BRASIL: CAMPAÑA DE LA FRATERNIDAD 2002

"Por una tierra sin males"

 

Como ocurre desde hace 28 años, la Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil (CNBB) promueve la Campaña de la Fraternidad en el tiempo de Cuaresma. Cada año, los obispos eligen un tema social para que los católicos, y la sociedad en general, conozcan y busquen caminos para "otra" conversión. Entre los temas de los últimos años han estado los presos, los desempleados, las drogas, los niños de la calle, los sin techo... Este año, la Iglesia Católica brasileña, a través de la CNBB, hace un llamamiento especial a toda la sociedad ante la dramática situación en la que se encuentran los indígenas.

 

Eran más de cinco millones antes de la llegada de los portugueses, en 1500. Se calcula que más de 900 pueblos distintos habitaban las tierras de lo que hoy se llama Brasil. Los pueblos indígenas fueron casi destruidos, pero han resistido a todos los acosos. En la actualidad, la población indígena supera el medio millón de personas, pertenecientes a 225 pueblos, que hablan 185 lenguas. De esta población, 358.000 siguen viviendo en su territorio.

El principal objetivo de la Iglesia al promover la reflexión cuaresmal sobre los pueblos indígenas es posibilitar un conocimiento más amplio de la vida de los indios, desde su hacer cotidiano hasta su cultura, pasando por el valor que conceden al ser humano. También se pretende exigir del gobierno brasileño que garantice los derechos de los pueblos indígenas previstos en la Constitución Federal de 1988, y que, hasta el momento no se han reflejado más que en el papel.

"De los graves problemas vividos por nuestros hermanos indígenas, el derecho a la tierra es, sin duda, el más crucial", dicen los obispos. Los pueblos indígenas mantienen desde siempre una relación muy especial con la tierra -es posesión de todo el pueblo-, ya que es un derecho sagrado, fuente de vida y de sabiduría. El cacique Xicão Xikuru, asesinado en mayo de 1998, en Pernambuco, al norte del país, decía: "Nosotros tenemos la tierra como nuestra madre. Entonces, si ella es nuestra madre, es ella quien nos da todo fruto y debe ser preservada, a partir de las piedras, de las aguas y de las plantas."

A pesar de que la Constitución de 1988 dice que en un período de cinco años todas las tierras indígenas deberían ser demarcadas, actualmente apenas el 32% de las mismas lo está. Y mientras el gobierno no garantiza la propiedad de las tierras a los indios, crece la violencia contra ellos y el número de asesinatos asociados a la lucha por la tierra. Esto se explica por el hecho de que el 85% de las tierras indígenas son objeto de invasiones por los blancos, ya sean garimpeiros, madereros, o por proyectos de colonización como la apertura de carreteras, construcción de centrales hidroeléctricas, gasoductos, oleoductos, etc.

En este sentido, los obispos brasileños invitan a todas las personas a participar y contribuir con la Campaña de la Fraternidad, firmando para exigir la defensa de derechos de los pueblos indígenas, tales como la garantía y protección de las tierras; la devolución de las mismas a los distintos pueblos; la demarcación de áreas suficientes para la vida y el crecimiento de las familias; el reconocimiento de los pueblos; la retirada de los invasores de las tierras demarcadas; la depuración de crímenes -incluida la esterilización impuesta a las mujeres en los último 20 años- y la imposición de penas a los culpables.

La Campaña de la Fraternidad fue lanzada el pasado 13 de febrero, Miércoles de Cenizas. El lema elegido para este año es Por una tierra sin males. Con ello, la Iglesia quiere mostrar que "la búsqueda de una tierra así, es la búsqueda de una vida nueva, sin dolor e injusticia". Como afirma el secretario general de la CNBB, Raymundo Damasceno Assis, "la Campaña de la Fraternidad nos recuerda que también nosotros tenemos que aprender con las culturas indígenas, como, por ejemplo, el sentido comunitario de la vida, el valor de la tierra como fuente de recursos para la vida humana, el estilo de vida solidario". Esta Campaña es, pues, un desafío para todos.

Graziela Cruz

(extractado de "Vida Nueva" n. 2.316)