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COLOMBIA: Trágico
balance y
nueva etapa del país
El
pasado 26 de mayo hubo elecciones en Colombia, un país militarizado y
en clima de guerra. El nuevo presidente, Alvaro Uribe, cuyo padre fue
asesinado por las FARC, prometió mano dura con los grupos insurgentes,
pero también anunció que está promoviendo una iniciativa para que una
misión internacional de Naciones Unidas, promueva el diálogo con la
guerrilla.
El fracaso del proceso de paz motivó que éste terminara siendo un proceso de preparación a la guerra, ya que permitió a las FARC y al ejército mejorar sus propias filas, haciendo que la guerra sea hoy más dura y cruel. Las FARC han aumentado de 13 a 17 mil hombres, los grupos paramilitares se han duplicado (se habla de unos diez mil hombres), el ejército se ha enriquecido del ingente aporte en armas y consejeros militares de Estados Unidos a través del Plan Colombia. El gobierno de Estados Unidos quiere que se use la ayuda destinada a combatir el narcotráfico, en la lucha contra la guerrilla. El nuevo presidente prometió duplicar el número de policías y de soldados profesionales para enfrentar a la guerrilla que dispone de unos ingresos anuales de más de 400 millones de dólares provenientes del narcotráfico y de los secuestros. A nivel eclesial, después del asesinato del obispo de Cali, Isaías Duarte, el 16 de marzo pasado, otros diez obispos han sido amenazados de muerte. Las Iglesias en su lucha por la paz reciben golpes de todas partes. En 4 años 11 sacerdotes y 26 pastores han sido asesinados por las FARC; 2 sacerdotes y 5 pastores por el ELN; 1 sacerdote y 5 pastores por los paramilitares; 12 sacerdotes y 3 pastores por grupos no identificados. Los curas secuestrados son 19, y 338 los templos y lugares de culto cerrados en los últimos cinco años debido a la guerra. En abril pasado el que fuera portavoz durante cinco años del obispo Isaías Duarte, el sacerdote Gersain Paz tuvo que dejar el país por constantes amenazas de muerte, al igual que el obispo de Sansón-Río Negro, Flavio Calle, víctima de un atentado en Semana Santa. También el p. Miguel Ángel Serna, párroco de San Vicente del Caguán, zona hasta hace poco controlada por las FARC, ha tenido que volver a Italia, su país de origen. Preguntado sobre las FARC, el p. Serna declaró: "En los tres años que ocuparon la zona, las FARC no obstaculariza-ron nuestro trabajo pastoral pero querían que no se denunciaran los secuestros y el reclutamiento forzoso. Yo lo hice hablando siempre claro a la gente en contra de los asesinatos vinieran de donde vinieran, en contra del reclutamiento de los menores, de las violaciones, del narcotráfico. Al comienzo muchos campesinos miraban con simpatía a las FARC. Ahora se han dado cuenta que los guerrilleros matan gente inocente, viven del narcotráfico, envenenan acueductos... Desde 1999 han dinamitado 1.234 torres de energía, 72 puentes y realizado unos 4.400 atentados en oleoductos de todo el país. Inclusive en estos años han obligado a los campesinos del Caguán a cultivar coca. Creo realmente que sus ideales de justicia los han perdido hace tiempo..." Durante la campaña electoral, el presidente electo se creó la imagen de hombre duro y partidario de combatir a los violentos con sus mismas armas, pero la realidad es que tras conocer su victoria se dirigió a ellos con una oferta de paz, tal y como quieren los colombianos. Uribe señaló que "los grupos violentos deben saber que estamos como demócratas ratificando una oferta para construir seguridad democrática, para que ellos puedan acariciar la idea de abandonar los fusiles, de hacer política sin armas y sin que les maten", y les pidió que den "una señal inequívoca de alivio al pueblo colombiano porque esta nación no quiere más derramamiento de sangre, ni más luto".
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