Solidaridad y tierra para los inundados

Entre el 10 y el 20 de marzo, la zona sur del país vivió momentos aciagos. Primero fue un violento tornado con vientos de más de 200 kilómetros por hora, que arrasó literalmente con más de 200 casas de familia, 35 escuelas, 67 torres de hierro de la línea de energía eléctrica de alta tensión, galpones e invernáculos y diezmó la producción granjera. Luego siguieron las lluvias torrenciales durante varios días, que inundaron amplias barriadas de ciudades como Canelones y Montevideo; y otra vez los fuertes vientos que tiraron al suelo lo que había quedado debilitado o recién se empezaba a reconstruir. Las pérdidas totales se estiman en más de 20 millones de dólares (es posible que esa cifra sea superada ampliamente) y más de 4.000 personas debieron ser evacuadas en ambos departamentos.

Pero la ayuda también llegó y "torrencialmente": empresas privadas y personas de todas las condiciones enviaron su colaboración.

Además del Cilindro Municipal de Montevideo y el Hospital viejo de Canelones, muchos otros locales de clubes o de iglesias sirvieron como alojamiento provisorio para los damnificados. En el Santuario Nacional de la Gruta de Lourdes, los damnificados, al recibir la visita de varios ediles y concejales reclamaron no sólo ayuda puntual de alimentos y ropa, sino también tierras para construir sus viviendas. El p. Rodolfo Bonci, apoyando estos reclamos, subrayó que la respuesta solidaria se concretó inmediatamente, como es habitual. Pero ahora, se pide planificar acciones no sólo de socorro sino también preventivas, ayudando a esta gente a obtener mejores condiciones de vida.

"La tierra es de los uruguayos" y hay que encontrar soluciones dignas para todos.

En Paysandú, el Movimiento de Inundados es un ejemplo a tener en cuenta. Desde hace varios años, un numeroso grupo de familias de muy escasos recursos que recurrentemente sufrían los daños de las crecidas del río y los arroyos, se organizó y buscó soluciones definitivas como la construcción de nuevas viviendas, dignas, en zonas no inundables, mediante el trabajo coordinado, la ayuda mutua, los objetivos de largo plazo y el apoyo estatal.

A veces los pronósticos meteorológicos se cumplen, pero lo que sí es seguro es que la voluntad y la solidaridad pueden mucho más.

 

UN LUGAR EN EL MUNDO

La revista del Departamento de Laicos de la Conferencia Episcopal del Uruguay, "Un lugar en el mundo", ha editado su segundo número que contiene los ricos aportes del 25º Encuentro Nacional de Laicos.

En la reflexión de Pablo Bonavía se aclara que esa categoría de "laicos" tiene sus riesgos y sus límites, porque es una definición de contraposición y muy institucional que marca lo que uno es por lo que puede hacer o no. Lo propio de la Iglesia es que su ser sociedad visible hace presente otra realidad absolutamente alternativa y transformadora que cambia la historia deshumanizadora... La Iglesia es un "misterio" que no tiene nada de inocuo, ni de piadoso o ahistórico. La Iglesia no es simplemente una sociedad visible entre otras, luchando para ganar espacios de poder o de prestigio... Y los laicos no son agentes para conquistar estos espacios sociales... ellos son los "fieles", que "simplemente" (nada más y nada menos) hacen presente a Cristo en la historia contemporánea. En la Iglesia "no hay nada más radical, ni más importante, ni más digno, ni más carismático, ni más exigente que ser simple fiel". Otras noticias, artículos y los aportes valiosos de mons. Orlando Romero, de Patricio Rodé, del pbro. Francisco Barboza junto a una extensa entrevista a la periodista televisiva Blanca Rodríguez, completan este jugoso número de "Un lugar en el mundo".