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EN
EL MUNDO Jornada Mundial de la Juventud con el Papa
El
viaje del Papa a Canadá, Guatemala y México del 23 de julio al 2 de
agosto ha demostrado su vitalidad y fortaleza. En los días previos se
habló mucho de los achaques del Papa que hace poco cumplió 82 años y
está afectado por el mal de Parkinson. Se ha hablado inclusive de la
posibilidad de renuncia por parte del Papa, que está prevista en el
Código de Derecho Canónico, pero Juan Pablo II prefiere continuar en
su servicio hasta que le den las fuerzas ya que "conserva intacta
su lucidez mental y mantiene firmes en sus manos las riendas de la
Iglesia", según ha declarado el card. Ratzinger.
Fue sobre todo el deseado encuentro con los jóvenes en Toronto lo que le dio a Juan Pablo II una profunda alegría. Se ha hecho lo posible para que en este viaje, que parecía una muy difícil maratón, al Papa se le ahorraran múltiples desplazamientos para poder llevar a cabo los actos fundamentales. Al llegar a Toronto, Juan Pablo II viajó a la isla de Strawberry situada en el lago Simcoe para un día y medio de descanso, y en la tarde del jueves 25 recibió en el Palacio de las Exposiciones de Toronto la acogida de los jóvenes. En esos días la ciudad se llenó de más de medio millón de jóvenes provenientes de 150 países de todos los continentes para celebrar la Jornada Mundial de la Juventud convocada por el Papa (ésta es la n. 17). La "cruz de los jóvenes" llegó a Toronto desde Italia donde tuvo lugar en ocasión del Jubileo la última Jornada Mundial de la Juventud y después de haber recorrido todo Canadá, durante seis semanas, recorrió también la arquidiócesis de Toronto. Después de haber recibido entrenamiento por internet, 25 mil jóvenes voluntarios provenientes de todo el mundo ofrecieron sus servicios en las distintas áreas. Hasta los presos de las cárceles de Toronto trabajaron para preparar más de 200 mil mochilas para los jóvenes en las que había material religioso y de información. Después de descansar el viernes, el Papa presenció la tradicional vigilia nocturna con los jóvenes en la noche del sábado 27, en el Downsview Park de Toronto y en lo que fue el momento culminante de su tercer viaje a Canadá. El 28 de julio Juan Pablo II presidió la gran celebración eucarística en la que participaron los jóvenes que pasaron la noche en el mismo Downsview Park. A la mañana siguiente viajó a Guatemala donde estuvo 24 horas para canonizar al hermano Pedro de San José de Betancurt, apóstol de los pobres y necesitados de Guatemala y a la vez primer santo de la isla canaria de Tenerife de donde salió como misionero. El 31 de julio el Papa estuvo en México para canonizar frente a una extraordinaria multitud, en la basílica de Guadalupe, al indígena Juan Diego, testigo de las apariciones de la Virgen y beatificar a otros dos mártires también indígenas (Juan Bautista y Jacinto de los Ángeles). Otros viajes esperan al Papa, uno a Polonia del 16 al 19 de agosto y otro a Croacia del 14 al 15 de setiembre, pero este viaje a América Latina ha sido la prueba de fuego para el anciano pontífice que, como ha quedado de manifiesto, busca demostrar hasta lo último su fidelidad a Cristo y a la misión que se le ha encomendado, su espíritu misionero y, en el caso de Toronto, su predilección por los jóvenes.
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