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10 AÑOS DE LA MUERTE DEL P. CACHO "Un río de humanidad" El P. Ruben Isidro Alonso (P. Cacho), vivió su Pascua un 4 de setiembre, hace diez años y para recordar esta fecha, se trasladaron sus restos desde el Cementerio del Norte a la Parroquia de Los Sagrados Corazones en la calle Possolo del barrio Las Acacias desde donde salió para una misión que le ardía en el corazón y que él mismo no sabía hacia donde lo conduciría. El miércoles 4 de setiembre, un río de humanidad, recorrió las calles de barrios muy pobres de Montevideo. Eran las calles de los barrios donde el Padre Cacho había ido, con una fuerza que le crecía desde el corazón, a buscar a Cristo entre esos hermanos más pobres. Y allí lo encontró con una profundidad y una anchura como nunca lo había experimentado antes. Entre ellos, con ellos, fue feliz... Pero ese "río de humanidad", ahora lo quería seguir teniendo junto a ellos, por eso a los diez años de su partida física, lo rescataron de la tumba y lo llevaron nuevamente a la Parroquia de Possolo, como gesto reivindicador de la Pascua eterna de Cacho, que partió para quedarse para siempre entre ellos. Cacho fue a buscar a Cristo entre ellos, y el Dios de la Vida y el Amor, les hizo conocer a Cristo en el Padre Cacho. Desde el Cementerio del Norte hasta la calle Possolo, los barrios se fueron vistiendo de fiesta para recibirlo, para decirle: "Gracias Cacho, porque creíste en nosotros, porque nos devolviste la dignidad y la esperanza, porque nos hiciste mirarnos y reconocernos como personas con capacidades y con derechos". Hoy a los diez años de tu partida, te proclamamos santo, porque te hemos visto y oído hacer y decir lo que el Maestro Jesús hizo y dijo a su pueblo. Podemos decirte santo porque tuvimos hambre y nos diste de comer, fuimos perseguidos y nos llevaron presos y vos estabas junto a nosotros, nos fuiste devolviendo un espacio para encontrarnos, para expresar nuestra palabra, elaborar nuestros propios proyectos y tener la capacidad de soñar, que se nos había robado. Nos enseñaste del perdón y de la solidaridad. Conociste nuestra fragilidad y nuestra intemperie y compartiste esa realidad con nosotros. Hablaste nuestro propio idioma, porque sabías escuchar y no le temías al silencio. Ese "río de humanidad" abrazó nuevamente a Cacho con los brazos de los más jóvenes y en ellos todos sentimos que lo abrazábamos. No hubo protagonistas ese día, porque todos, junto a Cacho nos sentimos Pueblo de Dios, profundamente hermanados. Ese día, Cacho, nos hiciste de tu familia y vecino de tus vecinos... Pasados los días siguen abriéndose en el interior de nuestro corazón emociones, pensamientos y oraciones. Fuimos testigos de la dimensión "jubilar" de Cacho, porque él rescató a los pobres y oprimidos, les devolvió la palabra y la acción, les reveló el amor de Dios y los hizo comunidad. Especialmente vimos como Cacho devolvió a la mujer su protagonismo en medio de la comunidad, en igualdad con el varón, respaldándola en su tarea de tejedora de proyectos posibles. Cacho, hoy estamos padeciendo muchas carencias, las familias ven partir a sus hijos a destinos inciertos, el hambre crece, cada día hay más niños en las calles pidiendo comida, la juventud no ve futuro, los ancianos están muy solos y desvalidos, las mujeres cargan con más responsabilidades de las que pueden soportar... Ruégale al Padre para que convierta nuestros corazones, y actitudes para tener una Patria más justa y para que sus hijos tengan lo que les pertenece... Pídele a Dios, que nos haga perderle el miedo a los pobres... porque no hay mayor pobreza que no ser capaz de amar al otro como a uno mismo. Gracias Cacho porque a todos nos mostraste un camino, nos hiciste más humanos con tu testimonio y nos estás susurrando en el corazón que otra sociedad es posible... |
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