ILDA ESCALANTE

El testimonio de una misionera

Ilda Escalante es animadora desde hace años en la Parroquia de Ntra. Sra. de Itatí, en Villa Chica (Resistencia). Es una mujer de mucho entusiasmo misionero y espiritualidad; una mujer que a los 72 años es capaz de animar un grupo de jóvenes y motivarlos para la misión. Es conocida su sabiduría, propia de la gente de mucha fe y de gran experiencia de vida, a la luz de la Palabra de Dios, que se traduce en palabra simple, en consejos sabios y populares.
Umbrales conversó con ella y le propuso que compartiera su testimonio de fe y de esperanza.

• Ilda, cuéntanos algo de tu comunidad...

- En la Parroquia de Ntra. Sra. de Itatí (Villa Chica), en la periferia de Resistencia, hay una capilla dedicada a la Virgen Inmaculada. Dicho centro de culto surgió allá por los años ‘80 cuando era obispo de Resistencia, mons. Marozzi y párroco de Itatí, el p. Mario Pellicioli. Es uno de los barrios más pobres y que últimamente ha crecido mucho. Está ubicado a orillas del Río Negro y varias familias han tenido problemas con las inundaciones.

• ¿Desde cuándo estás trabajando en esta comunidad parroquial de Villa Chica?

- Ante todo yo me inicié en la Capilla San Francisco en 1960; vinieron los sacerdotes misioneros e instalaron la carpa frente a la capilla; los misioneros franciscanos visitaban las casas con la Virgen; los padres me invitaron a la espiritualidad franciscana e hice mi promesa; con el p. Guillermo Alarcón íbamos todos los años de retiro con los Franciscanos a San Antonio de Arredondo. También nos fuimos con el p. Delio Ruiz a Posadas en el Congreso Nacional de los misioneros y con el p. Juan Carlos, a Tucumán. Nunca abandoné mi trabajo en la Iglesia.
Mi primera experiencia misionera con los Padres Dehonianos fue con el p. Guillermo Exner, en una misión en la Escuela 100 de General San Martín. Caminaba por el monte varios kilómetros con los jóvenes hasta casi la noche, visitando a las familias. Al p. Guillermo le agradezco de todo corazón porque me llevó a misionar y a él le debo el lugar donde estoy, con mucha fuerza y mucha fe.
Hice también el Cursillo de Cristiandad, que me ayudó mucho a crecer en la fe. Cuando vino a la Parroquia el p. Juan Carlos, por unos meses trabajé en Barrio Toba y después fui destinada a la Capilla de la Inmaculada.

• ¿Cuáles fueron las motivaciones que te llevaron a trabajar por tanto tiempo y con perseverancia en barrios a veces tan difíciles? ¿De dónde sacaste la fuerza y el entusiasmo para seguir adelante?

- Creo que la fuerza la da Dios, la Virgen, y el Espíritu Santo que nos da fuerza, nos acompaña siempre y nos ayuda; nosotros ponemos nuestra voluntad y paciencia; es difícil y cuesta un poco, pero se sigue adelante con mucho amor. Yo hice cursillos y retiros que me ayudaron mucho y me motivaron; en cada retiro voy aprendiendo algo. La parroquia ha cambiado mucho porque ahora ofrece a los laicos más formación y hay mucha ayuda recíproca entre sacerdotes y laicos; a todos nos entusiasma aprender las cosas de Dios y participar en algo, eso nos saca del miedo y de la timidez que tenemos.

• Hay un grupo de laicos bien formados en las comunidades; ¿actualmente cuál es tu misión específica?

- Sí, hay grupos capacitados en todas las Capillas y en la Parroquia: se han capacitado en los cursos de formación. Mi misión es andar por las calles del barrio, misionando; soy ministra de la Eucaristía, llevo la comunión a los enfermos. Formo parte del Consejo, y en la Parroquia soy la delegada de la Pastoral de la Salud.

• Sabemos que no es fácil reunir a los jóvenes y trabajar con ellos. ¿Cómo ves la presencia de los jóvenes en tu comunidad?

- Sí, es difícil y cuesta atraer la gente a la Iglesia; sólo con la paciencia y la escucha se logra... Lo mismo pasa con los jóvenes: hay que tener paciencia, hablar con ellos, darles esa sonrisa que ellos necesitan y hacerse joven como ellos, y hay que tener carácter para que no te atropellen. En la Inmaculada hay un lindo grupo integrado por 17 jóvenes que tienen mucho entusiasmo por aprender y están trabajando muy bien. Es muy lindo trabajar con ellos, te cambian espiritualmente, te contagian esa alegría que tienen.

• Es conocido tu entusiasmo misionero, que te lleva a recorrer los barrios. ¿Qué piensa la gente de la Iglesia y qué habría que hacer para que viva más su fe cristiana?

- Creo que la gente se fija mucho en los que estamos al frente en la Iglesia, los sacerdotes y los laicos; es importante el contacto humano, el simple saludo, crear simpatía. Hay que tener paciencia, la gente es católica a su manera. A veces se acuerdan que hay que ir a la Iglesia cuando están con dificultades. Yo les digo que vayan a Misa y a ver si rezando entre todos, se arreglan los problemas del país.

• ¿Cuáles son las satisfacciones que has experimentado en tu trabajo misionero y cuáles las dificultades mayores que has encontrado?

- La satisfacción más linda para mí es caminar junto con el compañero de misión, encontrar a esa gente tan humilde a la que llevamos la Palabra de Dios y ver que ellos la escuchan tan atentamente. En la misión no me di cuenta de las dificultades, porque me gusta trabajar y compartir con los compañeros y con la comunidad.

• ¿Qué mensaje le dejarías sobre todo a los jóvenes para que sigan trabajando por el Reino de Dios en nuestro mundo?

- A los jóvenes les digo que cuiden su juventud y que sigan ese camino de verdad hacia Dios. Dios necesita a los jóvenes, hombres y mujeres, para que trabajen en su Reino y que no se dejen llevar por el mal. Que trabajen con fe, esperanza y amor, allí donde los necesiten, especialmente en la Iglesia...

Atilio Zorzetti