El celibato: una disciplina cuestionada

José Luis Lacunza, presidente del episcopado de Panamá, no elude ningún tema de actualidad. Así, sobre los escándalos sexuales de sacerdotes estadounidenses acusados de pederastia, expresa que "en lo primero que hay que pensar es en el daño y en el dolor causados a las víctimas". Reconoce que "la Iglesia tiene que pensar que algo ha fallado en el proceso formativo, de acompañamiento, de discernimiento, de conciencia del ministerio y de la realidad sacerdotal y que, como se ha dicho, aunque el caso fuera uno solo, seguiría siendo un crimen y un pecado grave".

Está en desacuerdo con quienes ven en estos escándalos razones para plantear en la Iglesia la supresión del celibato obligatorio. En su opinión, no por ello desaparecerían los males denunciados. "La infidelidad sacerdotal al voto del celibato, los abusos sexuales de cualquier índole o la homosexualidad de ciertos eclesiásticos no es un efecto producido por el celibato". Liberalizar el celibato suprimiendo su obligatoriedad por estos escándalos sería algo así como "buscar la fiebre en las sábanas, porque el problema existe también en otras Iglesias que no obligan al celibato" y en mayor porcentaje en otras clases sociales y profesionales como los abogados y médicos. Otra cosa es analizar este asunto desde una perspectiva netamente pastoral. "La Iglesia Católica, así como revisó en otro momento el no celibato para ponerlo obligatorio tiene todo el derecho a revisar ahora a la inversa. Se trata de una disciplina eclesiástica que puede ser modificada".

Sobre la petición de un nuevo concilio presentada por una treintena de obispos latinoamericanos, el presidente de los obispos panameños se muestra partidario de que, antes de un concilio al estilo del Vaticano II, con la movilización de miles de obispos a Roma, se pongan en marcha los mecanismos de participación que vayan "de abajo hacia arriba y que permitan a la Iglesia aplicar nuevas reformas".

Aunque considera que al Vaticano II "todavía no se le ha sacado todo el jugo", un nuevo concilio debería tener otra dinámica, "buscando una mayor participación desde abajo, con sínodos o concilios provinciales y regionales para después llegar a un concilio ecuménico más formal. De lo contrario, me parece que iríamos a lo de siempre: hacer la gran discusión teológica, la gran discusión pastoral en la cúpula de la Iglesia y que la gente de abajo sea nada más que espectadora o receptora de noticias y documentos que ni le van ni le vienen".

Al mirar la realidad latinoamericana reconoce que hay un profundo desconocimiento de las necesidades del pueblo. No se pueden manejar la economía ni la política al margen y de espaldas al pueblo. Éste es el gran riesgo que corremos porque nuestras economías y sociedades son terriblemente dependientes. Lo que nos agobia es el gran problema de la deuda externa que sigue siendo eterna porque es impagable."

La pobreza del continente latinoamericano se ve agudizada con el añadido de la corrupción "que hace que los recursos sean todavía menos disponibles para las necesidades del pueblo". También la corrupción en Panamá agudiza y acelera la pobreza. "Los estamentos económicos, políticos y de gobierno se están manejando con absoluto desconocimiento de una ética elemental, y si a la corrupción sumamos la impunidad que se da en Panamá, las perspectivas de resolver este problema no son buenas a corto plazo".

 

(Extractado de "Vida Nueva" n. 2.330).