El Éxodo: la crónica de un pueblo que busca su libertad

  "Al igual que los antiguos israelitas, este pueblo valiente que me acompaña, busca la libertad, por eso hemos salido en esta marcha, para no ser más esclavos de nadie". General José Artigas, carta al gobernador de Santa Fe, durante el llamado Éxodo del pueblo oriental (1811).

Dentro de los cinco libros primeros de la Biblia (que los judíos llaman Toráh o Ley, y los cristianos Pentateuco), el libro del Éxodo ocupa un lugar esencial. Es el libro fundacional de la nación israelita, en el cual se establecen los principios de su historia como pueblo, de cómo llegó a adquirir conciencia de serlo; antes eran los "Hebreos", palabra despectiva que viene del egipcio "Jabirú", que quiere decir algo así como pastorzuelo, en sentido despectivo. Los egipcios no comían carne de vaca o de oveja, y consideraban "bárbaros" a esos pastores advenedizos que llevados por el hambre vinieron a habitar en su país en el año 1700 a.C.

El Éxodo nos cuenta la historia de este pueblo esclavizado, que ni conciencia de ser un pueblo tenía, que comienza a descubrir que está llamado a dejar de ser esclavo, a ser libre, y que es el pueblo elegido de Dios.

Es también la historia de su líder y libertador: Moisés, un profeta valiente y decidido, que venciendo sus miedos lidera su camino a la libertad. Esta epopeya, escrita en esta categoría, no dice todo lo que pasó, sino una parte.

Los historiadores discuten mucho sobre si todo Israel protagonizó la ida a Egipto, la esclavitud de 400 años, y la gesta libertaria del Éxodo cuya fecha más probable es el año 1250 a.C.. Al parecer, el Éxodo fue protagonizado por un núcleo de lo que después sería el pueblo de Israel, pueblo semita nacido de los antiguos pueblos amorreos, que hacia el siglo XIX antes de Cristo invadieron Medio Oriente, y llegaron hasta Egipto, buscando tierras para vivir. Abraham formó parte de esa gran migración, y sus descendientes, debido a la sequía (o por lo menos algunos de ellos) salieron de Canaán hacia el año 1700. Allí vivieron en paz, puesto que unos nómadas semitas llamados Hycsos, reinaban en Egipto, y les ofrecieron cobijo.

Cuando los egipcios se independizan, se vengan de estos huéspedes del pueblo que los había dominado, haciéndolos esclavos (cfr. Éxodo cap. 1). Un joven refugiado hebreo educado para ser un capataz de sus hermanos, y esclavizador de su propio pueblo (técnica empleada secularmente por todos los imperios) se rebela contra sus amos y luego de huir al desierto vuelve para hacer que el pueblo se escape de allí, conduciéndolos por el desierto en busca de una tierra donde puedan ser libres.

Este pueblo volverá a Canaán y hará que los hebreos que se quedaron allí, asuman esta historia como propia y se reconozcan con los aventureros del desierto, un mismo pueblo.

Este pueblo no se reconoce nacido del esfuerzo de los hombres, ni cree que fue Moisés quien lo fundó, ni tampoco Abraham. Todo parte de un llamado de Dios a ambos y a todo el pueblo con el cual hizo Alianza (Éxodo cap. 1 al 3; Génesis 12,1-11 y además Éxodo cap. 19 y 20).

Es Dios quien los ha llamado, es Él quien les ha revelado su Nombre como Yavé: Yo soy el que soy (Éxodo 3,14-15) que quiere decir: "Yo estoy", porque Dios comparte la historia de su Pueblo, y no mira de arriba la historia, como los dioses de otros pueblos; y también: "Yo soy", puesto que los dioses de los otros pueblos no son realidad, y él es el Dios vivo.

¿Qué abarca el libro?

No nos cuenta toda la historia sino una parte, la liberación de Egipto y la llegada al desierto del Sinaí en donde se establece la Alianza del Pueblo con Dios, y parte de la travesía por el desierto. Además de narrar la historia, recoge un grupo de leyes (las más importantes) que constituyen un código ético formidable para la época. Nunca la humanidad había conocido hasta ese momento una legislación tan avanzada, donde la vida es respetada. Por primera vez se escuchaba esta ley: "No matarás" (20,13). O esta otra: "No tendrás otros dioses más que a mí" (20,3).

Este libro fue compuesto al igual que el resto del Pentateuco en un período muy prolongado. La tradición oral será muy importante en la conservación de estos recuerdos, que comienzan a tener forma escrita hacia el 970 a.C. durante el reinado de Salomón. Esta colección terminará de ser compilada hacia el siglo VI antes de Cristo, después de la vuelta del Exilio en Babilonia, momento de verdadera crisis, que invita a poner por escrito estas tradiciones. Sólo así, recordando sus orígenes y su llamado a ser el Pueblo elegido del Señor podría Israel conservarse entero como Pueblo, y no perder su libertad e identidad.

 

Eduardo Ojeda

 

Opción por los Pobres y opción liberadora

Jesús "vino para que todos tengan Vida" (Jn 10,10), por eso privilegió a los débiles, a los excluidos, a los enfermos, a los indefensos, etc..

Hoy también es fuerte la sensibilidad de los cristianos en relación al servicio que deben prestar a las multitudes empobrecidas del continente y del mundo. La hna. Teresa de Calcuta decía: "Si puedo ver a Jesús en la apariencia del pan, debo verlo en los cuerpos atormentados de los pobres".

Es evidente que existe una teología y espiritualidad de la liberación, ya que el Evangelio de Jesucristo es mensaje de libertad y fuerza de liberación. A esa teología y espiritualidad debemos transformarla en una correspondiente acción liberadora a través de la cual, en el mundo marcado por las desigualdades sociales, se anuncie el Evangelio liberador. Santo Domingo habla de "promover, de modo más eficaz y valiente, los derechos humanos, desde el Evangelio y la Doctrina Social de la Iglesia, con la palabra, la acción y la colaboración, comprometiéndose en la defensa de los derechos individuales y sociales del hombre, de los pueblos, de las culturas y de los sectores marginados, así como de los desprotegidos y encarcelados" (SD 168).

Todos los que son Iglesia -¡también y sobre todo los ricos!- deben optar en favor de los pobres para liberarlos de la pobreza y la exclusión. Es un imperativo que nace desde las primeras páginas del Éxodo, llegando hasta la práctica de Jesús y el magisterio de la Iglesia.

Como muy bien aclara el teólogo Pablo Bonavía, la opción por los pobres del cristiano "no es una decisión estratégica que se justifique por su funcionalidad a un determinado proyecto histórico, ideología o modelo de sociedad. Es una opción que pertenece al plano de los principios, de lo innegociable, de la propia concepción de la vida... Es una opción que vale por sí misma, no porque sea victoriosa o porque otorgue garantías de ser una estrategia para lograr cambios estructurales... Y una opción que no estará en función de otra cosa sino que será una expresión de la gratuidad que caracteriza al encuentro con lo absoluto, con lo que vale por sí mismo, con lo que da valor a todo lo demás. En este sentido lo verdaderamente alternativo para el cristiano no es un modelo de sociedad sino una práctica. La práctica de hacernos recíprocamente sujetos de la historia, ampliando los espacios de decisión de todos. Que sólo es verdadera y universal cuando lo hacemos a partir de los que son sistemá-ticamente excluidos. Esta práctica de hacernos solidariamente sujetos los unos a los otros ya ahora, en el presente, con todas sus ambigüedades, es lo que da sentido a todo lo demás."

Podemos discutir sobre las formas más eficientes y eficaces de ayudar realmente a los pobres, en las multiformes maneras en que se presentan, sobre todo la económica, fuente de muchas otras miserias, pero nunca dudar de que debemos realmente hacer la opción por los pobres tratando de descubrir, en el "aquí y ahora", las formas más eficaces.

En nombre del Evangelio, ¿estamos realmente convencidos de que tenemos que concretizar, por diferentes formas y medios, la opción por los pobres? ¿Todavía mantenemos una mentalidad cerrada pensando que los que se deben preocupar por la liberación integral de la persona son los integrantes del equipo de pastoral social, Cáritas o un pequeño grupo de la parroquia que distribuye cada semana un poco de alimento y algunas ropas?