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¿Peligro de disolución nacional? En la homilía del 25 de mayo en ocasión del Te Deum patrio y con la presencia del presidente Duhalde, el card. Jorge Bergoglio advirtió que "el peligro de la disolución nacional está a nuestras puertas" y se refirió con severidad a ciertos dirigentes que "ya no saben cómo mentir y contradecirse para mantener sus privilegios, su rapacidad y su cuota de ganancias mal habidas". Añadió: "Se buscan argumentos para justificar y demandar más sacrificios al pueblo escudándose en la repetida frase ‘no queda otra salida’, pretexto que sirve para narcotizar sus conciencias". Denunció también a ciertos economistas "que tras sus diplomas internacionales y su lenguaje técnico disfrazan sus saberes precarios y su casi inexistente humanidad". Además advirtió: "Sabemos bien que este pueblo podrá aceptar humillaciones pero no la mentira de ser juzgado culpable por no reconocer la exclusión de millones de hermanos con hambre y la dignidad pisoteada". Recomendó finalmente: "Abramos los ojos a tiempo porque una sorda guerra se está librando en nuestro país por sórdidas organizaciones delincuenciales que aprovechan el desamparo social, la decadencia de la autoridad, el vacío legal y la impunidad". No es todavía posible saber si estas palabras tan enérgicas y proféticas han sacudido las conciencias o han caído en el vacío. Los obispos del "diálogo nacional" han advertido repetidamente que a pesar de la crisis y las múltiples advertencias, los dirigentes no reaccionan y por eso los obispos aspiran a una renovación de los políticos y de todos los cargos en las próximas elecciones. La Mesa de Diálogo no ha logrado hasta ahora sus objetivos porque los responsables no se deciden a encarar con plazos perentorios una reforma profunda de la política, del Estado, del sistema impositivo, de la Justicia y de la seguridad. Inclusive la implementación del actual subsidio mínimo para desocupados que ha sido elaborado justamente por la Mesa de Diálogo, suscitó variados problemas. El director de Cáritas, el laico Eduardo Serantes declaró: "Los políticos, al descubrir que en este programa no tienen la posibilidad de manejo de la gente con punteros políticos ni manejo de plata, están protestando, sobre todo los gobernadores, senadores y diputados, tratando de hacer maniobras y mandando malos mensajes a la prensa". Este dinero ya no pasa por los políticos siendo que se ha conformado un Consejo Nacional de Control integrado por el gobierno (en minoría), empresarios, sindicatos, tres organizaciones no gubernamentales y tres confesiones religiosas para implementar dicho plan y llegar directamente a la gente a través de los municipios. ¡No a las cárceles de menores! Desde el Ministerio de Justicia se ha presentado a la Presidencia un proyecto para bajar la edad de imputabilidad de los delitos de los 16 a los 14 años; se dice que el delito exige castigos más severos y a más temprana edad. El p. Julio Grassi, de la Fundación "Felices los niños", que brinda atención integral a chicos y jóvenes en situación de abandono, se declaró contrario a la propuesta. "Normalmente los chicos menores de 16 años no son protagonistas de los delitos por propia voluntad , sino que son llevados por personas mayores. Lo que se debe hacer no es, como sucede ahora, devolverlos al entorno anterior sino recuperarlos dentro de instituciones aptas para ello, a nivel privado y también público, porque es un deber del Estado". Frente a las dificultades económicas del momento, el sacerdote denuncia la mala administración de las instituciones estatales. "A nuestra Fundación le cuesta doscientos pesos por mes sostener la vida de un chico y al Estado le está costando dos mil. El Estado debe optimizar su atención y abaratar los costos." Al preguntársele por qué se opone a la cárcel de menores y a que se baje la edad de imputabilidad, dijo el sacerdote: "Más que buscar su recuperación, se busca vengarse de ellos por los delitos cometidos. Cuando hablamos de encierro o cárcel para un chico, es porque no nos interesa lo que pasa allí adentro. La justicia no es venganza." El sacerdote opina por su experiencia que tratándose de chicos con delitos graves, y no simplemente de chicos de la calle, tampoco sirve que se los incorpore a un nuevo grupo familiar porque no resisten; "hay que tratar de encauzar su vida en una institución apta, mejorar la asistencia del Estado y trabajar asociados a las ONGs para que así con menos recursos se puedan atender más chicos". |
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