ARGENTINA

Diálogo nacional: ¿éxito o fracaso?

El periodista vocero de la Mesa del Diálogo, José Ignacio López, afirmó que el intento dialoguista era "el mejor escenario posible alternativo al caos y la forma de abrir espacios para actitudes de grandeza y un compromiso para el bien común que hoy parece perdido". Esto fue dicho el 26 de junio, el mismo día en que caían asesinados los dos piqueteros del puente Pueyrredón y se incrementaba la violencia, hechos que en definitiva desencadenaron el anuncio presidencial del adelantamiento de las elecciones para marzo del año próximo.

La Mesa del Diálogo impulsada por el gobierno, la Iglesia y el representante de la ONU logró acercar al Parlamento un documento ("Consensos para las Reformas") para que lo firmaran legisladores, gobernadores y dirigentes políticos, dando lugar finalmente a la implementación legislativa. Inclusive la Mesa se amplió con más técnicos y especialistas laicos y con tres nuevos obispos: Agustín Radrizzani, de Lomas de Zamora; Marcelo Palentini, de Jujuy y Domingo Castagna, de Corrientes. En el documento está el párrafo 15 sobre "renovación de las instituciones" que pide que "la transición concluya con la renovación de la totalidad de los cargos electivos nacionales, provinciales y municipales". Como respuesta al clamor de la gente ("que se vayan todos"), la Mesa del Diálogo había propuesto que todos los dirigentes elegidos por el pueblo se sometieran a las urnas. Que el que quiera quedarse, sea revalidado por el voto popular. El principal impulsor del párrafo, Jorge Casaretto, recibió el apoyo del episcopado pero el rechazo de la mayoría de los políticos y en particular de Raúl Alfonsín que le sugirió "dedicarse a celebrar Misa".

En la quinta Jornada de Pastoral Social, celebrada el 31 de junio en la Capital, más de mil laicos manifestaron el deseo de involucrarse más en los quehaceres de la sociedad y sumarse a las tareas sociales, pero no manifestaron interés en ingresar a partidos políticos en la actualidad. Los laicos participantes pidieron una profunda reforma política incluyendo la resistida caducidad de los mandatos de todos los cargos electivos, tal como surge de las conclusiones de la Mesa del Diálogo. Entre estas conclusiones se destacan una profunda reforma del Estado, reformas sustanciales en temas de educación, salud, justicia, jubilaciones de privilegio, etc..

Ahora, después del imprevisto adelantamiento de las elecciones y el comienzo de la campaña electoral, el escenario cambia y se vuelve imprevisible. Es cierto que a pesar de la debilidad del gobierno y el grave malestar social, no todo es negativo en el país. Según el obispo Jorge Casaretto, "uno de los aspectos más positivos de esta crisis es que el pueblo ya no está dispuesto a delegar representatividad en quienes no sean capaces de generar un mínimo de confianza" y por eso "hay dirigentes que tendrán que desaparecer sí o sí de la escena argentina". Otro aspecto positivo es que por fin "se tomó conciencia en todos los sectores de la grave cuestión social (15 millones de pobres, seis millones de indigentes); la imagen desinformada de pertenecer al primer mundo nos había tapado los ojos hasta que el hambre llegó a la Capital", declaró el obispo.

Pero la posibilidad de un acuerdo nacional sobre la base del trabajo de la Mesa del Diálogo en vista de un nuevo proyecto de país, es por ahora incierta porque muchos tienen mirada corta y la campaña electoral amenaza con ahogarlo todo. El adelantamiento de las elecciones debilita aún más al actual gobierno y disminuye las esperanzas de llevar a cabo las reformas consensuadas en el marco del llamado Diálogo Argentino. Es difundida la sensación de que este Diálogo no tendrá resultados a corto plazo ya que no incide en los rumbos del gobierno, el cual por otra parte todavía no implementó la reforma política como lo había prometido. El objetivo de fondo se cumplirá en un clima de menores urgencias, no en medio de un calendario electoral. Podrá tener en el futuro un importante alcance cuando pase a ser un reclamo popular en vista de un verdadero cambio que privilegie a los más postergados.