A LOS 20 AÑOS DE LA GUERRA DE LAS MALVINAS

El absurdo fenómeno de la guerra

En este mes de junio se celebran los 20 años de la histórica visita del Papa Juan Pablo II a la Argentina durante la guerra de las Malvinas y su llamado a la paz cuando el 14 de junio de 1982 invitó a los jóvenes en Palermo a "hacer con sus manos unidas una cadena de unión más fuerte que las cadenas de la guerra".

Antes del combate los soldados argentinos iban al frente bajo el lema: "Por Dios y por la patria". Los pilotos antes de cada misión rezaban el rosario y en sus pechos tenían medallitas y cruces... Todas las unidades viajaron con sus capellanes, que llegaron hasta las primeras líneas para dar la comunión, con lluvia o nieve, y bendecían las posiciones de defensa. Nadie duda del valor y la fe de estas personas. Si las creencias individuales son inobjetables y en algunos casos conmovedoras, es indudable también la utilización que de ellas hizo la conducción político-militar...

En medio de este ambiente, el Papa viajaba a Inglaterra y llegaba a Buenos Aires desechando la guerra y exigiendo la paz inmediata y el comienzo de negociaciones.

Las negativas consecuencias del espíritu de cruzada llevaban al extravío moral e intelectual. La operación de desembarco en las Malvinas se llamó Operación Rosario, en honor a la Virgen del Rosario. No hay que olvidar que los militares de la guerra de las Malvinas eran los mismos que en marzo de 1976 se dieron como objetivo del golpe: aniquilar la subversión, asegurar la propiedad privada y restaurar la "moral cristiana"...

Con la recuperación militar de las islas Malvinas, usurpadas por Inglaterra, la dictadura se apropiaba (para salvarse), y a través de una guerra, de una reivindicación histórica que contaba con un amplio consenso popular. Nadie cuestionó los métodos. A pesar de que en diversas declaraciones plantearan la búsqueda de "caminos de paz que asegurando el derecho de cada uno, ahorren los males de cualquier conflicto" (Comisión Ejecutiva de la CEA del 3-4-82), la tónica general de la Iglesia fue la de participar de la euforia nacional militarista. Y esto hasta la llegada del Papa.

Juan Pablo II desde los comienzos llamó a las partes a un inmediato cese del fuego para acordar una salida diplomática, en defensa de la vida y de la paz. Así como el Papa había sido el primero en manifestar públicamente su preocupación por los desaparecidos a pesar de la diferente opinión de varios obispos, en este caso también el Papa llamó la atención de la Iglesia sobre el deber de la paz. Pidió que se retiraran los que habían invadido las islas, y que después se negociara. En aquel momento era posible lograr mucho más con las negociaciones que con la derrota inevitable que vino después.

Uno de los pocos que se opuso públicamente a la guerra fue el obispo de Neuquén, Jaime de Nevares, al que se le hizo juicio por traición a la patria. El obispo, junto a su presbiterio, diferenció claramente entre un reclamo justo, un medio ilegítimo para efectuar el reclamo (la guerra) y la falta de autoridad de quien lo realizaba, además de hacer un claro llamamiento a favor de la paz (4-6-82).

 

El Papa interviene a favor de la paz

La visita del Papa a Buenos Aires fue tan solo de dos días pero provocó una gran conmoción. Al llegar al aeropuerto de Ezeiza advirtió que "cada vez que se emprenden guerras, se emprende el camino peligroso, regresivo, antihumano que lleva a la catástrofe" e invitó a "interrogarse sobre el absurdo y siempre injusto fenómeno de la guerra". Ya el Papa había dicho en otra oportunidad: "No hay ninguna paz mala, ni ninguna guerra buena". Y antes del viaje a Argentina, hablando en Coventry (Inglaterra) afirmó: "Hoy el peligro y el horror de una guerra moderna, ya sea nuclear o convencional, hace que esta guerra (de las Malvinas) sea totalmente inaceptable como medio para resolver los conflictos". A los jóvenes en Palermo el Papa los invitó a "hacer con sus manos unidas una cadena de unión más fuerte que las cadenas de la guerra". A los jóvenes que coreaban con insistencia: "Queremos la paz", se los tildó desde "La Prensa" (15 de junio) de "muchedumbre desaforada, temerosa, pacifista y derrotista". El Papa mismo sugirió iniciativas como la peregrinación a la Basílica de Luján, cuya masiva asistencia espontánea reveló la voluntad popular por la paz. Juan Pablo II en esa oportunidad auguraba que la de las Malvinas (y la del Líbano) "fueran los últimos ejemplos funestos, para que el mundo aprenda a relegar en el olvido el recurso a la guerra y siga como únicos senderos los de las negociaciones y el entendimiento".

Primo Corbelli