Carta de un obispo al presidente EstadoUnidENsE

La verdad sobre el terrorismo

Señor Presidente:

Cuente la verdad al pueblo sobre el terrorismo. Si los mitos acerca del terrorismo no son destruidos entonces la amenaza continuará hasta destruirnos por completo. La verdad es que ninguna de nuestras millares de armas nucleares pueden protegernos de esa amenaza.

Ni el sistema de "Guerra en las estrellas" -no importa cuán técnicamente avanzado sea, ni cuántos trillones de dólares se haya gastado en él- podrá protegernos de un arma nuclear traída en un barco, avión o auto alquilado. Ni siquiera un centavo de los 270 billones de dólares gastados por año en el llamado "sistema de defensa" puede evitar una bomba terrorista...

Usted no contó al pueblo americano la verdad sobre por qué somos el blanco del terrorismo cuando explicó por qué bombardearíamos Afganistán y Sudán. Usted dijo que somos blanco del terrorismo porque defendemos la democracia, la libertad y los derechos humanos del mundo. ¡Qué absurdo! Somos blanco de los terroristas porque, en la mayor parte del mundo, nuestro gobierno defendió la dictadura, la esclavitud y la explotación humana.

Somos blanco de los terroristas porque somos odiados. Y somos odiados porque nuestro gobierno ha hecho cosas odiosas. ¿En cuántos países agentes de nuestro gobierno depusieron a líderes popularmente elegidos, sustituyéndolos por dictadores militares; marionetas deseosas de vender a su propio pueblo a corporaciones norteameri-canas multinacionales?

Hicimos eso en Irán cuando los marines y la CIA derrocaron a Mossadegh porque él tenía la intención de nacionalizar el petróleo. Y lo sustituimos por el Sha Reza Palhevi y armamos, entrenamos y pagamos a su odiada guardia nacional... para proteger el interés financiero de nuestras compañías de petróleo. Después de eso, ¿será difícil imaginar que existan en Irán personas que nos odien?

Hicimos lo mismo en Chile, hicimos lo mismo en Vietnam, más recientemente intentamos hacerlo en Irak. Y claro, cuántas veces hicimos eso en Nicaragua y en otras repúblicas de América Latina...

En cada país, nuestro gobierno obstruyó la democracia, sofocó la libertad y pisoteó los derechos humanos. Es por eso que somos odiados en todo el mundo. Es por eso que somos el blanco de los terroristas. El pueblo de Canadá disfruta de la democracia, la libertad y los derechos humanos, así como el pueblo de Noruega y Suecia. ¿Usted escuchó hablar de embajadas canadienses, noruegas o suecas siendo bombardeadas?

Nosotros no somos odiados porque practicamos la democracia, la libertad o los derechos humanos. Somos odiados porque nuestro gobierno niega esas cosas a los pueblos de los países del tercer mundo, cuyos recursos son codiciados por nuestras corpora-ciones multinacionales. Ese odio que sembramos se volvió en contra nuestra para asombrarnos, en forma de terrorismo... Una vez dicha la verdad sobre por qué existe la amenaza y una vez entendida, la solución se torna obvia. Nosotros necesitamos cambiar nuestras costumbres.

Librémonos de nuestras armas nucleares (unilateralmente si es preciso) y mejorará nuestra seguridad. Alterando drásticamente nuestra política exterior la asegurará. En lugar de enviar a nuestros hijos e hijas a todo el mundo para matar árabes de modo que podamos tener el petróleo que existe debajo de sus arenas, deberíamos mandarlos para que reconstruyan sus infraestructu-ras, proveerlos de agua limpia y alimentar a sus niños hambrientos. En vez de continuar matando diariamente a millares de niños iraquíes con nuestras sanciones económicas, deberíamos ayudar a los iraquíes a reconstruir... todas las cosas que destruimos... En vez de sostener las revueltas, la desestabilización, el asesinato y el terror alrededor del mundo, deberíamos abolir la CIA y dar el dinero que ella gasta a agencias de asistencia.

Resumiendo, deberíamos ser buenos en lugar de malos, y de serlo, ¿quién iría a intentar detenernos? ¿Quién nos iría a odiar? ¿Quién nos iría a querer bombardear? Esa es la verdad, señor presidente. Eso es lo que el pueblo norteamericano precisa escuchar.

Robert Bowan

(obispo de la United Catholic Church en Melbourne Beach, Florida)