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EL MUNDO No a la "doctrina de la guerra" La nueva doctrina militar e ideológica, que se desprende del documento titulado: "Estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos", justifica los ataques preventivos contra cualquiera que amenace sus intereses; legitima el uso no tan solo disuasivo sino agresivo de las armas y subordina los acuerdos y tratados multilaterales a su decisión y actuación unilateral. Este documento parece tener el propósito inmediato de justificar un ataque a Irak pero también de legitimar la supremacía mundial de Estados Unidos. Esta visión imperial y militarista de la política, propia de la extrema derecha republicana y además insertada en un marco religioso fundamentalista (se trata de una guerra contra el mal y "los ejes del mal"; se está con los representantes del bien o "contra ellos"), deja pocas salidas. Esconde además una profunda hipocresía porque por un lado condena el terrorismo y por el otro arrasa con buena parte del derecho internacional; por un lado lamenta las 3.000 víctimas inocentes de las Torres Gemelas pero no habla de las 4.000 (o más) víctimas civiles de la guerra de Afganistán; por un lado protesta porque Irak no cumple con las resoluciones de la ONU pero defiende a Israel que nunca cumplió ninguna. La prevista guerra con Irak buscaría en realidad asegurarse las mejores fuentes del petróleo en Oriente Medio. Ya el 9 de setiembre el arzobispo encargado de la diplomacia vaticana, Jean Louis Tauran, dijo que una guerra contra Irak "sería imponer la ley del más fuerte". También el presidente de la Conferencia Episcopal Italiana, Camilo Ruini, se declaró contrario a una guerra "porque tendría inaceptables costos humanos y gravísimos efectos desesta-bilizadores en el Medio Oriente y quizás a nivel mundial". Igual es la postura del card. Joseph Ratzinger: "Las Naciones Unidas son el instrumento adecuado para una coordinación aún de orden moral de la política, excluyendo hegemonías unilaterales". El mismo "no" a la guerra salió del card. Cormac O´Connor, de Londres, y del presidente de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos, Wilton Gregory, que escribió una carta al presidente estadounidense, cuestionando el derecho a derrocar el gobierno de otro país, sobre todo cuando no hay pruebas de la participación de Irak en los hechos del 11 de setiembre. Por su parte, cuando Irak se declaró dispuesto a recibir las inspecciones de la ONU, el Papa expresó que se trataba de una "buena noticia" que podía liberar al mundo de "los vientos de la guerra".
RECORDANDO EL 11 DE SETIEMBRE Al cumplirse un año de la tragedia de las Torres Gemelas que dejó mas de tres mil muertos, Juan Pablo II oró por las víctimas y condenó terminantemente el terrorismo con estas palabras: "Ninguna situación de injusticia, ningún sentimiento de frustración, ninguna filosofía o religión pueden justificar semejantes aberraciones. El terrorismo es y será siempre una manifestación de inhumana ferocidad". Pero añadió el Papa: "La violencia y la guerra son opciones que siembran y generan tan solo odio y muerte". Según muchos analistas esta última frase es una respuesta negativa a las pretensiones belicistas de Estados Unidos. En la segunda parte de su discurso, el Papa apuntó a la verdadera solución del problema del terrorismo con estas palabras: "Es necesario y urgente que haya nuevas iniciativas políticas y económicas capaces de resolver las escandalosas situaciones de injusticia y opresión que afligen a numerosos pueblos y crean condiciones favorables para la explosión incontrolable del deseo de venganza". |
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