"La Creación"
de Diego Rivera

(pintor mexicano, 1886-1957)

La obra

En enero de 1922, seis meses después de su regreso de Europa, el pintor muralista mexicano, Diego Rivera pintaba su primer gran mural, a los 36 años. Este mural titulado La Creación está en la Escuela Nacional Preparatoria, ubicada en el antiguo colegio de San Ildefonso en (ciudad de México). Mientras varios pintores se ocupan de las paredes del patio o claustro, Rivera se pasa un año preparando su versión de un Fresco experimental en el anfiteatro de la escuela. En esta obra, exactamente igual que en casi todos los murales que le seguirían, el artista, diestro dibujante, realiza los bocetos preparatorios con carboncillo y lápiz rojo, a imitación de los maestros del Cinquecento italiano. Mientras en los cuadros que pinta después de su periplo europeo el tema dominante es la vida diaria en México, Rivera plasma en este mural motivos cristianos en los que el animado cromatismo mexicano contrasta con los distintos tipos humanos de México. El tema desarrollado es como el propio artista formula, "el de los orígenes de las ciencias y las artes. Una especie de versión condensada de los hechos sustanciales de la Humanidad". Es una obra en la que parecen estar presente elementos estilísticos "naza-renos" para cuya representación fue muy útil al pintor su estudio del arte italiano. Los santos y santas del segundo plano tienen una postura bastante hierática y distante, mientras que en primer plano los distintos personajes que representan las ciencias y las artes parecen representar la fusión de las razas.

En primerísimo plano la pareja de mestizos, sentada en los dos costados, representa la primera pareja humana: Adán y Eva. Para el desnudo de Eva, la modelo fue Guadalupe Marín, una muchacha de Guadalajara con la que el artista se casaría.

El artista

Diego Rivera (1886-1957) fue uno de los grandes artistas del siglo XX. Nació en la ciudad de Guanajuato y en 1892 se trasladó a México con su familia. Recibió en París la influencia del post impresionismo y del cubismo, en cuyo lenguaje se expresó con solura. Diego Rivera, al comienzo de su carrera pinta con formas clasicistas simplificadas y con vivo colorido, rescatando el pasado precolombino y los momentos más significativos de la historia mexicana: la tierra, el campesino y el obrero, las costumbres y el carácter popular. En junio de 1922, Guadalupe (Lupe) Marín y Diego contraen matrimonio por la Iglesia. Del matrimonio, que durará cinco años, nacen dos hijas: Guadalupe y Ruth. La aportación de la obra de Diego Rivera al arte mexicano moderno fue decisiva en murales y de caballete. Fue un pintor revolucionario que buscaba llevar el arte al gran público, a la calle y a los edificios, manejando un lenguaje preciso y directo con un estilo realista, pleno de contenido social.

La técnica y el color

Rivera combina en este fresco sus extensos conocimientos del arte tradicional con un hábil tratamiento de los elementos plásticos contemporáneos. Las obras de los años siguientes describen críticamente tanto el pasado como el presente. Reflejando la convicción utópica de que el hombre puede transformar la sociedad con su creatividad, para lograr un futuro mejor y más justo.

El mensaje

El mensaje que todos pueden leer en este mural se refiere al tema de la educación mediante el arte. La música, la danza, la literatura, el teatro y la sabia utilización de la ciencia para dominar la naturaleza y conducir al hombre a la verdad absoluta, están en plena sintonía con las virtudes que propaga la religión cristiana, representadas por las santas y santos representados en un segundo plano.

Sin embargo hay mucho más. Del semicírculo azul, rodeado por el arco iris que representa el cosmos con el sol y las estrellas, salen las tres manos creadoras de la Trinidad (el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo). En el nicho central se especifica ulteriormente el carácter cristiano de la creación. El hombre desnudo con los brazos abiertos es indudablemente el Cristo crucificado, el Verbo por el cual "todas las cosas fueron hechas y sin el cual no se hizo nada de todo lo que existe" (Jn 1,3).

Los cuatros Seres Vivientes, con las seis alas, que lo acompañan recuerdan la visión del Apocalipsis (4,7) y de Ezequiel (1,5). Estos Vivientes con cara de Águila, de León, de Toro y de Hombre, son los símbolos de los Evangelios y de Cristo. Si bien el lenguaje pictórico de Rivera se transformará en los murales que siguen, adquiriendo una orientación política con ideales revolucionarios, en este mural el pintor mexicano parece dominar muy bien el simbolismo cristiano que logra trasmitir con maestría.

Quinto Regazzoni