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"La Nación
que queremos"
Este es el título del documento, de tan solo dos carillas, que los obispos argentinos, reunidos en Buenos Aires del 25 al 28 de setiembre pasado, emitieron para la prensa. Se trató de la primera asamblea extraordinaria de obispos convocada fuera de agenda en 45 años, debido a la gravedad de la situación del país. Los obispos vienen reclamando hace tiempo acuerdos patrióticos entre las fuerzas políticas para esta inédita crisis del país; desde la Mesa del Diálogo han reclamado la definición de políticas de estado en la lucha contra el desempleo y la pobreza, en cuanto a salud, educación, seguridad, etc.. Sin embargo, observan que a medida que avanza la campaña electoral, ese objetivo se aleja. Quizás por eso el documento es breve y refleja una cierta decepción, como si las palabras ya sobraran. Los obispos advierten que "si no se avanza con las reformas que reclama la sociedad, estaremos amenazados de caer en peores frustraciones". Denuncian a los grupos económicos que despojaron al país y corroen los estamentos del Estado hasta el punto que Argentina "se ha convertido para algunos en presa de rapiña". Denuncian también "el facilismo de los proyectos demagógicos" en la campaña electoral y afirman que "ni la llegada al país de nuevas sumas de dinero, ni la reforma de las instituciones, ni el recambio político serán suficientes para construir una nueva Nación". El arzobispo de Rosario, Eduardo Mirás, explicó el sentido de estas palabras al lamentarse que "las elecciones se hayan convertido en el horizonte casi único de la vida política", y pidió a los dirigentes que "se pongan a pensar en los grandes y graves problemas del país y encuentren cuatro o cinco puntos en los cuales, urgentemente, sepan ponerse de acuerdo para arrancar y salir de esta situación". Hablando de los valores morales que los dirigentes deben tener, los obispos ensayan también una tímida autocrítica diciendo: "Si la labor educativa de la sociedad y de la Iglesia no pudo hacer surgir una patria más digna, es porque no ha logrado que los valores se encarnen en compromisos cotidianos". Se pidió por otra parte que la Mesa del Diálogo, en la que ahora participa en nombre del episcopado tan solo el obispo Agustín Radrizzani, se amplíe a otros cultos y organizaciones civiles para que el mayor número de gente posible pueda dar su aporte calificado a través de las siete mesas sectoriales a fin de elaborar un proyecto común de país. Muchos temen que la fragmentación de los partidos políticos y el escaso interés público por los actuales candidatos puedan dar como resultado otro gobierno débil, si no se logra una plataforma de unidad nacional. Por su parte, en un documento conjunto emitido a comienzos de octubre pasado, el obispo de Jujuy, Marcelino Palentini, y el obispo de Humahuaca, Pedro Olmedo, pidieron a las autoridades nacionales y provinciales que "no sigan haciendo oídos sordos a los reclamos justos de nuestra gente y les den las respuestas urgentes y ágiles que necesitan para sobrevivir". También rechazaron la violencia injustificada del pasado 20 de setiembre en la capital provincial, donde se enfrentaron policías y desocupados, y adhirieron "a los que reclaman para que estos hechos se clarifiquen con rapidez y se depongan las actitudes de violencia y represión como formas de dar respuestas a los graves problemas que vivimos". Los obispos jujeños reiteraron lo dicho en un reciente documento del Episcopado: "la Patria está gravemente enferma por una larga afección moral reflejada en los diversos órdenes: económico, político, cultural". Por último, convocaron a los creyentes y hombres de buena voluntad a que "nuestros corazones cambien de verdad y nos comprometamos a construir la nación que queremos". |
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