La vida nueva de "Amélie"

 

Amélie (Le fabuleux destin de Amélie Poulain)

Francia, 2001.

Género: comedia. Duración: 122 minutos.

Director: Jean-Pierre Jeunet.

Con: Audrey Tatou, Matthieu Kassovitz.

 

En "El almuerzo de los remeros" (1881), óleo de Auguste Renoir, aparece una muchacha de mirada perdida, como si estuviera abstraída del mundo que la rodea. Esta observación viene a cuento del film que comentamos. Primero, porque hace referencia a uno de sus personajes, el "hombre de Cristal", que reproduce dicho cuadro una y otra vez, aunque no logra "captar" a la enigmática muchacha.

Además, bien puede caracterizar a Amélie, el personaje central. Parece que ella estuviera "fuera" del mundo, de sus códigos, de sus valoraciones. Aunque luego encontrará su "lugar en el mundo". Y allí ocurre la historia que narra este estupendo film de Jeunet (Delicatessen, La ciudad de los niños perdidos, Alien: Resurrection).

El título original de esta película (El fabuloso destino de Amélie Poulain) nos da también, otra estupenda pista para interpretarla: una fábula, una verdad que viene envuelta en algo artificioso. El "destino" de Amélie es algo tan extraordinario como maravilloso.

Su "destino" no pudo haber comenzado peor. La neurosis materna sumada a la frialdad paterna, la recluyó en el hogar, aunque es verdad que nunca minó su curiosidad ni su imaginación. Su madre muere, y Amélie finalmente crece y huye del hogar paterno.

Así la encontramos, con 22 años, trabajando de camarera en el café "Les Deux Moulins", un lugar atendido por mujeres de todas las edades y frecuentado por personajes tan curiosos como las anfitrionas.

El edificio donde vive es habitado, también, por extraños personajes: el "hombre de cristal", que ve el mundo a través de una reproducción del óleo de Renoir; la portera, que ahoga el amor perdido en puntuales dosis de Oporto; el verdulero cínico y cruel con su tonto ayudante.

El día de la muerte de Lady Di, mientras escuchaba la noticia, algo cambia en la vida de Amélie de Montmartre. Decide empezar a arreglar la vida de los otros. Una caja con recuerdos infantiles, descubierta fortuitamente, dispara la imaginación y el arrojo de Amélie, quien logra devolverla a su propietario, cuarenta años después. Un amor imposible, entre una de sus compañeras de trabajo con un cortejante de otra, es otra de las buenas travesuras que inventa Amélie.

El talón de Aquiles de la muchacha es su corazón quebradizo. La ayuda a los demás, muchas veces con engaño, sólo retarda su enfrentamiento con la realidad. La realidad, en este caso, tiene nombre, Nino, un extraño muchacho, que colecciona fotos desechadas.

Esta irrupción en su mundo sacude a Amélie, quien busca a Nino, pero también le dispara. La solución, en parte sugerida por el vecino copista, sólo le vendrá del aprovechar la ocasión, que no volverá.

Frente al cinismo y la indiferencia, la atención de Amélie por los otros, a veces con ingenuidad y otras con malicia, representa una bocanada de aire puro. Es un personaje que "encanta", que cautiva, por su simpleza y su sensibilidad. Esta forjadora de estratagemas, se destaca como prototipo de la buscadora encontrada, en ese difuso mundo de las probabilidades, de los "destinos", y de las ocasiones. Nada es, sin embargo, sin Amélie. También ella combate y elige. La vida nueva es fruto del don y de su aceptación. También es su vida, y lo que produce y busca en los otros, un delicado trabajo para recuperar los recuerdos, la memoria.

El film es estupendo, nada convencional, fantasioso, con abundantes relatos en off, de Amélie y de otro relator. Tiene situaciones divertidas, no esperadas, con cambios de clima muy bien logrados. La actuación de Audrey Tatou es sobresaliente, así como del conjunto. La fotografía también se destaca. En definitiva, Amélie nos alcanza, por la pantalla, con su solicitud, nos alegra y perfecciona. Para ver y agradecer.

Alejandro Ferrari