Identificación
y pertenencia
Empezamos una nueva
etapa de la vida de esta revista.
Un nuevo cambio de sede, volviendo a estar cerca del lugar
donde nacimos en 1990, el Santuario de la Gruta de Lourdes.
Un momento oportuno para revisar la marcha.
Umbrales nació como revista de formación e información
para un nuevo anuncio en América Latina,
una revista de actualidad religiosa para todo el pueblo de Dios,
para que viva más intensamente su misión en el mundo,
con formación y madurez.
¿Cómo ayudarnos mutuamente a descubrir que el
compromiso cristiano en el mundo, la lucha ante la injusticia,
la entrega generosa para transformar la sociedad, etc.,
son realidades que nos tocan a todos?
En la falta de identificación con los valores y vivencias de la fe
es donde se desvanece la posibilidad de una auténtica pertenencia.
A esta ardua tarea de identificación cristiana en el mundo de hoy
quiere justamente colaborar Umbrales con sus materiales
de recopilación y de información y también con sus testimonios,
entrevistas y retratos que rescatan las experiencias
y las opciones valiosas de tantos hermanos en la fe.
En efecto, la identificación progresiva ha de traducirse
en elecciones y opciones personales.
Sin éstas es imposible una verdadera adultez en la Iglesia.
Sin opciones personales son imposibles la participación
y la corresponsabilidad en la comunidad.
Una comunidad, una Iglesia que en sus relaciones
y proyecciones defienda y favorezca
los procesos de discernimiento y crecimiento.
Una Iglesia que descubre y vive su propia relatividad,
que se identifica, que vive como discípula y como tal se aventura
a opciones nuevas, que es lugar y sujeto de participación.
Una Iglesia plural en sus encarnaciones, carismas y ministerios,
samaritana en sus funciones y renovada en sus estructuras.
Sólo unas comunidades adultas, en una Iglesia
que estimula la adultez, pueden educar en la pertenencia
y en la solidaridad verdaderas.
No somos "clientela" de la Iglesia.
La mera dependencia y la pasividad no forman en la adultez.
El cliente no pertenece; el cliente negocia: paga por la satisfacción
de sus necesidades. No es parte de la comunidad.
Simplemente la usa para sus fines personales.
Una vez más, al retomar el camino desde nuestro humilde servicio
en las páginas de esta revista, queremos colaborar en
la identificación y la pertenencia de todos los cristianos
para que se sientan una Iglesia viva,
para la transformación del mundo.
Quinto Regazzoni