VENEZUELA

Balance de tres años difíciles  

El 3 de febrero pasado el presidente Hugo Chávez cumplió tres años al frente de lo que él llama "revolución bolivariana", en el contexto de una grave baja de popularidad y de una serie de enfrentamientos con distintos sectores, inclusive con la Iglesia Católica.

Hugo Chávez fue reelegido presidente en julio de 2000 con un buen porcentaje de votos (60%), y su partido (Movimiento Quinta República) obtuvo la mayoría absoluta en el parlamento. En Chávez se depositó mucha esperanza, aun de parte de la Iglesia. Después de la crisis terminal de los partidos tradicionales, el nuevo líder proponía una "revolución bolivariana" pacífica, en favor sobre todo de los más pobres. Según la organización no gubernamental venezolana PROVEA (Programa de Educación y Acción en Derechos Humanos), en su balance anual del 7 de diciembre pasado, "hay una clara regresión en la mayoría de los derechos civiles y políticos". Por lo que se refiere a los derechos económicos y sociales, según el informe "hay una preocupación presidencial en cuanto a la salud, educación, alimentación, problemática de la tierra, y se busca combatir los privilegios de la oligarquía, por ejemplo, con leyes a favor de los indígenas, la ley de tierras eliminando el latifundio, la ley sobre la pesca y los hidrocarburos...), pero las buenas intenciones no logran tener impacto en la realidad. Es a nivel de ejecución, coordinación y gerencia donde se presentan enormes fallas, por lo que los planes tienen una débil incidencia en la sociedad."

Esa distancia entre el dicho y el hecho de las propuestas presidenciales es lo que advierte también el p. Arturo Sosa, politólogo y provincial de la Compañía de Jesús en Venezuela. Afirma en un artículo: "Aumenta la sensación de un doble discurso en los responsables del cambio. El presidente, que ejerce un liderazgo de excesivo corte personal, no ha sido capaz de concretar un programa de gobierno coherente y unos planes a corto plazo". Sosa cree que Chávez no debe renunciar como piden algunos porque Venezuela podría caer en la anarquía pero sí rectificar el rumbo y ponerse a la cabeza de un diálogo nacional. En la misma tesitura, los obispos, en los últimos tiempos han criticado el estilo autoritario del presidente, la tentativa de hacer callar a la prensa opositora, pero sobre todo la polarización alrededor de la polémica figura del presidente que prefiere la confrontación al diálogo y frente a las protestas crecientes va militarizando el gobierno.

El obispo Baltasar Porras, presidente del episcopado, afirmó recientemente: "A los tres años de una ilusión esperanzada y compartida por la mayoría de los venezolanos, nos encontramos frente a un panorama de corrupción, inautenticidad y oportunismo. Lo que más nos preocupa es que haya más interés en encender hogueras de odio y descalificación que en descubrir lo que nos une." La ocasión para un conflicto abierto con los obispos se dio cuando después de una misa televisada en presencia del presidente donde unos curas de barrio elogiaron la acción del gobierno en favor de los pobres, el cardenal de Caracas, Ignacio Velazco, desautorizó a los sacerdotes por politizar la Misa. Estos contestaron que "nunca en el país se vio tanta participación a nivel popular para con el nuevo proyecto de país que se promueve y nosotros como Iglesia no podemos dar las espaldas al pueblo". A su vez, el presidente Chávez definió a la jerarquía eclesiástica como "un tumor para Venezuela".

A pesar de la tensa situación, los obispos no rompieron el diálogo con el gobierno.

Ellos saben que los más pobres siguen esperando en el presidente; sólo exigen que el gobierno abra un diálogo verdadero con la sociedad y se concentre efectivamente en los problemas más graves del país como la corrupción y el desempleo.