![]() |
||||||
|
La humanidad
del "Primer
plano"
"PRIMER PLANO" Se llama primer plano, en el lenguaje del cine, a la toma que encuadra el rostro de una persona. Esta proximidad con el rostro (y la cámara hace como si fueran nuestros "ojos"), nos permite entrar en las personas, por su rostro. La persona, su intimidad, su historia, todo ello lo podemos sospechar en un primer plano. Decir: "la humanidad del primer plano", es mostrar que esta manera de captar la imagen es un acto que busca subrayar la humanidad. Por otra parte, y entrando en tema, en el film del mismo nombre encontramos una humanidad sobresaliente en la narración fílmica. Abbas Kiarostami no necesita presentación. Es conocida la jerarquía del cine iraní, en la que se destaca Kiarostami (Detrás de los olivos, 1994; El sabor de la cereza, 1997. Primer plano ha sido catalogada como su mejor obra. El film está "basado en hechos reales", pero más aún. Kiarostami no solo se inspiró en un hecho conocido sino que utilizó a sus protagonistas para que se interpretaran a sí mismos. La historia es una especie de "travesura". Un hombre joven, Hossain Sabzian, amante del cine, se hace pasar por el director iraní Mohsen Makhmalbaf (Kandahar.). Los engatusados son los Ahankhah, también cinéfilos. Hossain les hizo creer que estaba proyectando realizar un nuevo film y que deseaba contar con la participación de dicha familia, como actores, con las locaciones de su hogar y, eventualmente, con un aporte económico. La simulación se descubre. Sabzian es denunciado y juzgado por fraude y robo. Kiarostami logró entrevistarlo en la cárcel y también registrar su juicio, utilizando luego dichos registros. "Primer Plano" es un film sobre el cine mismo. Sus protagonistas son cinéfilos, su historia es la de un falso director de cine, los verdaderos directores salen, también, de su lugar tradicional tras la cámara, para ser actores. Al abordar, con reconfortante simplicidad, el lugar y el papel del cine, en los espectadores y en sus realizadores, alude a dos realidades de primer orden: la relación que existe entre la realidad y su representación en la pantalla y la ética que está detrás de la cámara. El cine parte de un mito, el de pensar que en la pantalla se representa total e íntegramente la realidad, casi sin intervención humana. Y sabemos bien que no es así. El séptimo arte no es la realidad sino su réplica, una representación. El film de Kiarostami subraya hondamente esta evidencia, al filmar un hecho ya ocurrido con sus mismos protagonistas, donde aparece una voluntad humana que selecciona qué, cómo y para qué mostrar la historia. Aquí sobresale la acción del director, que elige dónde estará la cámara, sus movimientos, sus planos, además del montaje. Esta elección aparece aquí. Gracias al primer plano, aunque no exclusivamente, Kiarostami nos permite percibir sutilezas y cuestiones escondidas. El rostro de Hossain particularmente durante el juicio, habla largamente de sus esperanzas y frustraciones. Nos da, incluso, la idea de que no está arrepentido, a pesar del perdón que solicita y recibe. Hay una profunda humanidad del autor. Su mirada es comprensiva, la mueve la compasión. Kiarostami no juzga a Hossain, más bien está de su lado, mostrando lo oculto, las intenciones, su miseria. El mismo director
comentaba, a propósito de este film: "Hay un dicho persa que dice:
las leyes han sido escritas por quienes no conocen el olor de la
humanidad. La sociedad crea condicionamientos y vínculos que obligan a
transgredir a quien busca la propia libertad para después castigarlo y
condenarlo." El ojo de Kiarostami, y nuestra mirada, nos invitan a
perdonar y a
Alejandro Ferrari
|
||||||