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El libro del
Deuteronomio
La ley de Dios es fruto de su amor En la antigüedad era algo muy común atribuir la autoría de un libro a un autor muy famoso; de esa manera se lograba que el libro fuera bien recibido. Eso fue lo que hizo el autor o los autores del libro del Deuteronomio. Es un libro que recoge tradiciones legales y enseñanzas de Moisés, pero también de los profetas del Reino del Norte de Israel; y aunque no fue Moisés quien lo escribió se lo atribuyen a él. ¿Qué es este Reino del Norte? Luego de la muerte del Hijo de David, el Rey Salomón, las 12 tribus de Israel no pudieron continuar unidas como antes en un solo Reino, que abarcaba las tribus del norte del país, unidas en torno a la tribu de Efraín. Las tribus del sur del país lideradas por los descendientes de David, y por las tribus de Judá, constituirán el Reino del Sur. Así se produjo un cisma y la división del país y del Pueblo de Israel en dos reinos. Uno liderado por la dinastía de David, y el otro por la dinastía de Jeroboam (931 a.C.). Pero el Reino de Israel
no duró mucho; sus dinastías de reyes fueron más inestables y por
otro lado estaba muy cerca de la influencia Pero la experiencia y las tradiciones del norte del país no se perdieron, pues algunos sabios líderes religiosos, huyeron de la invasión asiria y se refugiaron en el Reino del Sur. Ellos hacen una evaluación desde su fe de lo ocurrido, y descubren que el Pueblo de Israel ha roto la Alianza con Dios, y se ha apartado de sus mandamientos. Se ha dejado contagiar de la idolatría y de la adoración de los falsos dioses que los pueblos vecinos tenían. Por otra parte, los israelitas no vivían con justicia, y la injusticia que practicaban los poderosos terratenientes de Israel contra los pobres de su propio pueblo había sido también causa de la desgracia del pueblo elegido. Así, para prevenir al Reino de Judá de que no cometa el mismo error, escriben en tiempos de Ezequías este libro (entre el 747 y el 730 a.C.) que es una invitación a respetar los mandamientos de Dios para librarse de la suerte del Reino del Norte. El rey Ezequías era un rey piadoso y da hospitalidad a estos sabios. Jerusalén es asediada pero la fe del rey en Dios, su previsión y don de mando, lo hacen triunfar, y por primera vez, el poderoso rey Senaquerib es derrotado y debe abandonar el sitio de la ciudad. El reino de Judá sobrevive pero lamentablemente el hijo de Ezequías no es tan piadoso como él, sino un adorador de los falsos dioses, y persigue a los que adoran a Dios (622 a.C.). Pero los sabios esconden el libro con las advertencias en el Templo, y es encontrado allí en tiempos del rey Josías, hijo de Manasés (2 Rey 22 y 23).
Contenido del libro El libro parte de la ficción de que Moisés en el desierto reúne a los israelitas para advertirles que escuchen la Palabra de Dios. Les cuenta de los portentos que Dios ha realizado en Egipto a favor de ellos, y cómo los liberó de la esclavitud. Les advierte entonces que si desean que Dios los siga acompañando deben hacer caso a sus enseñanzas y mandatos. El Deuteronomio cuyo nombre significa Segunda ley, hace una revisión de la Alianza y del Pacto que Dios hizo con Israel. Pero al recoger las tradiciones proféticas del extinto Reino del Norte, trata el tema ya visto por los anteriores libros de la Toráh desde una perspectiva distinta. Para el libro del Deuteronomio es más importante el amor a Dios y el amor al prójimo que los sacrificios rituales. Estos serían algo vacío y mentiroso si no fueran un reflejo del amor del Pueblo al Señor. En el Deuteronomio se encuentran además de leyes y discursos de Moisés, hermosas y conmovedoras profesiones de fe (Deut 26,6-10) o consejos que releen los mandamientos mosaicos con una mirada nueva. Un ejemplo de esto es un discurso de Moisés en el que aconseja al Pueblo que no basta con cumplir con Dios, sino que hay que amarlo. Este discurso constituye la base de la oración de la Shemá que aún hoy reza todo judío piadoso, y de la fe del Pueblo de Dios; Jesús lo cita para explicar cuál era el principal mandamiento (Mc 12, 28-34). He aquí este texto, tal vez uno de los más hermosos del Antiguo Testamento: "Escucha Israel, Yavé nuestro Dios es el único Dios, y tu amarás a Yavé tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Graba en tu corazón los mandamientos que yo te entrego hoy. Repíteselos a tus hijos, habla de ellos tanto en tu casa, como cuando estés de viaje, cuando te acuestes y cuando te levantes." (Deut 6,4-7). Israel no escuchó este mensaje, y el Reino de Judá terminó cayendo poco después de la muerte del piadoso rey Josías, a manos de los Babilonios en el 527 antes de Cristo. Sin embargo, sus enseñanzas mantendrían viva la fe de Israel, y luego del Exilio sería añadido a la Toráh o Pentateuco, siendo considerado por los israelitas y los cristianos como uno de los más importantes libros inspirados.
Eduardo Ojeda
Amarás con todo el corazón "Escucha , Israel: el Señor, nuestro Dios, es el único Señor. Amarás al Señor, tu Dios, con todo el corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas" (Deut. 6,4-5). Acoge con todo tu ser el amor que Dios te da desde el principio. Permanece anclado siempre en esta certeza, la única capaz de dar sentido, fuerza y gozo a tu vida: su amor jamás se alejará de ti, él nunca romperá su alianza de paz contigo. Los dones de Dios y su llamada son irrevocables. Él ha grabado tu nombre en la palma de su mano. Jesús se sometió por amor a la voluntad del Padre: disponibilidad particularmente atenta a las necesidades y aspiraciones de los hermanos. "Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra" (Jn 4,34). Que tu corazón esté lleno, día y noche, de la presencia del Señor que te ama, y así tendrás vida. Firme por el gozo de esta presencia divina en ti y por la potencia de este amor, podrás saborear siempre la fraternidad. Teniendo la certeza de que él te ha amado entregándote toda su vida, tú no puedes responder a este amor sino entregándole también toda la tuya. Tanto te ha amado él entregándote a su único Hijo, que tú has elegido responderle libremente entregándole tu vida entera. Así, esta ofrenda de todo tu ser al Amor por amor, te empuja a aceptar perderlo todo con tal de ganar a Cristo. Podrás decir entonces que ya no eres tú quien vive sino Cristo quien vive en ti . Ama a tus hermanos. Sigue el camino del amor con el ejemplo de Cristo. Tú no puedes pretender amar a Dios, a quien no ves, si no amas al hermano o a la hermana que vive junto a ti. Al ser la caridad la plenitud de la ley, la exigencia de amor fraterno viene a ser el resumen de toda tu vida De una vez por todas se te ha dado este breve precepto: Ama y haz lo que quieras. Si te callas, cállate por amor. Si hablas, habla por amor. Si corriges, corrige por amor. Si perdonas, perdona por amor. Mantén en el fondo de tu corazón la raíz del amor. De esta raíz no puede nacer más que el bien. (San Agustín, Sobre la 1.Jn. 7, 8). Acepta, sin embargo, que el fondo de tu ser es egocéntrico, egoísta, envidioso, agresivo, posesivo. El diablo, como acusador de tus hermanos, "busca a quien devorar" y "siembra cizaña por la noche". Para abrirte al amor, deberás, entonces, arrancarte sin cesar del desamor. Sin este paso previo de humildad y de conversión, nunca sabrás amar. Amarás tanto mejor a tus hermanos cuanto más sepas amarte a ti mismo. Si estás unificado, serás unificante; si estás en paz contigo mismo, serás pacificador. Ámate humildemente y vive contento del amor con el que Dios te está amando y, a partir de esta experiencia, ama a tu prójimo como a ti mismo. Hay un amor que recibe, un amor que comparte, un amor que da y un amor que se entrega a sí mismo; hay finalmente un amor que se inmola. Pídele a Dios cada día que derrame en tu corazón amor para tus hermanos y que ponga en sus corazones amor para ti. Q.R.
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