¿Se puede ser honesto y ser político?

Entrevista de Eduardo Ojeda a Mario Cayota

Fundamentos de una Ética de la actividad política

En este tiempo, en ambas márgenes del Río de la Plata, ser político es, para gran parte de la opinión pública, casi como ser un delincuente.
Como toda generalización, resulta inadecuada e injusta,
y por eso queremos tratar el tema de la ética de la actividad política.
Umbrales ha consultado al profesor Mario Cayota, que además de ser docente e historiador,
se desempeña como edil en la Junta Departamental de Montevideo (Uruguay).

LA DESCONFIANZA EN LOS POLÍTICOS

• Se está dando, tanto en Argentina como en Uruguay, una tremenda pérdida de credibilidad de los políticos ante el pueblo. En Argentina, los políticos temen ser atacados por la gente que en plena vía pública los agrede e insulta. Los políticos en general, son acusados de corrupción. ¿A qué se debe esta situación según tu opinión?

- Quisiera precisar que la corrupción siempre ha existido en la sociedad humana; en todas las culturas y en todas las épocas de la historia. Eso se debe al pecado original, hay una tendencia a la corrupción en el corazón del ser humano. Justamente el pecado original se asocia a la corrupción. Hasta en lo que tiene que ver con la consecuencia del pecado que es la muerte, como una forma física de corrupción.

Claro que cuando uno mira la Historia nota que hay épocas críticas en donde se da una mayor corrupción. Creo que en el caso nuestro hay causas que favorecen esta situación y que estas causas vienen de siglos atrás, aunque la corrupción no sea un resultado inmediato de las mismas. Hay que reconocer que en estos momentos la corrupción se ha dado en forma desenfrenada.

Creo que el liberalismo es una de estas causas, más allá de que los primeros liberales eran hombres sumamente honestos. ¿Por qué? Porque el pensamiento liberal independiza la acción económica de la Ética, porque concibe a la Economía como una ciencia o disciplina independiente de la Ética. Pensemos en los pensadores liberales que veían a la Economía, como se ve a la Física o la Química, como ciencia no inmoral sino amoral, que no tiene vinculaciones con la Ética, con leyes propias e independientes. En esta concepción se da un quiebre y una disociación entre la conducta de las personas y la ética.

De la Economía pasamos a la acción política. Y así fácilmente se termina independizando el quehacer político de la Ética, y de ahí viene la gran corrupción que hoy estamos teniendo.

Por otra parte, hay otros valores culturales como el éxito y el inmediatismo. Hoy los valores vigentes en nuestra sociedad son el triunfo, el ganar rápidamente compitiendo con otros, o el lucro llevado a la máxima expresión.

Antes las cosas se debían conseguir con esfuerzo, mediante el trabajo honrado y el ahorro. Eso es lo que nuestros mayores nos inculcaban. Si se quería tener algo, había que trabajar y ahorrar para conseguirlo y el resultado no era inmediato. Hoy la sociedad de consumo en que vivimos tiene como valor el conseguir las cosas en forma inmediata y sin espera. De ahí la popularidad de las tarjetas de crédito, porque prometen justamente esto. Se consigue todo "aquí y ahora" en forma inmediata. Así la gente termina muchas veces endeudándose y echando mano del dinero que no es suyo para conseguir lo que desea. Eso favorece el clima para que la corrupción se incremente.

Por otro lado, hay otro factor que me impresiona mucho. La misma gente valoriza al que tiene esta conducta y actúa en forma deshonesta.

Me ha sorprendido escuchar la opinión de personas que sienten admiración por "el que la hizo bien" y se enriqueció en poco tiempo. Incluso políticos importantes, que han sido reelectos, a pesar de que quienes los votaron sabían que no habían actuado en forma honesta. Hasta hace poco tiempo este fenómeno se veía y era muy común. La opinión pública valoraba la habilidad de estos políticos deshonestos que lograron enriquecerse en tan poco tiempo.

Hay un último factor que se ve "desde adentro" de la actividad política, y en el que tienen mucha influencia los medios de comunicación. ¿Qué político es entrevistado? ¿Quién es noticia hoy? Aquel que está cuestionado por la justicia, el que arma lío y agrede a otros, el que acusa a otros políticos o se pelea con ellos.

Por ejemplo, en la Junta Departamental de Montevideo (equivalente al Consejo Municipal en la Argentina) yo veo a ediles que trabajan muy seriamente (y no me refiero sólo a los de mi partido sino a los de los otros), que trabajan eficaz y honestamente al servicio de la comunidad.

Por ejemplo, en la Comisión de Asentamientos o en la Comisión de Medio Ambiente. Sin embargo, si hacemos una encuesta entre la gente veremos que estos políticos son totalmente desconocidos, porque no aparecen nunca en los medios de comunicación, ya que no se pelean con nadie ni arman escándalo.

En cambio, el que pelea y no hace nada, el que tiene problemas con la justicia, o se pelea con otros políticos, ése aparece en los medios. O también los que tienen un método de confrontación permanente.

Los medios de comunicación tienen una gran responsabilidad en este tema. Porque tendrían que salir a buscar la noticia en donde se está trabajando en favor de la comunidad.

Tengo que decir que no todos los políticos son corruptos, porque conozco compañeros que son de mi partido y de los otros, que tienen una actividad muy positiva y trabajan realmente en favor de la comunidad; lamentablemente son desconocidos porque los medios de comunicación, como la radio o la televisión los ignoran.

Todo esto va creando un estado de opinión en la ciudadanía que le hace creer que todos los políticos son corruptos o personas no confiables que sólo arman escándalo o tienen actitudes demagógicas.

Esto es en mi opinión muy preocupante y ocurre tanto en Uruguay como en Argentina.

 

UNA MENTALIDAD PREOCUPANTE

• La gente suele decir: "para ser político tenés que entrar a hacer cosas sucias, sino no vas a llegar a nada". ¿Es esto cierto? ¿Se puede ser honesto y ser político? Tú dices que sí, pero a costa de no ser conocido. ¿Puede alguien llegar a ocupar un puesto importante sin jugar sucio y siendo honesto?

- Antes era más fácil. Pienso en políticos que no eran de mi partido pero que ciertamente eran honestos. Pienso en el líder histórico del Partido Nacional de mi país, Luis Alberto de Herrera, que siendo rico terminó muriendo pobre. O en Don José Batlle y Ordóñez del Partido Colorado, a quien jamás se le pudo acusar de ningún acto de corrupción.

Más recientemente Wil-son Ferreira Aldunate o Hugo Batalla. Creo que es posible. Hoy es más difícil porque hay una cultura que si bien por un lado censura y rechaza la conducta fraudulenta o corrupta, también la ve como una "viveza" digna de admiración. Esto hay que cambiarlo. Porque si esto no fuera así, ¿por qué se premia a los políticos corruptos con el voto? Aunque creo que no todos los que votan obran de esta manera.

Si lo hiciera sería injusto, porque creo que todas las generalizaciones son malas. Me preocupa mucho esta situación, sobre todo en la Argentina. Una vez me tocó ir allí a dar una conferencia, y cuando algunos se enteraron de que yo tenía una actividad política, pusieron una cara que lo decía todo. Me sentí como si creyeran que yo era un delincuente;

para algunas personas en Argentina, ser político es sinónimo de delincuente, en Uruguay aún no hemos llegado a esto, pero la gente tiene una actitud muy crítica frente a los políticos.

 

• La gente no siempre reconoce que fue engañada por los políticos a los que votó. La otra vez una persona decía en la feria: "Yo estoy asombrado, no me explico cómo tenemos estos gobernantes, porque todo el mundo me dice que no los votó". Ahora bien, si la gente se sincerara diría: "Yo voté a Fulano y me defraudó". La pregunta es: ¿cómo puede hacer el votante común, que no sabe mucho de política, para evitar que le pase esto? ¿Cómo se puede saber que un político es honesto antes de votarlo?

- Puede haber sorpresas aunque se tomen todas las previsiones.

El engaño siempre es posible, puede haber algún aspecto imponderable que se nos escape. Sin embargo es importante que en una actitud serena, y sin dejarse llevar por chismes, uno analice cuidadosamente la historia de esa persona. Ver por ejemplo, si en sus antecedentes hay elementos que indiquen corrupción o la hagan sospechosa de practicarla.

Es conveniente cotejar lo que prometió hacer y lo que hizo realmente luego de ser electo. Es cierto que el doble discurso hoy está de moda, y desgraciadamente es admitido no solamente en nuestros países sino en el resto del mundo. Por ejemplo, hace unos meses yo leía que el presidente de los Estados Unidos le decía al gobierno argentino que el FMI iba a ayudarlo siempre que Argentina no llevara adelante una política proteccionista. Y a los pocos días sale en el diario que Estados Unidos aprueba para los productos agrícolas, una política de un proteccionismo total. Es decir, que lo que se exige a un país no se pone en práctica en el propio. Lo mismo se podría decir de los famosos subsidios en la Comunidad Europea. Se dice una cosa y se hace otra. Creo que es difícil pero no imposible. Yo pongo, por ejemplo, el caso de Tomás Moro, que llegó a ser Primer Ministro durante el reinado de Enrique VIII en Inglaterra, y que se santificó siendo político, y que por su vida terminó siendo mártir, dando un testimonio de gran coherencia. O alguien más cercano, como Federico Ozanam, que hace poco fue beatificado, y está en proceso de canonización.

Lamentablemente en ningún momento se señaló que había sido político. Fue un intelectual francés de 1850, un laico casado y totalmente entregado a los pobres. Creo que es importante rescatar la figura de Federico Ozanam como político.

 

UNA ÉTICA PARA LOS POLÍTICOS

• ¿Es posible establecer una ética para la profesión de político? Y si es posible, ¿cuales serían a tu juicio los principios en los que tendría que sustentarse?

- El sustento de todo esto es enfocar el compromiso político como un servicio, no como la conquista del poder; como servicio a la comunidad, no como una manera de servirse de la comunidad. Éste debe ser el principio fundante, de ahí derivarían todos los otros criterios para establecer una ética política.

También es necesario que haya referentes en los que apoyarla: los famosos valores. Porque si no hay valores objetivos en los que apoyarse, la conducta política podría volverse oportunista y errática, o ser realizada en función de logros personales o sectoriales.

Hay un tercer principio muy difícil de practicar, porque en esto también está involucrada la opinión pública, y puede tener un costo político electoral. Consiste en no decirle a la gente lo que quiere escuchar o le gusta escuchar, sino la verdad de lo que uno piensa o proyecta realizar. Esto es muy difícil, y supone una educación en el pueblo.

Un cuarto principio es la transparencia. En este sentido ayuda mucho lograr la participación de la gente. Ahí ya no es tanto la responsabilidad del político, porque es necesario que haya un control de parte de los votantes, que no se limiten a votar cada 5 años, sino que controlen la actividad de quien eligieron y le exijan cumplir con lo que ha prometido. Si el político se siente exigido se verá obligado a desempeñarse con transparencia y honestidad. Soy un convencido de que uno de los mejores antídotos contra la corrupción es no dejar solo al político sino exigirle y controlarlo. Compartir con él las responsabilidades y decisiones. Eso en nuestra cultura individualista es difícil de lograr. Pero si queremos un real cambio, debemos intentarlo. La participación de la gente es importante para garantizar un buen manejo de la actividad política. El político no puede ni debe actuar solo.

Creo que cualquier cambio político, social o económico, para ser sustentable y duradero, requiere de una conducta ética. Y esta conducta no debe estar presente sólo en el político en cuanto individuo, sino también en su organización política. Como dijimos antes el político no debe actuar solo sino en comunidad. Ésta es la mejor garantía para que no se eche a perder.

 

¿CÓMO SANEAR LA POLÍTICA?

• ¿Qué medidas debe tomar una nación, para sanear a los políticos y liberar la actividad política de la corrupción?

- Primero pienso que es muy importante una actitud de austeridad. Es cierto que hay gerentes de empresa en la actividad privada que ganan mucho más que los senadores y el presidente de la República, pero también es cierto que en la actividad privada hay un lucro totalmente desmedido y profundamente injusto. Hay ganancias fabulosas que no guardan relación con la situación de pobreza de la gente. De esto los medios no dicen nada, ni cuestionan nada. Parecería que por el solo hecho de estar en la actividad privada hay derecho a tener esas ganancias astronómicas. Pero hablemos de los políticos: aún cuando pueda pensarse que por su trabajo y responsabilidades merecen un muy buen sueldo, y podrían estar equiparados a los ejecutivos de la actividad privada, sería muy importante en estos tiempos de crisis donde tanta gente está sufriendo terribles privaciones económicas, que dieran un ejemplo de austeridad y servicio. No estoy diciendo que haya que pagar para hacer política, pero sí ser muy cuidadosos. Imitar a nuestro prócer que daba ejemplo en este sentido. Que también fue representante de la voluntad del pueblo argentino ya que su protectorado abarcaba lo que son hoy algunas provincias del país hermano.

Sus enemigos lo acusaron de muchas cosas, pero jamás pudieron acusarlo de dolo o corrupción o de llevar una vida suntuosa porque hubieran caído en el ridículo.

El testimonio del diario de viaje de Larrañaga acerca de la pobreza y la austeridad franciscana en que Artigas vivía es más que elocuente.

Hay también un testimonio muy divertido de un periodista que va a verlo, y encuentra a un Artigas con un uniforme raído y descolorido. Por supuesto que su mirada lo traiciona, y Artigas nota que está mirándole su atuendo. Y casi con ingenuidad infantil le dice: "No crea que sólo tengo este uniforme, tengo otro pero lo uso para las grandes ocasiones".

Y en ese momento Artigas estaba en el apogeo de su poder político habiendo sido declarado protector de los Pueblos Libres. Y su protectorado abarcaba la llamada Liga Federal, que estaba constituida por la Banda Oriental, que era el actual territorio de Uruguay y Río Grande del Sur, además de Entre Ríos, Corrientes, Córdoba, y Misiones.

Córdoba por ejemplo era una provincia muy rica. Artigas manejaba los caudales de todas ellas, y sin embargo, no aprovechó esta circunstancia para enriquecerse, sino que desde su cuartel general de Purificación gobernaba sin obtener para él comodidades especiales.

Artigas no provenía de una familia acaudalada, pero sí de muy buena posición económica. Artigas entra rico a las Provincias Unidas y termina en la pobreza.

 

UNA DEUDA INJUSTA E INMORAL

• En los últimos tiempos hay algunas personas que se preguntan si se puede gobernar sin hacerle caso al Fondo Monetario Internacional (FMI). Si no habrá que buscar otro camino sin seguir endeudándonos, con una deuda que muchos consideran profundamente inmoral. Otros dicen que no es posible ignorar al FMI y que en estas circunstancias no se puede hacer otra cosa. ¿Qué piensas sobre esto?

- Hago una lectura evangélica, porque tengo un compromiso político muy menor, a nivel departamental en Montevideo.

Pero si tuviera la responsabilidad del gobierno de la República ciertamente no tendría más remedio que sentarme a negociar con el FMI. Por supuesto que trataría de colocar al país en la mejor de las condiciones posibles. Como no tengo esa responsabilidad, me limito a dar mi visión desde el Evangelio.

Creo que el FMI es en este momento un instrumento de dominación. En el mundo han habido muchos imperialismos muy fuertes, unos militares, otros económicos, y el FMI ejerce un imperialismo financiero indiscutible y descarado. Ya Pío XI en su famosa Encíclica Quadragésimo Anno habló del imperialismo del dinero. Así lo llamaba. Es una forma que se ha ideado para mantener a los pueblos del tercer mundo en una dependencia total.

Han habido dos formas paradigmáticas de dominio, una militar y otra comercial.

El Imperio Romano, por ejemplo, era un imperio militar, mientras que los cartagineses ejercían su dominio utilizando el comercio. Creo, que sin perjuicio de que a veces hoy también se recurre a la ocupación militar, predomina este otro tipo de imperialismo.

Es imposible, y lo digo en forma terminante, que los países del tercer mundo puedan desarrollarse con estas deudas brutales, que cada vez son más grandes. Hay montos siderales. Un examen lógico en relación a estas deudas nos lleva a la conclusión de que es imposible un desarrollo mínimamente independiente de nuestras naciones con estas deudas, en donde lo único que hacemos es pagar los intereses que son cuantiosos. No voy a dar cifras ahora pero son aplastantes; para pagar estos intereses se tiene que recurrir a los famosos ajustes fiscales económicos. Esto quiere decir que toda la economía y la vida de los ciudadanos, está condicionada por el pago de esta deuda. Ésta es la situación que se daba antiguamente con los famosos usureros. Por eso es que el Papa ha pedido la condonación de la deuda. La Iglesia ha tenido siempre una actitud muy dura, con respecto a este punto. A nivel internacional, esta situación de dependencia económica es verdaderamente usuraria.

A esto se suma hoy el gran auge que han tomado las empresas trasnacionales.

En el Uruguay y en la Argentina, de 200 empresas importantes, 100 son trasnacionales, y coin-cide que estas 100 de las 250 importantes, son las más significativas. También en este plano estamos sometidos, y tenemos una relación de dependencia brutal. Y quien niegue esto, niega la realidad, pues esto no es un planteo ideológico, es una lectura de la realidad.

No hay más remedio que negociar, pero hay que recordar que esta deuda es profundamente injusta e inmoral.

Creo que la relación que nunca se ha instrumentado es negociar juntos los países deudores.

Porque curiosamente, nuestros acreedores para exigirnos el pago de la deuda y negociarlo se juntan. En cambio, los que debemos lo hacemos por separado. Esto viola el sentido común y la justicia más elemental. Creo que al afán de lucro del FMI y de los países acreedores, les vendría muy bien el calificativo que le daban los primeros misioneros a la codicia de los conquistadores españoles. Ellos hablaban de "hambre canina, y de codicia lujuriosa" y junto a esta lujuria del desmedido afán de lucro, está la actitud de nuestros gobernantes, que se identifican con esta mentalidad, y que casi parecen "gerentes" del FMI y de las empresas trasnacionales.

 

Eduardo Ojeda

 

 

Mario Cayota nació en Montevideo en 1936. Es doctor en Filosofía, Historiador, conferencista internacional, escritor y profesor de la Facultad Teológica del Uruguay. Actualmente es edil de la Junta Departamental de Montevideo, por el Partido Demócrata Cristiano.

Ha colaborado en varias ocasiones con la revista Umbrales, especialmente en los números 22 y 23 sobre "Los polémicos 500 años..." y en el número 73 con "El trabajo en la jungla neoliberal".