Un Pueblo de Hermanos

El núcleo medular del Evangelio es el relato gozoso de un acontecimiento:

Dios se hace presente y actuante en Jesús. En Él, hombre real,

Dios se hace presente de modo singular y único.

Él es tan transparente a la presencia divina, que todos sus actos

son reflejo luminoso del amor del Padre a los seres humanos.

De ahí la seducción que ejerce, la atracción que suscita

su simple relacionarse con las personas.

Jesucristo es el signo concreto y real del encuentro con Dios;

Él es el signo personal de la presencia de un Dios

que es el Padre de todos.

Entonces, si todos somos hijos del mismo Padre Dios,

entre nosotros debemos reconocernos como hermanos.

 

El Espíritu de Jesús, derramado sobre los discípulos

en el día de Pentecostés, confirma que esta propuesta de Jesús

está abierta a todos los pueblos de la tierra

para que formen un solo pueblo de hermanos.

 

El grito evangélico "Venga tu Reino",

que repetimos cada vez que rezamos el Padre Nuestro,

encierra este proyecto de hermandad universal,

que no es algo irrealizable

o que se pueda cumplir en un futuro más o menos lejano.

El Reino es un proyecto que estamos llamados a hacer realidad,

aquí y ahora.

 

Este "itinerario de formación cristiana" quiere proponer un rápido

 recorrido en las distintas etapas

de este proyecto de realización integral de la persona

y de la comunidad, que Jesús llamó Reino de Dios.

Para muchas personas que no conocen a Jesús y su propuesta, estas 

reflexiones pueden servir para introducirlas

en este gran "misterio" de la fe y ser un paso previo

a una etapa de catequesis más profunda

a realizarse en el ámbito de una comunidad cristiana.

 

Esperamos que esta propuesta sencilla, sea útil para que todos los 

lectores puedan descubrir y anunciar a otros

los maravillosos caminos del Reino.

Quinto Regazzoni