Las esperanzas en "Kandahar"

Kandahar (Safar é Ghandehar)
Irán-Francia, 2001.
Género: drama.

Duración: 85 minutos.

Dirección, guión y montaje:
Mohsen Makhmalbaf.

Con: Niloufar Pazira (Nafas),
Hassan Tantai (Tabib Sahid), Sadou Teymouri (Khak).

Podríamos decir, parafraseando a Ortega y Gasset, que un film es él y sus circunstancias. Las circunstancias de esta película, de su distribución y exhibición, son los sucesos conocidos por todos desde el 11 de setiembre de 2001: la salida del anonimato de Afganistán, la conciencia de la particular situación de sus mujeres, de los destrozos de las sucesivas guerras (civiles e internacionales), del hambre, de las minas personales, de los refugiados, del fundamentalismo islámico talibán...

Kandahar, la película, es otra estupenda joya del cine iraní. Su director, Mohsen Makhmalbaf, es un notable cineasta aunque poco conocido por estos lares. La idea del film le vino del encuentro casual con Niloufar Pazira, una periodista afgana residente en Canadá, que deseaba ingresar a su país para encontrarse con una amiga, con quien había perdido contacto.

El film narra, ficcionando en parte, la historia del viaje de Pazira, que se interpreta a sí misma. Nafas regresa a su país para encontrar a su hermana, quien le anunció que se iba a suicidar el día del último eclipse del siglo. Comienza con su ingreso a Afganistán por la frontera iraní y presenta la odisea de Nafas. Primero intenta hacer el camino con una familia de refugiados, luego con un niño buscavidas (Khak), enseguida con un pseudo médico estadounidense y finalmente con un grupo de mujeres que se dirige a Kandahar para una boda. El viaje es registrado doblemente. Por las impresiones de la protagonista, en un grabador de mano y por la cámara que muestra y denuncia diversas realidades: la vuelta de refugiados, la inseguridad en los caminos, la instrucción de los futuros mullah en una madrassa, la labor de la Cruz Roja con los mutilados, etc..

Esta obra, en cuanto a su género, está emparentada con el documental, pero propiamente es una road movie (película de carretera). Este género, al narrar historias de viajes, de camino y de caminantes, permite aunar el viaje exterior y la travesía interior, de protagonistas y espectadores.

La peripecia de los tres días de Nafas, documentados en imagen y grabaciones, se abre al camino de su pueblo, de sus mujeres, y muestra esas huellas, una y otra vez transitadas, del andar humano. La búsqueda, la solicitud y el cuidado de los otros, los imprevistos y encrucijadas, los caminos cerrados y la terquedad para caminar. Andar no es vagar, ciertamente.

Esta rebeldía de Nafas tiene que ver, explícitamente, con las razones para vivir. Ante la asfixia de una existencia adversa y cerrada al futuro, Nafas lleva y comparte la rebelde esperanza, motor de una vida.

La caravana de mujeres rumbo a Kandahar, uniendo el colorido de las burkas en medio de la aridez desértica y la música que brota de aquellos labios, abre la vida a esa esperanza inquietante y liberadora.

Una última consideración tiene que ver con una realidad que aparece profusamente: los ojos y la mirada. Cómo ver esta realidad, cuál es la mirada certera. La mirada de Nafas es la mirada apropiada. No es la del extranjero, ni es la de la mujer sometida a la burka. Es la mirada comprometida pero ensanchada por la libertad interior. En contraste aparece la mirada de la mujer sojuzgada, recluida en la cárcel de una burka. Desde ella se ve una realidad incompleta y cuadriculada. Las "cabezas negras", entonces, no sólo tienen una imagen distorsionada de las personas y de las cosas, sino incluso carecen de una imagen de sí mismas. Nafas sí la tiene, y nos la otorga. Mirada y esperanzas, aquello que no vemos, pero que aguardamos y buscamos.

Por su propia calidad, y por sus circunstancias, Kandahar resulta imprescindible.

 

Alejandro Ferrari