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1. Dios revela su Proyecto en la Biblia La Biblia es como una carta de amor de Dios a los hombres y mujeres de todos los tiempos, en la que Él revela el sentido de la historia. "Dios dispone todas las cosas para el bien de los que le aman" (Rom 8,28). Su manera de estar presente aun en los acontecimientos más insignificantes de nuestra vida, es un ofrecimiento constante y renovado de una Alianza de amor con los seres humanos.
- La palabra "Biblia" significa en el idioma griego: "Libros" porque en realidad se trata de 73 libros que fueron escritos por hombres sabios, inspirados por Dios, en diferentes épocas y con estilos literarios muy distintos. San Jerónimo la llama "la Biblioteca divina"; fue escrita para dejar constancia de la fe vivida por el pueblo de Dios y transmitida oralmente a lo largo de los siglos. La Biblia es la historia humana de un pueblo vista desde la fe; es la experiencia de fe de un pueblo que caminó con el mismo Dios que hoy está con nosotros en esta historia que vivimos.
- La Biblia se divide en dos partes: • Antigua Alianza (o Testamento) que narra la historia del pueblo de Israel y llega hasta Jesús (46 libros). • Nueva Alianza (o Testamento) que habla de Jesús y de su nuevo pueblo, la Iglesia (27 libros).
- La Biblia es la unidad de medida, el punto de referencia, para descubrir el "Paso de Dios" en nuestra historia de hoy (personal y colectiva). En su progresiva irrupción en la historia, Dios revela un Proyecto (que es también el sentido profundo de nuestra vida actual) que ya ha empezado a realizar. Este Proyecto, que Cristo llamó "Reino de Dios", es "reunir a todos los hombres (y a la Creación) en Cristo" (Ef 1,9-10) como en una sola familia: consiste en "lograr la unidad de los dispersos hijos de Dios" (Jn 11,52). Es lograr que la Humanidad sea un Pueblo de Hermanos. Recordemos: Cada Libro está dividido en Capítulos, señalados con números grandes; y cada Capítulo en Versículos (son los números pequeños ubicados dentro del texto o al margen). Por ejemplo: Mt 5,13-16: es el Evangelio de Mateo en el capítulo 5, desde el versículo 13 al 16 inclusive.
2. La creación, obra maravillosa de Dios Cuando miramos la inmensidad del mar, la salida o la puesta del sol, el florecer de las plantas en primavera, o una noche estrellada, sobre todo si estamos solos, quedamos admirados. ¡Qué lindo es el mundo y el universo! Y enseguida nos hacemos una pregunta: ¿De dónde salió todo esto? ¿Para qué existe? ¿Qué sentido tiene toda esta armonía universal? Toda persona sensata se responde: hay una presencia divina, un Creador poderoso, inteligente y lleno de amor comunicativo que ha hecho esto. ¡Las cosas no se hacen solas!
- A ese Creador las personas de fe lo llamamos Dios. Y los que somos cristianos sabemos por la Biblia que "Dios es Amor" (1Jn 4,8). Es por amor que:
• Dios lo crea todo "bueno" (Gén 1,1-25). • Crea al ser humano, varón y mujer, "a su imagen" (Gén 1,26). • Crea todo para los seres humanos: "Yo les doy todo..." (Gén 1,28-31).
- La Biblia, que es la Palabra de Dios, nos describe los pasos que dio Dios al crearlo todo, inclusive a nosotros mismos. Pero lo hace a través de dos relatos poéticos que están en los capítulos 1 y 2 del Libro del Génesis (= orígenes), que es el primer libro de la Biblia.
Por ejemplo:
- ¡Dios nos ama! Nos hizo "a imagen suya" (Génesis 1,26), no sólo porque somos inteligentes, podemos comprender, razonar y ponerle un nombre a todas las cosas, sino sobre todo porque podemos amar. Adán (= tierra), es el ser humano que, según la Biblia, empieza a ser verdaderamente hombre, persona, cuando forma una pareja con Eva ("No es bueno que el hombre esté solo", Gén 2,18; "Los dos serán una sola carne", Gén 2,23-24). Dios nos hizo para que viviéramos como hermanos, en el amor y en la igualdad.
- Y siendo Padre, Dios quiere que participemos de su paternidad ("Los bendijo y les dijo: crezcan y multiplíquense", Gén 1,28). Podemos ser madres o padres de muchas maneras. No sólo físicamente. Nuestra misión más importante es conseguir que cada ser humano sea cada vez más persona, educándonos recíprocamente para que seamos capaces de amar.
- Dios es Señor de todas las cosas; nosotros debemos ser administradores de las cosas creadas (y no dejarnos dominar por ellas). "Llenen la tierra y sométanla", dijo Dios (Gén 1,28). De allí nace el deber de trabajar para transformar el mundo, de manera que podamos vivir como hermanos y para que los bienes de la creación puedan llegar a todos por igual. Dios dejó el mundo sin terminar porque quiere compartir responsabilidades; nos toca a nosotros llevar adelante su obra. Recordemos: Cada uno es un retrato vivo de Dios, porque Él nos hizo capaces de amar, de crecer y de dominar la Creación y las cosas por medio del trabajo.
3. ¿Por qué existe el mal en el mundo? Si Dios es un ser justo y bueno, si es nuestro Padre que nos ama y cuida de nosotros:
• ¿por qué existe tanto sufrimiento en el mundo? • ¿por qué el odio, la guerra, el egoísmo, la mentira? • ¿por qué las familias divididas y los hogares deshechos? • ¿por qué el hambre, la injusticia, la opresión?
- En realidad, el mal está en cada uno de nosotros. Así como hay una fuerza que nos impulsa al bien, hay otra que nos impulsa al mal. "No hago el bien que deseo, sino más bien el mal que detesto", dice San Pablo (Rom 7,15). Nos cuesta perdonar, comprometernos y entregarnos por los demás; nos dejamos llevar por el egoísmo, el orgullo, etc.. A ese estado de desequilibrio e inclinación al mal con que todos nacemos, lo llamamos pecado original.
- Hay muchas cosas que no comprendemos: inocentes que sufren, malos que triunfan...; y en la misma Biblia se pregunta muchas veces: "Dios, ¿dónde estás?; ¿hasta cuándo Señor?; Dios mío, ¿por qué me has abandonado?".
- Para comprender y entender profundamente este problema que afecta nuestra existencia humana, debemos remontarnos a los "orígenes" de nuestra historia (narrados simbólicamente en las primeras páginas de la Biblia).
- Dios nos demostró su amor creándolo todo para el ser humano y nos invitó a colaborar con Él en su Proyecto. Pero nos dejó libres. Un amor forzado ya no hubiera sido amor.
- Al crearnos libres, Dios vio la posibilidad del pecado, de que usáramos mal nuestra libertad. Pero sin libertad perderíamos todo nuestro valor de personas humanas, responsables, creadas a su imagen y semejanza. Lo peor que le puede pasar a una persona y a un pueblo es ser privado de su libertad, de sus derechos fundamentales. Por eso dijo el papa Pablo VI: "Dios prefiere al hombre libre, aun con riesgo del desorden, y no el orden sin libertad".
- Los seres humanos, "dominados por sus malos deseos", se fueron corrompiendo unos a otros. Todos nacemos en un mundo contaminado, donde el mal, anterior a nosotros, nos afecta desde el momento del nacimiento. El mal que reina en el mundo es la consecuencia de los pecados personales de muchas generaciones, que van aumentando el pecado colectivo, es decir, el ambiente de pecado en la sociedad; y este ambiente a su vez crea una enorme presión sobre los individuos.
- Dios no quiere que suframos. El mal es consecuencia de ese desequilibrio y desorden que reina en el mundo, por el pecado. Recordemos: Tener fe en Dios no significa cruzarse de brazos frente al Mal. El Mal tiene remedio, no depende de fuerzas ocultas imposibles de dominar. Dios es más fuerte que el Mal.
4. El pecado y la "gran promesa" En el relato del "pecado original" (Gén cap. 3), la Biblia muestra con tradiciones y modos de expresarse propios del pueblo de Israel, cómo Adán y Eva comieron "del árbol del Bien y del Mal". Ignorando a Dios, ellos se constituyeron en jueces de sus propias acciones, determinando por sí mismos lo bueno y lo malo, y se dejaron engañar por la "serpiente" (= el Diablo) que empieza tentándolos con una duda y termina con una mentira ("Serán como dioses", Gén 3,5).
- Así el proyecto de Dios fue transgredido y el pecado trajo sus consecuencias negativas en el corazón del ser humano y alcanzó todas las fuentes de la vida:
- Así volvió a reinar sobre la tierra el desorden y la confusión del "Principio", antes de la Creación.
- Las fuerzas del mal y de la muerte han ido dominando el mundo y han crecido en poder: la "serpiente", símbolo del mal, se ha convertido en un terrible "dragón" (Ap 12,3-4). La victoria final sobre el dragón (Ap 20,10) será fruto de una dura y larga lucha por parte de los seres humanos pero será imposible sin una intervención especial de Dios y de su Hijo Jesús.
- Frente a esta realidad, desde el comienzo de la Historia, muchas religiones buscaron tener a Dios cercano y favorable. En la India y en China, por ejemplo, se hicieron notables esfuerzos para buscar a Dios. Pero la novedad de la Fe Bíblica es que en realidad la iniciativa fue otra vez de Dios, que después de haber enviado a patriarcas y profetas, "envió a su hijo para buscar y salvar al hombre" (Jn 3,16).
- La humanidad ha intensificado su instrucción, educación y cultura, ha elevado su confort y su nivel de vida. Pero a pesar de todos estos logros, que son acordes al proyecto de Dios, no hemos podido librarnos de la corrupción, de la injusticia y de la violencia.
- La Biblia, nos enseña que el Proyecto de Dios se mantiene y no ha de fallar. Dios es fiel a su obra y al ser humano. Efectivamente, antes de pronunciar las maldiciones por el pecado, Dios pronuncia la gran promesa. Le dice a la serpiente: "La descendencia de la mujer te pisará la cabeza" (Gén 3,15). Con esta primera alusión a Cristo, empieza la nueva esperanza. Recordemos: San Pablo dice: "Es por el pecado, que en el mundo entró el sufrimiento y la muerte". Pero "donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia" (Rom 5,12.20).
5. Dios quiere formar un pueblo: ABRAHAM Con Abraham empieza la Historia de la salvación; Dios encuentra alguien que le dice Sí a su proyecto de amor. La fraternidad y la paz en el mundo no se logran sino a través de una larga preparación y aprendizaje; y no sólo por nuestros esfuerzos, sino por la intervención de Dios.
- La historia de Abraham (capítulos 12 al 25 del Génesis) fue redactada para servir de "espejo" a un pueblo oprimido y desanimado en el cautiverio, esclavo de la gran Babilonia, la tierra de donde Abraham había emigrado; y esto fue en el año 587 antes de Cristo. Pero la historia de Abraham se remonta a 1.900 años antes de Cristo.
- A este pueblo que vive en condiciones muy parecidas a las de los pueblos de América Latina hoy, se le recuerda la historia de Abraham; se quiere renovar en él la gran Esperanza. Abraham era un pagano (cfr. Judit 5,7-9), ya anciano, que adoraba a dioses falsos y tenía sus propios proyectos o quizás ninguno por sentirse desilusionado. Pero Dios no había renunciado a su proyecto y por eso invita a Abraham a alejarse de esa tierra de corrupción, a marchar hacia el desierto buscando un futuro mejor... que Él promete. "Deja tu tierra y ven a la tierra que yo te mostraré" (Gén 12,1-4).
- Hay que creer en una Promesa que parece imposible (una tierra, un hijo, un nuevo pueblo... "el pueblo de Dios"). Gracias a la fe de Abraham y de todos los que lo siguieron, la Promesa se concretará en Jesús, salido de las raíces de ese pueblo de Abraham: "En tu descendencia serán benditas todas las naciones de la tierra" (Gén 12,1-3). Recordemos: Dios quiso salvar a los hombres formando un pueblo que lo conociera según la verdad, y que lo sirviera y anunciara a todo el mundo; para eso, en Abraham, eligió al pueblo hebreo.
6. Dios escucha el clamor del pueblo: MOISÉS Los hijos de Israel, obligados por el hambre, se trasladaron de Canaán a ese otro gran imperio que era Egipto. La época de los Patriarcas es algo así como la prehistoria del pueblo de Israel. De hecho, la historia de Israel comienza con el "Éxodo" (= salida) de Egipto; es la experiencia fundamental que unifica a Israel como pueblo, y como pueblo de Dios. Es una liberación política y religiosa.
- Unos 1.200 años antes de Cristo, los hijos de Israel fueron tomados como esclavos por los egipcios. Trabajaban a punta de látigo en la construcción de grandes ciudades. Los israelitas tenían más hijos que sus opresores y entonces el faraón Ramsés II impuso un "control de natalidad" por el que se ordenaba matar al nacer a todos los hijos varones de los israelitas. Los israelitas hicieron oír su clamor, y ese clamor llegó hasta Dios. Yavé dijo: "He visto la humillación de mi pueblo en Egipto y he escuchado sus clamores... Yo conozco sus sufrimientos y he decidido liberar a mi pueblo de la opresión" (Éx 3,7-8).
- Dios envió a Moisés, que paralizado por el miedo, se resistió largamente. "Yo estaré contigo" (Éx 3,12), le dice Dios y le revela su nombre: "Yavé" (= yo soy el que soy). Moisés supera su temor porque comprende que para Dios vale y sirve, no el que sabe y tiene poder, sino el que confía en Dios. Él es el Liberador, que está presente en medio de su pueblo.
- Hoy también la Iglesia denuncia la opresión (económica, política, cultural) que sufren los pueblos de América Latina. Esta opresión se manifiesta también a través de campañas de control de natalidad, esterilización y aborto. También se tiende a quitarle al pueblo su mayor riqueza que es Dios.
- Moisés necesita hacer una larga obra de concientización para animar y organizar a su pueblo, y hacer que recupere la "memoria" de la Promesa de Dios. La lucha empieza con el paso del Mar Rojo (es el paso de Dios que libera a su pueblo de la esclavitud); es lo que los israelitas llamaron "Pascua" (= paso), y cada año celebran una "Cena Pascual" comiendo un cordero asado para recordar ese acontecimiento. De la cena pascual que Jesús celebró con sus discípulos (Mc 14,12) nació nuestra "Eucaristía" que celebra el paso de Jesús (verdadero cordero que nos salva), de la muerte a la vida.
- Una vez libres de los egipcios, en el desierto, cerca del Sinaí, Dios le propone a los israelitas una "Alianza"; ellos serán su pueblo a condición de cumplir los "Diez Mandamientos".
- No puede haber verdadera libertad para un pueblo, si la gente no cambia desde adentro; sin un corazón libre, fraternal, recto y responsable, abierto a Dios y a los hombres.
- Signo de esta Alianza, serán las dos tablas de piedra con los 10 mandamientos, que el pueblo llevará consigo en el "Arca de la Alianza".
- La Alianza fue sellada con sangre de animales; más tarde Cristo la renovará sellándola con su propia sangre, dejándonos "su mandamiento" y constituyendo un pueblo nuevo. Recordemos: Para
organizarse como pueblo de hermanos, hay que liberarse del egoísmo, de
la cobardía y de la
7. Los 10 Mandamientos, palabras de Alianza1er. Mandamiento: Amar a Dios sobre todas las cosas. "Yo soy el Señor tu Dios: no tendrás otros dioses." Si Dios es tu único Señor, no te dejes seducir y someter por caudillos o líderes: no son más grandes que tú. No tengas miedo a nadie. El Señor tu Dios te ha creado para dominar al mundo y no para que el mundo te domine a ti. No te dejes seducir por la propaganda, ni por las opiniones y prejuicios, ni por los que gritan más fuerte, ni por los que siguen la "corriente" del mundo. Encontramos a Dios en la oración personal y familiar, instruyéndonos en la Biblia y en las enseñanzas de la Iglesia, participando en la comunidad cristiana y en la celebración de los sacramentos; ayudando y haciendo el bien a nuestros hermanos.
2do. Mandamiento: No tomar el nombre de Dios en vano "Yo soy el Señor tu Dios: no invoques mi nombre en vano". Dios no quiere resolver los problemas que tú puedes resolver. Pero tampoco te deja solo en la tarea porque sin Él no podrías hacer nada. Respetar el nombre de Dios significa buscar su voluntad respondiendo a la vocación que Él te ha concedido, y no dejándose seducir por supersticiones. No tengas vergüenza de proclamar tu fe con la vida y respetar la fe de los demás; no te rías de ella si es débil ni la apagues, sino aliméntala.
3er. Mandamiento: Santificar las fiestas "Yo soy el Señor tu Dios: hay días que quiero que los festejemos juntos". No creas que el trabajo es la única virtud ni la más grande. No valores solamente la producción, las cotizaciones, los balances, los sueldos; porque esos son ídolos humanos. Debes tener tiempo para la celebración comunitaria y la oración personal, para poder disfrutar de las bellezas del universo y del encuentro cordial con los amigos, para la fiesta dominical de tu comunidad cristiana. Así gustarás la alegría de vivir en comunión con Dios y con los demás.
4to. Mandamiento: Honrar al padre y a la madre. "Yo soy el Señor tu Dios: honra a tu padre y a tu madre". La autoridad debe ser el instrumento para lograr la unidad y cooperación de todos. No te acostumbres a rezongar y criticar y no hacer nada. No culpes a los demás de tus fracasos. Trata siempre de construir y aportar para la marcha en común. Si tienes alguna autoridad no te aproveches; te fue dada para el servicio. Respeta a tus hijos y cuida su educación cristiana. Ama y sé fiel a tu esposa o esposo, en las buenas y en las malas. Ama a tu familia.
5to. Mandamiento: No matar. "Si privas a alguien de lo que necesitas para vivir, lo estás matando. Yo soy el Señor tu Dios: no matarás." Que tu vida no se nutra con la muerte de otros. Que tu pan no aumente con el hambre de los demás. La desocupación, los sueldos de miseria, los enfermos sin atención, los niños y los ancianos abandonados, son formas de matar. Si te quedas de brazos cruzados cuando ves violencia y opresión hacia el débil, te estás haciendo cómplice de esa situación. Aprende a no juzgar, a no devolver violencia a la violencia. Defiende siempre la vida. El aborto es un homicidio. Promueve la paternidad responsable y generosa. No pongas en peligro tu vida con malos hábitos o vicios que esclavizan y destruyen.
6to. Mandamiento. No cometerás actos impuros. "Yo soy el Señor tu Dios: vive la plenitud del amor." La sexualidad debe ser vivida en su dimensión más plena (no sólo la genital), para que nazca ese sentimiento sublime que es el amor. Si te guías únicamente por el instinto, te asfixiarán las caricaturas y los disfraces del amor, que se proponen a veces en la televisión y en el cine. Ten limpio tu corazón. Que las relaciones prematrimoniales y extramatrimoniales no tengan cabida en tu vida. El amor verdadero es donación, y el que no se dona, no ama. En un mundo basado en el placer, no tengas miedo de dar testimonio del verdadero amor.
7mo. Mandamiento. No robar. "Yo soy el Señor tu Dios: no robarás". No te "mates" corriendo detrás del dinero. Quizás los que te rodean necesitan más de "ti" que de tus "pesos"; les puedes estar robando tu presencia. No basta con cumplir las leyes, con "no robar a nadie". Debes pensar en tu hermano necesitado y ayudarlo. Nunca te consideres suficientemente generoso. Ten cuidado con los bienes que Dios puso en tus manos. Los que no pagan un salario justo y a tiempo, los que se abusan del poder que tienen, los que no comparten sus riquezas, no están en el camino de Dios.
8vo. Mandamiento: No levantar falsos testimonios. "Yo soy el Señor tu Dios: no mentirás". Ser leal significa mucho más que no decir mentiras. La persona leal, íntegra, es la que tiene una sola palabra. Y no calla cuando siente que debe decir la verdad. Cuando se compromete y dice sí, es sí; y cuando dice no, es no. No te refugies en la mentira, en los chismes, en los "me dijeron" o en las calumnias y en otras formas de mentiras donde se disimula la mediocridad y el miedo a la verdad. Siempre estás tentado de tener por válidas sólo tus ideas. Si no estás dispuesto a reconocer el error y tienes para todo una respuesta hecha, es señal de que no estás buscando la verdad.
9no. y 10mo. Mandamientos: No tener pensamientos impuros. No codiciar los bienes ajenos. "Yo soy el Señor tu Dios; no desearás la mujer de tu prójimo, ni codiciarás su casa o su campo, ni nada que sea de tu prójimo." Dios ve en los corazones y es allí donde está la raíz del bien y del mal. Pensar sólo en tener más y más dinero para ti y envidiar a los que lo tienen, ya es pecado, aunque no robes. Recuerda que Dios ve lo que hay en tu corazón y habita en él, impulsándote en esa lucha para que obtengas tu libertad interior.
8. Una Alianza renovada: los ProfetasIsrael se estableció definitivamente en Canaán y allí fue regido primero por sus jefes de tribus llamados "Jueces", después por "Reyes" (Saúl, David y Salomón); pero la monarquía terminó convirtiéndose en instrumento de opresión y corrupción general. Hasta que sobrevino la invasión enemiga y el destierro a Babilonia.
- Los "Profetas" cumplieron en esa época el rol que antes habían tenido Abraham, Isaac, Jacob, Moisés...; fueron la conciencia crítica de su pueblo, la "voz de Dios para su pueblo" y al mismo tiempo, la "voz de los sin voz" (de los oprimidos).
- Los profetas más conocidos son Elías, Isaías, Jeremías, Ezequiel, Daniel, Amós, Oseas... Muchos de ellos fueron perseguidos.
- El mensaje de los Profetas es el siguiente: nuestros fracasos y derrumbes son consecuencia de nuestra infidelidad a la Alianza con Dios; hemos perdido el sentido de nuestra misión histórica, nuestra religión es vana ("Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí", dice Dios por boca de Isaías); hay que terminar con la injusticia social, con la explotación, las desigualdades, la corrupción, el culto a los falsos dioses... esto es lo que quiere Dios.
- En la crisis del exilio (587-538 a.C.) Dios renueva con su pueblo la Alianza gracias a un "pequeño resto" que ha permanecido fiel y le infunde la esperanza de la venida de un nuevo Moisés que les "cambiará el corazón de piedra en corazón de carne" (Ez 11,19-20) y realizará una nueva y definitiva Alianza. Este nuevo Moisés será pobre y sufriente y vendrá a liberar a todos los oprimidos; por su muerte inocente "la salvación llegará h asta el último extremo de la tierra" (Is 49,6).Recordemos: A los problemas del pueblo, Dios responde enviando Profetas. Durante muchos años acompañó a su pueblo; le habló por medio de los Profetas y así preparó la venida del Salvador.
9. Los cuatro Evangelios La vida y el mensaje de Jesús están narrados en los 4 Evangelios de:
La palabra "Evangelio" significa en griego: "Buena noticia" y es una sola: "Cristo Jesús, que había muerto, ha resucitado, vive y está con nosotros". Es el núcleo de la primera proclamación oficial de Pedro (He 2,14-36) y es el gran acontecimiento en el cual se centran las 14 "Cartas" de S. Pablo, que son los primeros escritos cristianos.
- Hay además 7 Cartas de otros Apóstoles y el libro "Apocalipsis" de S. Juan, en el cual se anuncia el Juicio Final de Dios y se exhorta a luchar hasta que vuelva Cristo, el Señor, de una manera visible y gloriosa.
- Nos dice S. Juan: "Estas cosas han sido escritas para que crean en Jesús y tengan vida en su nombre" (Jn 20,30-31). Fue a raíz de la exigencia de las primeras comunidades cristianas por conocer y grabar más profundamente en su memoria la persona de Jesús y su mensaje, que se escribieron estos libros, con la ayuda de los que "habían visto, escuchado y tocado a la Palabra de vida" (1Jn 1,1-4). Recordemos: Dice S. Pablo: "Si Cristo no resucitó, el mensaje que predicamos no tiene ningún valor, y la Fe que ustedes tienen, tampoco vale nada" (1Cor 15,14).
10. María, la Madre de Dios El cumplimiento de la Promesa fue contradictorio con todo cálculo y razonamiento humano.
- Dios eligió a una humilde muchacha llamada María y la hizo nacer con un gran regalo: María nació sin pecado original. En un mundo lleno de erotismo, donde tanta gente cree que el amor sólo se realiza en el sexo, Dios hizo que la Virgen María fuera fecundada en el amor de Dios (que es el Espíritu Santo): María fue Madre y siguió siendo Virgen.
- Cuando la Virgen María estaba comprometida con José (un carpintero de Nazaret), Dios le anunció la llegada del Mesías al mundo. El Mesías no resultó un político ni un guerrero..., era un niño que nacía en un pesebre, pero que iba a cambiar el curso de la historia (caps. 1 y 2 de Lucas).
- En María se cumplen las promesas de Dios a Adán (Gén 3,15) y a Abraham (Gén 12,4). El Hijo de María será "el nuevo Adán", primicia de la nueva humanidad; y María será "la nueva Eva" que participa plenamente de ese Proyecto por su "Inmaculada Concepción" y la "Asunción al cielo" en cuerpo y alma. Porque María dijo Sí como su padre Abraham, Dios puede realizar su Proyecto de Salvación.
- Nuestro pueblo quiere mucho a María porque es la Madre de Dios y madre nuestra. Lo que más nos está haciendo falta es imitarla como Modelo (de humildad, de fe en la Palabra de Dios, de entrega al prójimo, de sacrificio).
Ella es la "Estrella de la Evangelización" (Puebla) porque es la que lleva a sus hijos hacia Cristo. Recordemos: Hay una oración muy antigua que incluye el saludo que le hizo el Ángel a María al anunciarle que sería Madre de Dios y la felicitación que le brindó su prima Isabel: es el "Ave María".
11. Jesús, Dios con nosotros La encarnación y el nacimiento de Jesús marcan el comienzo de una nueva Creación y una nueva Historia. Jesucristo es el "Dios con nosotros" (= "Emanuel", Mateo 1,23) que renovará de raíz nuestra humanidad.
- Desde su nacimiento en un establo de Belén, Jesús (en hebreo significa: "Yavé Salva") compartió nuestras alegrías y penas; sintió el frío, el hambre, el dolor, el cansancio, el peso del trabajo, de la pobreza y la persecución. Vivió sencillamente en Nazaret, junto a María y a José, en familia.
- Alrededor de los 30 años comenzó a recorrer pueblos y ciudades, hablando en nombre de Dios, realizando prodigios en favor de los más débiles y anunciando la Buena Noticia.
Muchos que escucharon su mensaje se convirtieron en sus discípulos. De entre ellos Jesús eligió a 12 hombres a los que llamó "Apóstoles" (= enviados). Ellos serán los testigos de su vida, de sus enseñanzas y de su resurrección, serán también los primeros responsables del nuevo pueblo que es su Iglesia y los encargados de predicar el Evangelio a todos los pueblos de la tierra.
- Hay un Misterio profundo en Jesús. Él no es sólo un Profeta, un Maestro, un hombre de Dios. Es verdadero Dios. Es el Hijo amado del Padre, que con el Espíritu Santo forma esa Comunidad de Amor que se llama Santísima Trinidad. Por eso lo condenaron a muerte, por haberse hecho igual a Dios (Mt 26,63-66). Gracias a Jesús, Dios se hace hombre y el hombre llega a ser hijo de Dios, viviendo su misma vida. Recordemos: "Tanto amó Dios al mundo que envió a su hijo único para darnos la vida por medio de Él" (1Jn 4,9). Por eso el pueblo cristiano agradece a la Santísima Trinidad con el rezo del Gloria.
12. El Reino de Dios El mensaje central de la Buena Noticia que anunció Jesús a lo largo de su vida, es el "Reino de Dios" (Mt 4,17).
Las "Bienaventuranzas" (Mt 5,1-12) nos muestran quiénes son los miembros del Reino. Y la condición para entrar es la "Conversión" (= cambio del corazón y de la vida). Es que los criterios de juicio de Jesús son totalmente distintos de los que maneja la sociedad materialista sin Dios.
- El Reino de Dios comienza aquí en la tierra, lleva consigo la transformación total de todas las estructuras del mundo, se realiza más allá de la muerte y se manifestará universalmente al final de la historia.
- Pero antes que nada exige un cambio de mentalidad. Jesús:
-Sus enseñanzas fueron acompañadas por los hechos. Tuvo compasión por los necesitados y discriminados, alimentó a los hambrientos, curó a los enfermos, perdonó a los pecadores; con sus milagros acercó a todos la gran Liberación de Dios.
Sobre los cimientos de lo que enseñaron Moisés y los Profetas, Jesús marca los caminos para llegar a vivir plenamente la Fraternidad en nuestra vida y en la sociedad y crear así un mundo feliz. Jesús dice:
Recordemos: Las bienaventuranzas de Jesús llevan a su plenitud los Diez Mandamientos porque "el amor es la plenitud de la Ley". (S. Pablo).
13. Jesús nos enseña a orar La voluntad de Jesús es hacer la voluntad del Padre (Jn 5,30). El Reino de Dios es un don del Padre que hay que pedir como pobres, buscar como ciegos, recibir como niños, esperar como siervos. Un don que al mismo tiempo es una tarea que hay que desarrollar usando al máximo de nuestras posibilidades (Mt 25,14-30).
Por eso Jesús nos enseñó a rezar ("pidan, busquen, golpeen...", Mt 7,7-8) con absoluta confianza en Dios que es nuestro Padre (= "Abbá": es la palabra familiar, "papá", con la que los niños judíos llamaban a sus padres). Dios sabe lo que necesitamos pero quiere que dialoguemos con Él como hijos suyos; en una relación de amor. Dios quiere que vivamos en su presencia y volvamos a esa relación familiar de Adán con Él (Gén 3,8).
La oración es pedir, agradecer, ofrecer, alabar, adorar... pero antes que nada es poner en práctica el primer mandamiento: "Amarás a Dios sobre todas las cosas"; es detectar su "Paso" en nuestra vida, buscar su voluntad y la fuerza necesaria para llevarla a la práctica. Jesús nos dice que debemos estar unidos a Dios: "así como el sarmiento no puede dar fruto si no permanece en la vid" (Jn 15,1-8).
Jesús, aun en momentos de cansancio se hacía fuerte y pasaba largas horas de oración a solas con su Padre. A nosotros también nos enseñó a "abandonarnos" en las manos de Dios y de su "Divina Providencia" ("No se angustien por el mañana... busquen el Reino de Dios... todo lo demás se les dará por añadidura", Lc 12,30-31). Recordemos: "Un día, Jesús estaba orando en cierto lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar así como Juan enseñó a sus discípulos. Él les dijo entonces: Cuando oren digan: Padre..." (Lc 11,1-2)
14. El amor más grande Al amanecer del último domingo de su vida, Jesús entró triunfalmente en la ciudad de Jerusalén. La gente se quitaba sus mantos y los tendía en el camino, y con palmas y olivos lo aclamaban fervientemente (Jn 12,12). Los gobernantes no quisieron reconocerlo como el enviado de Dios que todos esperaban. El mensaje de Jesús denunciaba la hipocresía, la falsedad y la corrupción, privilegiando a los pobres y a los débiles. Por eso decidieron apresar y matar a Jesús. Empezaba así la primera Semana Santa de la historia.
- Jesús celebra la Pascua con sus discípulos en una cena íntima en la cual se despide de ellos. Allí les dijo: "Ya no estaré mucho con ustedes. Les doy este mandamiento nuevo: que se amen unos a otros como yo los he amado. Si se aman unos a otros, todo el mundo se dará cuenta que son mis discípulos" (Jn 13,34-35).
- En el Antiguo Testamento se nos dice: "Ama a tu prójimo como a ti mismo" (Lev 19,18); ahora se nos dice que amemos como Cristo nos amó, hasta dar la vida. Antes se hablaba del amor a Dios y al prójimo como de dos realidades diversas. Ahora lo que le hayamos hecho al pobre, al desocupado, al sin techo, al enfermo, al preso..., se lo habremos hecho al mismo Cristo (Mt 25,31-46).
- Las parábolas más conocidas de Cristo, que comentan esta enseñanza, son las • del rico y Lázaro (Lc 16,19). • del buen samaritano (Lc 10,29). También hoy el mundo necesita de este mandamiento "nuevo" del Amor. "Hoy la peor lepra es que la gente no se sienta respetada y amada" (Madre Teresa). Recordemos: El gran mandamiento de Jesús es amar a Dios y a nuestro prójimo como Él lo ama. No buscar tan solo la caridad individual sino la justicia social y defender y promover la dignidad de cada persona.
15. La Eucaristía, pan de vida Los Sacramentos son los signos que hacen presente la obra salvadora de Jesús. Él dijo: "Yo estaré siempre con ustedes", Mt 28,20).
- En la "Última Cena", antes de su Pasión, Jesús tomó pan, lo bendijo, lo partió y lo dio a sus discípulos diciendo: "Tomen y coman porque éste es mi cuerpo..., después tomando una copa con vino y dando gracias, se la dio diciendo: Tomen y beban porque en esta copa está mi sangre..." (Mt 26,26-28).
Luego comunicó su sacerdocio a sus Apóstoles diciendo: "Hagan esto en memoria mía" (Lc 22,19-20). Los sacerdotes (o presbíteros) han recibido así el poder de actualizar su Sacrificio y perpetuar su presencia para reunir alrededor de Jesús a la comunidad cristiana y hacer la "gran acción de gracias" (= "Eucaristía"). Cristo está realmente presente en este Sacramento para ser nuestro Alimento ("Quien no coma de este pan no tendrá vida plena", Jn 6,53) y crear la "común unión" entre nosotros.
- En la Misa, Cristo: • nos ilumina con su Palabra para que también nosotros seamos Profetas y misioneros de esa Palabra; • nos salva con su sacrificio (su muerte y resurrección) para que nosotros también ofrezcamos nuestras vidas y oraciones por los demás como Sacerdotes junto con Él; • nos une a Él y entre nosotros con su pan, para que con Él seamos Servidores de unidad, de reconciliación, de fraternidad, compartiendo el pan material de cada día con nuestros hermanos. Recordemos: Los 7 sacramentos son: 1. Bautismo 2. Confirmación 3. Eucaristía 4. Reconciliación 5. Unción de los enfermos 6. Orden Sagrado 7. Matrimonio La Eucaristía es el centro de todos los sacramentos y de la vida cristiana.
16. Muerte y Resurrección de Jesús Traicionado, abandonado, torturado por los soldados, condenado a muerte por jueces injustos y cobardes, despojado de sus vestiduras, Jesús fue clavado en la cruz. Él siguió voluntariamente hasta el final. Por eso al mirar un Crucifijo, una Cruz... debemos sentir la invitación a luchar por un mundo nuevo, justo y pacífico, respondiendo al amor de Cristo que nos ha salvado.
- Hacia las tres de la tarde después de una prolongada agonía, dijo: "Todo está cumplido... Padre en tus manos encomiendo mi Espíritu" (Jn 19,30) y dicho esto, inclinando la cabeza entregó su espíritu. Al atardecer, un soldado le abrió el costado con una lanza (igual que al cordero de la cena pascual) pero no le rompieron las piernas como a los demás crucificados.
- El culto al "Corazón de Jesús" tiene origen en esta señal bíblica del Corazón traspasado de Jesús que nos amó hasta derramar las últimas gotas de su sangre mezcladas con agua (para Juan es el gran "Signo" anunciado por los Profetas: "Levantarán la mirada hacia aquel que traspasaron", Zac 12,10).
- Había sido derramada "la sangre de la nueva y eterna alianza" (Lc 22,20). La sangre de Cristo realmente puede cambiar nuestro corazón. Para vivir como hermanos no son suficientes las leyes; necesitamos la fuerza de su Amor ("El Amor verdadero viene de Dios", 1Jn 4,7). Ahora, gracias a esta Nueva Alianza, "Cristo ha rescatado con su sangre para Dios a los hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación" (Ap 5,9).
- Tal como lo había anunciado (Jn 2,19), en las primeras horas del domingo, Jesús resucitó triunfante y glorioso. Su resurrección nos abre un apasionante horizonte de esperanza. Es la nueva "Pascua", el verdadero y definitivo "Éxodo": la liberación de todas las esclavitudes, inclusive del pecado y de la muerte. La Resurrección de Jesús con su Cuerpo glorioso significa que:
- También nos resucitará a nosotros, a los que vivimos unidos a Él y nos incorporamos a su nuevo pueblo (1Cor 15,12-26). La muerte no es la destrucción sino el "paso", el tránsito a una vida transformada y plena ("Creo en la vida eterna").
- El amor y la justicia triunfarán sobre el egoísmo humano y la maldad; Cristo es el nuevo Rey del Universo, el Señor de la Historia "Sentado a la derecha de Dios Padre Todopoderoso".
- La Pascua del cristiano es el Bautismo, porque por obra del Espíritu de Cristo y del agua (antiguamente se sumergía a las personas en el agua y al salir se las revestía con una túnica blanca), "pasamos" del pecado a una Vida nueva, según Dios. El sacramento principal del cristiano es el Bautismo porque lo hace hijo de Dios y miembro de la Iglesia. Recordemos: Los que hemos sido bautizados, tenemos que vivir de una manera nueva porque somos hijos de Dios y miembros de un mismo cuerpo que es la Iglesia.
17. El don del Espíritu Santo El día de Pentecostés (= 50 días después de la Pascua) los Apóstoles recibieron el Espíritu Santo que Cristo les había prometido.
Entonces empezaron a comprender todo lo que Jesús les había enseñado y se organizaron como Iglesia. La Iglesia, que había sido pensada y fundada por Cristo sobre "la roca" de Pedro y los Apóstoles, no nace en Pentecostés por decreto, sino por una transformación profunda de los discípulos (individual y comunitaria) que sienten surgir en ellos el "corazón nuevo" anunciado por los profetas. Con sus dones (Is 11,2-3) y sus frutos (Gál 5,19-25), el Espíritu Santo lleva a los creyentes a:
• Sentirse hermanos y a entenderse entre ellos sin diferencias de raza, lengua o nación(He 2,7-11). • Poner en común sus bienes y ayudar a los necesitados (He 2,44).• Orar juntos, sobre todo en la "Fracción del pan": la Misa (He 2,42).• Recibir el Bautismo y la "imposición de las manos" (He 8,16);• Ser testigos valientes de Cristo en todas partes (He 5,41).
- También nosotros recibimos el Espíritu Santo en el sacramento de la Confirmación, con la unción del santo crisma y la "imposición de las manos" del obispo, para significar la fuerza del Espíritu de Cristo y una misión oficial que recibimos dentro de la Iglesia como cristianos activos y responsables.
- La Iglesia de Cristo, desde el comienzo se llamó Católica (= universal). Con esta palabra griega se quería significar que esta Iglesia era la única fundada por Jesús para todo el mundo. Las divisiones históricas entre católicos, ortodoxos y evangélicos deben ir superándose, dentro de ese movimiento "ecuménico" (de reconciliación) que Dios ha suscitado hoy en las Iglesias. Recordemos: El fruto del Espíritu Santo es: Amor, Alegría y Paz; Generosidad, Cordialidad y Bondad; Confianza, Mansedumbre y Prudencia (Gál 5,22-23).
18. La Iglesia, sal y luz del mundo La palabra "Iglesia" significa: "Asamblea". No estamos en la Iglesia, somos Iglesia. Todos los que hemos recibido el Bautismo y la Confirmación, tenemos la misión de Evangelizar (Mc 16,15). Evangelizar es anunciar la Palabra de Dios en todas partes para que todos los hombres se conviertan a Dios y la sociedad se transforme en ese pueblo de hermanos que Dios quiere (Ef 2,14-16).
- No se podrá lograr ninguna evangelización, si los cristianos no formamos Comunidad (de fe, de culto, de amor) en pequeños grupos donde todos podamos conocernos y donde se dé la "Comunión y participación de todos" (Puebla) y la ayuda mutua: "En esto los reconocerán", dijo Jesús. La Iglesia misma debe ser signo luminoso de ese Pueblo de Hermanos que anuncia y promueve.
- Esta Comunidad debe ser Servidora de la liberación integral de todas las personas. "A cada uno se nos ha dado un don (o una vocación) especial" (Ef 4,7).
- La mayoría de los bautizados sirven a Dios como laicos
en la vida familiar y profesional. Ellos deben evangelizar su lugar propio de
vida (familia,
- Los consagrados (religiosas y religiosos, hermanas y hermanos) son los que se consagran en forma especial a Dios y al pueblo, compartiéndolo todo en comunidad, profesando los votos de pobreza, castidad y obediencia para dar un testimonio más radical de los valores del Reino de Dios. La Vida Consagrada reúne: Congregaciones Religiosas, Órdenes, Institutos Seculares y nuevas formas de consagración, que se dedican a una vida intensa de oración y de trabajo en favor de los niños, de los jóvenes, de los pobres, de los enfermos, de los ancianos, etc..
- Jesús es el único Pastor de la Iglesia ("Yo soy el Buen Pastor", Juan 10,11); los que en la Iglesia son pastores cumplen el servicio de ser un signo visible de Cristo.
- Jesús entre sus Apóstoles era "como el que sirve", pero al mismo tiempo era el "Maestro" y el centro del pequeño rebaño. Esta autoridad fue transmitida a los Apóstoles con estas palabras: "Todo lo que aten en la tierra será atado en el cielo; y todo lo que desaten en la tierra, será desatado en el cielo" (Mt 18,18). "Atar y desatar" significa el poder de enseñar y dirigir a la comunidad por el camino de la salvación. Los pastores, en grados diversos, a través del Sacramento del Orden Sagrado, participan en esta autoridad.
- Los Obispos son los sucesores de los Apóstoles (He 20,25-28) y cada uno está al frente de una Iglesia local (o Diócesis). Ellos, junto al Papa, son los Profetas de hoy que siguen orientando, recordando y celebrando la Alianza de Dios para con su Pueblo.
- El Papa (= padre), obispo de Roma, como sucesor del Apóstol Pedro, recibió la misión de garantizar la unidad de la Iglesia y confirmarla en la Fe.
- Los Presbíteros (He 14,23) o sacerdotes, reciben el poder de presidir la Eucaristía, perdonar los pecados, predicar la Palabra de Dios oficialmente, y presidir y animar la comunidad cristiana.
- También los Diáconos participan en este ministerio como "servidores" de la difusión del Evangelio y de la animación de la comunidad.
- La voz del papa y de los obispos y la doctrina que enseñan es la voz de Cristo Buen pastor, sobre todo cuando se reúnen en Concilio, en un Sínodo o en grandes Conferencias como la de Medellín en 1968, la de Puebla en 1979 y la de Santo Domingo en 1992. Recordemos: La Iglesia es el pueblo de Dios que continúa la obra salvadora de Jesús y se constituye en pequeñas comunidades para poder ser fermento de Amor, de Justicia y de Paz en el mundo.
19. La confesión de los pecados Jesús proclamó la bondad y la misericordia de Dios con los pecadores como uno de sus mensajes más importantes; famosas son las Parábolas (= cuentos explicativos) de la "oveja perdida", de la "moneda perdida" y del "hijo pródigo" en Lc 15,1-32). La satisfacción más profunda de Jesús era acercarse a los pecadores, invitarlos al arrepentimiento y perdonar sus pecados ("No he venido para los justos sino para los pecadores" Mt 9,13).
- Jesús transmitió el poder de perdonar los pecados a los Apóstoles y a sus sucesores. No dijo: cuando alguien tenga pecados que hable directamente con Dios, sino: "A quienes ustedes perdonen los pecados, les serán perdonados" (Jn 20,23). El sacerdote actúa en nombre de Cristo y de la comunidad cristiana que también resulta afectada por nuestros pecados.
- Pablo enumera listas de pecados que excluyen al hombre del Reino de Dios (= pecados mortales), por ejemplo en Gál 5,19-21; si éstos se hacen dueños permanentes de nosotros nos pueden llevar a un endurecimiento definitivo en el mal. La Iglesia nos invita a liberarnos con confianza de esos pecados (porque pecamos normalmente por debilidad) confesándonos todas las veces que lo necesitemos. Hay también pecados sociales que son fruto de las ideologías materialistas que dominan la sociedad y de los cuales podernos ser cómplices.
- La Iglesia, que es santa (porque es animada y guiada por el Espíritu Santo) es también pecadora porque está formada por personas y porque recibe los embates de esos "poderes de las tinieblas" (Lc 22,53) que son reinado exclusivo del "Padre de la mentira" (= el Diablo, Juan 8,44) desde los comienzos. El medio que ha dejado Cristo a su Iglesia para purificarse es el Sacramento de la Reconciliación. Recordemos: El Espíritu Santo nos ayudará a reconocer la misericordia de Dios y nuestros pecados. Confesamos al sacerdote los pecados graves para recibir el perdón de Dios.
20. La familia cristiana Cristo quiso que el matrimonio cristiano fuera un signo (= sacramento) de lo que significa amar de verdad. Y un signo eficaz de su presencia.
- En el Antiguo Testamento, Dios comparó su amor hacia el pueblo de Israel con el de los esposos. Cuando su amor por nosotros llegó a la plenitud en Cristo, el amor de Cristo se convirtió en el modelo del amor de los esposos (Ef 5,25). El amor de los esposos debe ser una Alianza tal como la de Cristo, capaz de ser fiel hasta la muerte. Un amor maduro, generoso, servicial, así como lo expresó Pablo en su primera Carta a los cristianos de Corinto (1Cor 13, 4-8).
- Frente a cierta "mentalidad y medios de comunicación que propagan el divorcio, la infidelidad conyugal, el amor libre, las relaciones prematrimoniales" (Puebla, n. 573), la familia está llamada a ser:
- También hay que denunciar el irresponsable y masivo control de natalidad impuesto desde los centros de poder que no paran frente a la esterilización y el aborto criminal, porque "No tienen en cuenta la dignidad de la persona ni el verdadero desarrollo de los pueblos" (Puebla n. 575). Recordemos: En el sacramento del Matrimonio, Jesús une para siempre al hombre y a la mujer que se aman, santificando su amor para que formen un hogar cristiano y eduquen a sus hijos en la fe.
21. El Regreso de Jesús Cuando decimos que "Jesús subió al cielo" es una imagen literaria con la que no se entiende un lugar específico del universo sino un nuevo modo de vida (del hombre y de la creación) cerca de Dios. Y tampoco es una partida, una ausencia, sino únicamente una presencia no visible para dejar que trabajemos libre y creativamente, como hace un padre con su hijo ya grande. Esperamos entonces la "manifestación última" de Cristo (Col 3,1-4) que será la concreción del gran Proyecto de Dios (Ef 1,9-10), fruto otra vez de su iniciativa pero también de nuestros esfuerzos.
- Decimos "Creo en la comunión de los santos", porque hay una solidaridad entre todos los "santos" de la tierra y del cielo en esta lucha transformadora del mundo. Nuestros santos más queridos (Sta. Rosa, S. Martín de Porres, Sta. Teresita, S. Francisco, Sta. Rita) son nuestros protectores y modelos para imitar.
- Cristo volverá "para juzgar a vivos y muertos" (Mt 25,31-46); entonces dará comienzo ese nuevo mundo de hermandad donde no habrá más hambrientos, ni presos, ni enfermos... Será una Tierra nueva y una humanidad nueva a ejemplo de Cristo Resucitado, el hombre nuevo.
- La Unción de los Enfermos es el sacramento de la esperanza, sobre todo para los que padecen una enfermedad grave. La unción es un gesto antiguo (Sant 5,14) para pedir el alivio en el dolor y el perdón de los pecados.
- Nuestra tarea es preparar el regreso del Señor construyendo ese mundo nuevo y ese hombre nuevo a imagen de Cristo, ahora mismo. Es por eso que los cristianos aun en el dolor, en la enfermedad o en la muerte, afirmamos siempre nuestra esperanza en el Señor. Recordemos: Dios cumple siempre sus promesas: "Él secará toda lágrima y ya no habrá más muerte, ni llanto, ni gemidos, ni penas, ni desgracias porque todo habrá pasado" (Ap 21,3-4).
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