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ARGENTINA Documento Episcopal: "Testigos del Diálogo" Del 22 al 27 de abril pasado se realizó la Asamblea Plenaria (n. 82) de los obispos argentinos. Además de analizar el proceso consultivo para la actualización de las Líneas Pastorales, evaluar el servicio que ofrece actualmente Cáritas, estudiar el desarrollo del Plan Compartir (la reforma económica de la Iglesia) y otros temas menores, los obispos enfrentaron el tema del Diálogo Argentino y emitieron un documento titulado "Testigos del Diálogo". En este documento, los obispos manifiestan que su intervención en el "Diálogo Argentino" convocado por el gobierno, ha sido motivada por las circunstancias trágicas del país y el afán de "ofrecer su ministerio de reconciliación para reconstruir los vínculos sociales" pero no ejerciendo un espacio de poder o entrando en connivencia con el gobierno, sino simplemente a fin de brindar un ámbito espiritual de encuentro. Esta intervención fue ampliamente solicitada por todos los sectores hasta que la Comisión Permanente del Episcopado designó a tres obispos con un grupo de laicos para esa tarea que empezó el 14 de enero pasado. Dijo el obispo Jorge Casaretto: "La Iglesia en este momento correría más riesgo estando ausente que estando presente". En su primera fase participaron en el Diálogo Argentino alrededor de 300 organizaciones y más de mil personas y se visitaron varias ciudades del interior del país. Se pusieron en marcha las Mesas Sectoriales (sociolaboral-productiva, salud, educación, reforma política, reforma de la justicia) para alcanzar un mínimo de acuerdos básicos y aportar soluciones operativas. De las conclusiones alcanzadas surgió un proyecto de "acuerdo nacional" que fue presentado al gobierno y al parlamento; de ser aprobado e implementado, podría constituir la base, según los obispos, de profun-das reformas estructurales en vista de una refundación del país. Por otra parte, los obispos, si bien seguirán participando en el Diálogo, no se declaran satisfechos con los resultados: "hay intereses secto-riales y corporativos poderosos que son las grandes barreras que impiden la construcción del bien común". Según ellos, "ésta es la gran enfermedad que padecemos los argentinos". Y es por eso que "los resultados del Diálogo no se han transformado hasta la fecha en el plan de acción" del gobierno. No existe la voluntad política o la fuerza necesaria para que de las palabras se pase a los hechos. El gobierno y los dirigentes políticos, los empresarios y los financistas están entre los principales responsables de que las iniciativas no se lleven a cabo. Los obispos no quieren convertir este diálogo en una capitulación frente al FMI, porque no comulgan con sus políticas y saben que ciertas exigencias del Fondo son inadmisibles ya que afectan el interés nacional y suponen un costo social moralmente inaceptable. Pero creen que la principal respon-sabilidad es de los argentinos y en especial de la dirigencia. Sin embargo, dentro del mismo cuerpo episcopal, han surgido varias voces que consideran que el Diálogo se desgastó sin aportar soluciones concretas y sin apuntar deci-didamente a un nuevo modelo económico-social. Algunos obispos no quieren sentirse cómplices de un gobierno que no toma medidas a favor de los pobres, perjudicados por la inflación y la desocupación creciente. Muchos se preguntan cómo es posible generar cambios con los mismos actores que han llevado al país a la situación actual. Estas "mediaciones" de la Iglesia además son interpretadas muchas veces como posturas intermedias o neutrales entre los poderosos y los débiles, cuando en realidad se le pide a la Iglesia una clara opción por los pobres. Los organismos de Derechos Humanos no participaron de este Diálogo al que habían sido invitados, por considerar que se sigue con el mismo modelo de exclusión social vigente hasta ahora. En una carta al presidente Duhalde, el
obispo Miguel Hesayne escribía: "Persiste la iniquidad que
se instaló desde noviembre del ’76 y se agudizó en forma cruel en
la década del noventa... A través de la caridad limosnera o la ayuda
social, no se cumple con la justicia social. Ya son 26 años que escucho a
los gobernantes pedir paciencia y hacer promesas de que una vez arregladas
las grandes finanzas y pagadas las deudas del Estado, se va a encarar el
problema social. También nuestra Iglesia Católica en Argentina está
desnaturalizada por culpa de muchos católicos sin compromiso evangélico.
No basta cumplir con actos piadosos cuando están vaciados del amor
solidario, que es real cuando pasa por la justicia social", concluyó |
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