanicó (Canelones). Su gran obra fue
el colegio Cristo Divino Obrero
y el Taller de Artes Mecánicas
que él comenzó para dar una salida laboral a muchos jóvenes del
lugar. Su bondad era conocida por todos, se entregaba plenamente pero
sin paternalismo. Recuerdo que cuando me invitó a las visitas que hacía
en el cantegril (villa miseria) de la Costanera del arroyo Miguelete
me decía: "Los pobres no necesitan limosnas, necesitan mucho respeto. Hay que
conocer su realidad y asumirla. Hay que visitarlos, escucharlos, compartir
con ellos. Nunca les des limosnas." Y lo veía a los 60 y pico de
años cargar bolsas de materiales y empastar mezcla para hacer el piso
de la Escuelita de la Costanera (un ranchito
de lata donde se reunían los niños del barrio). Su salud muy precaria
le estorbaba bastante pero su voluntad y su entrega eran más fuertes,
animadas por una oración y una vida interior escondidas y tenaces. La
gente lo admiraba como a un santo. Decían: "¡No lo entendemos mucho
en su hablar pero sus palabras nos llegan al corazón!". Varios
niños del barrio que llevan el nombre de Andrés lo deben a la admiración
de sus padres por este humilde padrecito. Ya muy enfermo (progresiva
trombosis cerebral) seguía su ministerio con igual dedicación, callando
su sufrimiento. Al volver de una visita médica le pregunté preocupado:
"¿Qué dijo el médico?" y él contestó sonriente: "Dijo
que estoy bastante bien". Cuando los médicos le prohibieron
las actividades por el clima frío y húmedo del invierno uruguayo, pidió
ir a Venezuela porque allí podía seguir su
misión a pesar de la enfermedad. Allí resistió cinco años más, luego
lo enviaron a Italia para que fuera atendido en su enfermedad. Se sentía
un exiliado, siempre preguntando para
poder volver a la misión. La última vez que lo vi ya tenía 80 años y
seguía expresándome su gran deseo de volver... En su testamento escrito en 1990 declaraba
no tener absolutamente nada que le perteneciera y decía: "Acepto de la Providencia de Dios esta
enfermedad. Hijo menor de
Dios, aunque sí a veces ‘travieso’.
Cristo es el hijo primogénito de Dios; nosotros los
hijos menores. Invoco la misericordia de Dios y ofrezco al Padre
la intercesión que Jesús hace por mí... para que el Corazón de Jesús
sea también el corazón del mundo." Este hijo menor del Padre
Dios ha dejado una marca en la historia de la misión dehoniana en Argentina
y Uruguay. Q. R. |
||||||