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FRAY JEREMÍAS El hermano de los pobres
En el barrio y más allá todos lo reconocían por su eterno hábito gris,
su porte pequeño, su idioma entreverado y su renguear constante, que
sin embargo no le impedía recorrerse todas las calles y a todas las
horas para ayudar a los vecinos. También por su carrito, primero, y
su bicicleta después, con la cual trasladaba todo aquello que pedía
en todas partes y que muchos le donaban porque sabían que tenía destino
seguro en los más necesitados.
El hermano Jeremías, que vivió 30
años en Uruguay, en el convento San José, murió
el 26 de enero de 2002. Lo hizo anónimamente, al igual que la mayoría
de los trabajos que llenaron su vida de 84 años. En el Barrio Sur, en
Palermo, en la Ciudad Vieja, muchos vecinos lo vieron pasar una y otra
vez, incansablemente, tirando de su bicicleta. Todos lo conocían, aunque
no hubiesen sido objeto de sus ayudas. Por eso los vecinos, al mes de
su fallecimiento, organizaron un homenaje,
con una misa en la que participaron "emblemas" del
barrio como Martha Gularte, que recitó un poema de
su propia composición, así como Lágrima
Ríos y sus compañeros de Mundo Afro, que realizaron una misa candombe
con tambores. Quienes lo conocieron, de lejos y
de cerca, lo describen como un
hombre dedicado a ayudar a los demás y despojado completamente de
las posesiones materiales. Los más allegados a este humilde hermano
franciscano conventual, recuerdan que una vez le habían asignado una
cómoda habitación con una gran ventana y un hermoso piso de parquet.
Jeremías nunca se acostumbró y el primer día hasta sacó su cama al pasillo,
porque pensaba "que si tanta gente no tenía dónde dormir ni qué
comer, no era justo que él estuviera tan cómodo". Entre sus escasas
posesiones materiales estaba la figura de un Niño Jesús que siempre
mantenía cerca de su cama. Del resto se encargaba Dios. Otra de sus
posesiones fue la bicicleta, especie de triciclo que usó durante buena
parte de su vida y que alguien le donó luego de observarlo caminar de
arriba para abajo tirando un carrito pero rengueando, debido a la fuerte
artrosis que padecía. Además Jeremías veía muy poco porque sufría de
glaucoma. Él mismo decía con humor que en ese y en otros sentidos, "andaba a la voluntad de Dios". Con ese triciclo el hermano conventual
recorría las calles montevideanas pidiendo, para luego dar a las personas
que lo necesitaban, sobre todo desalojados y gente de la calle. Una
de sus grandes tareas fue lograr
que quienes no tenían casa o eran desalojados, pudieran dormir en algún
lado. En diferentes períodos Jeremías logró conseguir dinero y hasta
casas prestadas, en las que reubicaba a los desalojados o a quienes
vivían en la calle. El único compromiso que les pedía era que pagaran
el agua y la luz y aun así, muchas veces tuvo que hacerse cargo él de
esos gastos. Jeremías parecía no darse por vencido,
ni siquiera con quienes traicionaban su confianza; lo asaltaron varias
veces en el barrio y su comentario solía limitarse a unas pocas palabras:
"si roban es porque precisan, si piden es porque precisan". Desde su juventud, insistía para que
lo mandaran como misionero a América del Sur. Lo logró recién en 1969. Durante los últimos tres años se había
retirado de las calles; al igual que había dedicado su vida a trabajar
por los pobres, ahora era tiempo de rezar por ellos. "No acumuló
bienes materiales sino espirituales, que son los únicos que quedan".
Entre sus últimos pensamientos, Jeremías escribió: "Al
llegar a Uruguay tenía muchas ideas. Pensaba hacer vida misionera, convertir
todo el país. Ahora me he dado cuenta de que no he hecho nada. No sabía
hablar muy bien el castellano, gran estudioso no era. Pensé en dedicar
mi vida a los pobres, buscar trabajo, comida, algo que sirviera para
ayudar a los necesitados." Los pobres, los necesitados y muchas
personas que lo conocieron, lo recordarán para siempre. Carina Novarese (extractado de "El País")
(RECUADRO) Fray Jeremías Zigiotti nació en la provincia de Verona (Italia) el 6 de
julio de 1917. Entró a la orden de los Franciscanos conventuales en
1930 y profesó solemnemente en 1938 en Venecia. Vino como misionero para América Latina en 1969, un viejo anhelo que sólo
pudo cumplir a los 53 años de edad. Murió el 26 de enero a los 84 años
de edad.
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