VATICANO

Diálogo y desencuentros con Moscú

A pesar del rechazo formal por parte del patriarcado de Moscú al proyecto del Vaticano de promover a diócesis las cuatro administraciones apostólicas rusas, proyecto que había sido presentado de antemano a Moscú el 6 de febrero pasado por el nuncio Giorgio Zur, el Papa decidió igualmente normalizar la provincia eclesiástica rusa con sus cuatro nuevas diócesis y respectivos obispos.

Al conocer la decisión del Papa, el Patriarca Alexis II en un comunicado oficial se refirió a esta decisión como un "acto no amistoso y que aleja un posible encuentro entre el Papa y el Patriarca".

La creación de la nueva provincia eclesiástica fue anunciada oficialmente por el Vaticano el 11 de febrero. La sede metropolitana será a partir de ahora la arquidiócesis de la Madre de Dios en Moscú, de la que dependerán tres diócesis sufragáneas: la de San Clemente, en Saratov; la de la Transfiguración, en Novosibirsk; y la de San José, en Irkutsk (estas dos últimas en Siberia).

Como este es un tema que preocupa especialmente a Juan Pablo II, en un anexo a la declaración de creación de las nuevas diócesis, se analizan algunos de los aspectos más controvertidos del problema. Allí se explica la decisión afirmando que la Iglesia Católica no puede renunciar a su actividad de evangelización, y se habla de "reciprocidad"; así como la Iglesia Ortodoxa rusa ha creado diócesis y estructuras eclesiásticas para sus fieles en distintas partes del mundo de mayoría católica, así también cree poder hacer la Iglesia Católica en Rusia con sus feligreses.

Refiriéndose al actual incremento de católicos en la Federación Rusa, se afirma que éste "no se produce por el paso a la Iglesia Católica de fieles ortodoxos. Los nuevos católicos provienen sobre todo de ambientes habitualmente alejados de toda religión... Esto es suficiente para descartar cualquier acusación de proselitismo..." Otras fuentes informativas concuerdan con esos datos y subrayan que los católicos no llegan a alcanzar el 1% de la población.

Mientras los católicos afirman ser 1.300.000, los ortodoxos niegan que lleguen a más de medio millón. Los ortodoxos sólo aceptan a otras Iglesias cristianas como "huéspedes" con estructuras mínimas de servicio para sus fieles inmigrantes (polacos, alemanes, lituanos, etc.) o de paso.

El desencuentro ya había empezado en 1991 cuando Roma creó las primeras dos administraciones apostólicas en Rusia. Pero el diálogo continuó con importantes avances y aún en la actualidad se dan fecundos contactos entre distintas diócesis católicas de Europa con Moscú. Por ejemplo, con la organización católica "Kirke in Not", que en los últimos diez años donó 17 millones de dólares a la Iglesia Ortodoxa rusa .

JUAN PABLO II:

DECÁLOGO DE ASÍS POR LA PAZ

Un mes después de la Cumbre Mundial de las Religiones celebrada el 24 de enero, Juan Pablo II envió una carta a los jefes de Estado para hacerles llegar el "Decálogo de Asís por la paz" (ver p. 23). El documento fue proclamado al concluir el encuentro más grande de la historia de representantes religiosos.

El decálogo, que fue leído por cristianos de las diferentes confesiones, judíos, musulmanes, budistas, hindúes, sijs, representantes de las religiones tradicionales de África y de Asia, comienza con una condena de "la violencia y el terrorismo" como "incompatibles con el auténtico espíritu de la religión". En su carta, el Papa expresa su convencimiento "de que estas diez proposiciones podrán inspirar la acción política y social" de los diferentes gobiernos. "Pude constatar que los participantes en el encuentro de Asís estaban más animados que nunca por una convicción común -recuerda Juan Pablo II-: la humanidad tiene que escoger entre el amor y el odio".

Entre otras cosas, en el Decálogo de Asís, los líderes religiosos se comprometieron a "estar al lado de los que sufren a causa de la miseria y el abandono, haciéndonos portavoces de quien no tiene voz y trabajando concretamente para superar tales situaciones, con la convicción de que nadie puede ser feliz solo". Por último, el Papa asegura que "la Iglesia Católica seguirá comprometiéndose para que el diálogo leal, el perdón recíproco y la concordia mutua tracen la ruta de los hombres en este tercer milenio".