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¿CÓMO ACERCARSE A LA BIBLIA HOY? Preguntas difíciles sobre las Escrituras Es urgente que los catequistas y agentes de pastoral puedan tener a su disposición los elementos indispensables para un acercamiento serio, actualizado y transparente a la Biblia. Un gran maestro de la exégesis bíblica, el p. Luis Alonso Schökel, decía: "La claridad es caridad". La Iglesia no está por encima de la Palabra de Dios sino que la sirve. En este Tema Central ofrecemos algunas reflexiones para responder a las preguntas difíciles que habitualmente se hacen con respecto a la Biblia.
Los textos originales de la Biblia han sido escritos en hebreo y arameo (Antiguo Testamento) y en griego (Nuevo Testamento). Tal vez los primeros libros de la Biblia empezaron a tomar forma unos 900 u 800 años antes de Cristo, aunque algunas de las tradiciones orales fueron recogidas con cientos de años de antelación. Si se tiene en cuenta que el último libro del Nuevo Testamento se escribió quizás a principios del siglo segundo, la Biblia en su totalidad tardó mil años en escribirse, lógicamente por distintos autores. El mismo término "Biblia" es una palabra griega (el plural de "Biblos") y significa "libros" porque se trata efectivamente de 73 libros. Como hoy no conocemos esos idiomas antiguos, recurrimos a las traducciones. La Biblia es una sola para todos; son las traducciones las que son distintas. En algunas Biblias hay notas informativas a pie de página con comentarios muy útiles por parte de especialistas. Otras, en especial las protestantes, traen pocos o ningún comentario. Las traducciones más conocidas son la "Biblia de Jerusalén", llamada así porque está traducida y comentada por sabios católicos, protestantes y judíos de la "Ecole Biblique" de la ciudad de Jerusalén; la "Biblia Latinoamericana" porque en los comentarios se tiene en cuenta el contexto latinoamericano; y el "Libro del Pueblo de Dios" de la fundación Palabra y Vida de Buenos Aires. Una de las traducciones más famosas en la historia es la de los "Setenta": según la tradición, setenta sabios judíos se reunieron en Alejandría de Egipto unos 100 años antes de Cristo para traducir el Antiguo Testamento del hebreo al idioma más popular de la época, el griego. Hacia el año 400 después de Cristo, cuando ya la gente no entendía más el griego, san Jerónimo tradujo toda la Biblia al latín y se la llamó "Vulgata" (o sea traducción para el vulgo, para el pueblo) y fue la que la Iglesia Católica usó durante 14 siglos. Las Biblias modernas suelen tener también a pie de página o al margen referencias que mencionan textos paralelos (= concordancias); significa que en otros textos, por ejemplo de los Evangelios, se menciona el mismo hecho o enseñanza. Hay personas que interpretan mal un pasaje de la Biblia porque no lo comparan con los demás que se le asemejan. Se suele decir que la mejor explicación de la Biblia es la Biblia misma. ¿Qué diferencia hay entre una Biblia católica y una protestante? Antes había diferencias entre católicos y protestantes porque los primeros realizaban sus versiones de la Biblia basados en la traducción al latín que hizo san Jerónimo (la Biblia Vulgata), mientras que las traducciones protestantes de la Biblia se llevaban a cabo sobre las lenguas originales. Pero esto, desde 1950, ha cambiado. También las traducciones católicas hoy se vienen llevando a cabo a partir de las lenguas originales y entre católicos y protestantes hay consenso y colaboración en proyectos ecuménicos comunes, como en el caso de las Biblias interconfesionales. Por ejemplo, es muy conocida entre nosotros la Biblia Ecuménica en versión popular para América Latina editada por Sociedades Bíblicas y titulada: "Dios habla hoy". Aun así hay una diferencia importante entre las Biblias católicas y las protestantes, y se encuentra en el Antiguo Testamento. Para los judíos y la mayoría de los protestantes, el Antiguo Testamento tiene 39 libros mientras que para los católicos cuenta con 46. El motivo es que los católicos aceptamos 7 libros llamados "deuterocanónicos". Se trata de los libros de Tobías, de Judit, del primero y segundo de los Macabeos, la Sabiduría, el Sirácida (Eclesiástico) y Baruc. Son libros que han llegado hasta nosotros en griego, no en hebreo o arameo y por eso han sido rechazados por judíos y protestantes. Sin embargo, la Iglesia Católica los acepta porque fueron conocidos a través de la traducción al griego que de ellos hicieron los Setenta sabios judíos, en la ciudad de Alejandría antes de Cristo. De las 350 citas del AntiguoTestamento presentes en el Nuevo, unas 300 se basan en la versión de los Setenta; por lo tanto se consideran inspirados y canónicos también los libros deuterocanónicos. En su afán por volver a las orígenes, Martín Lutero volvió al canon que regía en Palestina antes de la traducción de los Setenta. Estos libros resultan importantes para la Iglesia porque se escribieron cerca de la época de Jesús y contienen puntos de vista que Él aceptó (por ejemplo, tanto los libros de los Macabeos como la Sabiduría, creen en la vida después de la muerte). Se llaman "deuterocanónicos" (= segundo listado), para destacar que pasaron a formar parte del listado oficial de los Libros bíblicos en un segundo momento (con los Setenta).
La palabra "canon" significa en griego: "medida", una especie de metro, o patrón para identificar y clasificar un listado de cosas. No fue fácil y llevó tiempo establecer una "lista oficial" de los libros de la Biblia. El principal criterio para el reconocimiento "canónico" de los libros sagrados por parte de la Iglesia, fue su empleo prolongado y generalizado en la lectura pública y la veneración de los fieles. Si se descubriera hoy un documento antiguo perdido, como por ejemplo una carta de san Pablo, el hecho de que se tratara de un escrito jamás leído en la Iglesia, implicaría su no aceptación canónica. Hoy, por ejemplo, todos los estudiosos admiten que el autor de algunas cartas de san Pablo (las "pastorales") no fue propiamente el apóstol sino un discípulo suyo, pero eso no le quita a las cartas nada de su inspiración y autoridad para toda la Iglesia. La Iglesia se resiste a las interpretaciones personales de la Biblia que chocan contra cuanto ha sido enseñado en los credos o en las declaraciones oficiales de la Iglesia. El mismo san Pedro dice: "Ninguna profecía de la Escritura puede interpretarse por cuenta propia" (2Pe 1,20). Los textos que tenemos de la Biblia se llaman "canónicos" porque son normativos por la fe. Fue el rey Josías en el siglo VII antes de Cristo el primero que estableció un "canon" del Antiguo Testamento, es decir una lista de libros sagrados para ser leídos en la sinagoga; esta lista la precisaron Esdras y los profetas. Se reflexionó también largamente antes de establecer la lista oficial de los libros del Nuevo Testamento; se culminó la tarea antes que finalizara el segundo siglo después de Cristo y se descartaron textos importantes como el Pastor de Hermas, los Hechos de Pablo, los Evangelios de san Pedro, Tomás, Felipe... Estos textos fueron considerados "apócrifos". A pesar de sus construcciones imaginativas en muchos casos, los apócrifos no dejan de tener importancia. Algunos de ellos se han conservado desde los primeros tiempos. Por ejemplo, el Protoevangelio de Santiago que data de mediados del siglo segundo, influyó mucho en las tradiciones populares de la Iglesia: de allí proceden los nombres de los padres de María, Joaquín y Ana; de allí también procede el relato de la presentación de María al templo, la imagen de un san José anciano, etc.. Algunos de los evangelios apócrifos, aunque conocidos antiguamente, han estado perdidos y se han vuelto a descubrir en nuestro tiempo. ¿Hay seguridad que las traducciones actuales responden a los originales? Los manuscritos que escribieron los autores de su propio puño y letra, se perdieron todos y esto vale tanto para el Antiguo como para el Nuevo Testamento. No fue sólo por el material (papiros, pergaminos...) que se usó para escribir. El motivo principal por el que casi no hay manuscritos anteriores al siglo IV después de Cristo (excepto los del Mar Muerto), es que los "masoretas" (de "masora" = tradición) -un grupo de rabinos judíos de la ciudad de Tiberíades en Galilea- quisieron añadir las vocales al texto hebreo para que se entendiera y se leyera correctamente. Después de esta ardua tarea que duró hasta el siglo IX, los Masoretas decidieron quemar todas las demás copias de la Biblia que circulaban. A partir del texto llamado "masorético" empezaron de nuevo a copiarse los manuscritos bíblicos. El manuscrito hebreo más antiguo del Antiguo Testamento, exceptuando a los del Mar Muerto, es del año 1008 después de Cristo (el Codex de San Petersburgo) y todos los biblistas cristianos traducen actualmente la Biblia partiendo de ese texto. Hay en el mundo más de 1.140 manuscritos bíblicos (llamados "códices") y en esos códices muy antiguos se halla copiada la Biblia toda o en partes. En 1859 se encontraron en un antiquísimo monasterio del monte Sinaí unos pergaminos con todo el Nuevo Testamento y gran parte del Antiguo, escritos hace 16 siglos; es el famoso Codex Sinaítico. En 1947, un pastor, buscando unas cabras cerca del Mar Muerto, en un sitio del desierto llamado Qumrán se metió en una cueva profunda y allí encontró unas vasijas de barro que contenían unos rollos de pergaminos de tiempos muy antiguos. Fue el comienzo de grandes descubrimientos. En las 11 grutas de Qumrán se encontró una biblioteca entera que data de los años 150 antes de Cristo hasta el año 70 después de Cristo, fecha de la destrucción de Jerusalén cuando llegaron los ejércitos romanos y el monasterio adyacente fue arrasado por las tropas. Los monjes judíos, llamados "Esenios", sólo pudieron salvar su tesoro más precioso: las Escrituras. En Qumrán se encontraron rollos del primer y segundo siglo antes de Cristo (por ejemplo, el libro del Éxodo escrito sobre pergamino 500 años antes de Cristo, según exámenes al carbono 14). Uno de los manuscritos más antiguos es el primer rollo de Isaías del siglo primero antes de Cristo. Está constituido por 17 tiras de cuero cosidas de tal manera que forman un rollo de 7,34 m. de largo y 26 cm. de altura. Estos rollos contienen gran parte del Antiguo Testamento con textos sustancialmente idénticos a las traducciones conocidas en la actualidad. Esto confirma el respeto sagrado y la fidelidad en la transmisión escrita de la Biblia y en sus diversas traducciones. Nunca encontraremos los textos originales pero podemos estar seguros de que los textos que tenemos son fieles a los textos primitivos. Si desde el año 100 antes de Cristo hasta la actualidad, hubo tan pocas alteraciones en el texto, sin duda le habrá ocurrido lo mismo en los siglos anteriores. La crítica textual se encarga de buscar entre los manuscritos disponibles el texto que mejor se adecue al texto primitivo. Gracias al estudio apasionado y científico de la Biblia, con la crítica textual se ha logrado reconstruir un texto del Antiguo Testamento más auténtico del que se manejaba en tiempos de Jesús. No hay ningún libro en el mundo sobre el que se haya aplicado, frase por frase, tanto tiempo y trabajo, como en la Biblia. ¿Quiénes fueron los autores de la Biblia? La primera Biblia así como la conocemos ahora la imprimió en 1450 el católico Juan de Gutemberg, inventor de la imprenta. En los primeros siglos era muy difícil obtener una Biblia porque había que escribirla toda a mano (y eso lo hacían los "amanuenses"). Hay que tener en cuenta además que los libros de la Biblia han surgido en forma independiente por parte de distintos autores; no fueron escritos todos al mismo tiempo. Y no fueron pensados para ser incluidos en una colección. Cuando se trataba de leer algún pasaje se sacaba únicamente el rollo correspondiente (cfr. Lucas 4,17). Con el tiempo los judíos agruparon los rollos de la Biblia en tres grandes unidades: el "Pentateuco", es decir, los cinco libros fundamentales de los judíos que ellos llaman "Torá" (= la Ley): Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio, adjudicados todos a Moisés; los Profetas y finalmente los Escritos (libros Sapienciales, Salmos, etc.). Los cristianos preferimos hablar de Libros Históricos, Libros Proféticos y Libros Sapienciales. Muchos libros de la Biblia han sido escritos con un nombre "adoptivo". El libro de la Sabiduría de Salomón, por ejemplo, no fue escrito por él. Un sabio del año 50 antes de Cristo escribió en griego ese libro y utilizó el nombre de ese rey que vivió 900 años antes y que no conocía el griego. Lo mismo puede decirse de los Proverbios, el Eclesiastés, el Cantar de los Cantares. Igualmente la mayoría de los Salmos que se atribuyen a David, no son de él; los autores que escribieron esos salmos, se sentían plenamente identificados con la tradición y el espíritu de David.
La palabra "crítica" hay que entenderla en sentido positivo. Su verdadero significado implica una lectura y un análisis más atento y científico de una obra, en este caso de la Biblia. Por ejemplo, en los diarios y revistas se hace la crítica de las películas, de los libros, etc.; se trata del juicio fundamentado de especialistas sobre el tema. Muchas personas quieren leer toda la Biblia pero acaban empantanándose con las genealogías o con las leyes rituales de los primeros libros. Lo mejor es comenzar a leer aquellos libros de la Biblia que por su naturaleza son más atractivos, inteligibles y recientes (empezando por los Evangelios). Hay secciones de la Biblia que son fáciles y espiritualmente provechosas pero hay otras que son difíciles y precisan de comentarios o notas. No hay que oponer la lectura espiritual y la lectura crítica de la Biblia; ésta es una ayuda para aquella. Si se quiere conocer en profundidad la Biblia y sacarle mayor provecho espiritual, hay que tener en cuenta la "Exégesis bíblica", es decir la investigación científica de la Biblia. Para eso los especialistas han usado el método histórico-crítico, que es la llave de la exégesis. Se llama "histórico" porque busca establecer el proceso de formación de los textos. Y es "crítico" porque recurre a disciplinas científicas como la crítica textual y literaria... El método busca reconstruir el texto original, hace un análisis de las fuentes y de los autores, de los géneros literarios, de las tradiciones y del ambiente histórico, de la autenticidad de los textos y su redacción. El objetivo de este método científico es buscar lo que realmente quiso decir el autor. En el pasado no se disponía de este método y se apuntaba más a una explicación alegórica-espiritual. Hay que tener en cuenta que antes que se escribieran los textos hubo una prolongada transmisión oral de los mismos. El otro camino que nos ayuda a entender bien la Biblia es la "Hermenéutica" (del griego = interpretación). Ésta nos ayuda a entender qué quiere decir ese mensaje de la Biblia hoy, en la época en la que estamos viviendo. La hermenéutica es sumamente importante porque si sólo se estudiara la exégesis (saber qué quisieron decir los autores en aquellos tiempos), la Biblia se convertiría en un objeto de museo, sin actualidad. Pero mirando esos mensajes y repensándolos a la luz de la cultura actual, de acuerdo a nuestra sensibilidad y criterios, entonces la Biblia se convierte en luz poderosa y fuerza transformadora. ¿Qué es el fundamentalismo bíblico? Se suele decir que la Biblia es "Palabra de Dios" y esto puede ser fuente de cierta ambigüedad. Un enfoque "literal" da por supuesto que Dios le va dictando mentalmente al que escribe, de tal manera que cada una de las palabras procede de Dios y el hombre se limita solamente a ponerlas por escrito. Esta interpretación "literal" de la Biblia sostiene por lo tanto la falta absoluta de errores en la Biblia, porque Dios nunca se equivoca; entonces cada una de las afirmaciones de la Biblia es verdadera y completa al pie de la letra. Pero los libros bíblicos tienen distintos géneros literarios y no sólo históricos; por ejemplo: poemas, poesías, leyendas, profecías, salmos, proverbios, cartas, himnos... Si el libro de Jonás es una parábola, no por eso deja de ser una parábola inspirada por Dios que nos trae importantes enseñanzas, aunque el famoso relato de la ballena es simbólico. Igualmente los primeros libros del Génesis no son históricos ni científicos; son tradiciones religiosas en forma de poema que nos transmiten una verdad inspirada: toda la creación es obra de Dios. Saber "cómo" sucedió todo eso no es tarea de la Biblia. Antes de cualquier interpretación, es recomendable informarse sobre el género literario del libro que se va a leer. No se puede leer de la misma manera una novela, un libro de historia o una poesía; la Biblia es una biblioteca rica y variada. A nadie le debe extrañar ya que los libros de Job, Ester, Judit y Rut sean parábolas y no libros históricos; lo importante es el mensaje religioso. El libro más difícil del Nuevo Testamento es el Apocalipsis (= revelación de lo que va a suceder), escrito dentro de un determinado género literario (el apocalíptico) que hoy ya no se usa pero que era muy común en tiempos de Jesús. El mensaje básico del Apocalipsis es fortalecer la esperanza de los cristianos en tiempos de persecución, destacando que Dios tiene el control de todas las cosas y que su victoria será total. Pero son inútiles las especulaciones sobre el fin del mundo, el número de los salvados y la identificación de los fenómenos descriptos en forma simbólica. Los fundamentalistas defienden una interpretación literal y estricta de cada pasaje bíblico. Como reacción a la crítica bíblica, en 1910 dos protestantes californianos patrocinaron un movimiento para defender "los fundamentos" de la fe cristiana socavados según ellos por las nuevas interpretaciones. Los fundamentalistas ignoran la naturaleza misma de la Biblia: su interpretación es superficial y simplista. El fundamentalismo se encuentra sobre todo en grupos sectarios e integristas. Es el caso de los Testigos de Jehová cuando por ejemplo no permiten la transfusión de sangre porque en el Antiguo Testamento se prohibe tocar y comer la sangre de un ser viviente. La sangre era el signo de la vida y el sentido de la prohibición era respetar y tutelar la vida. Es justamente lo que se busca con la transfusión de sangre. Por eso siempre es actual la frase bíblica: "La letra mata, el Espíritu vivifica" (2Cor 3,6). La Palabra de Dios ha sido expresada en palabras humanas; se ha encarnado en una determinada época histórica... El fundamentalismo niega la encarnación de Dios y de Su Palabra. ¿Hay errores históricos y científicos en la Biblia? Los relatos de la Creación en el Génesis han sido escritos de acuerdo a los conocimientos científicos de aquella época. No se le puede exigir a escritos tan antiguos precisión científica sobre temas como astronomía, física, medicina... El autor sagrado describe las cosas como las entendía la cultura y el común sentir de la gente de su tiempo (una epilepsia se atribuía, por ejemplo, a un "espíritu malo"). Un problema especial se planteó en la época moderna a partir de la teoría científica de la evolución; el ser humano habría surgido al término de un largo proceso evolutivo que habría empezado en el mundo animal. Esto parecía en un primer momento ir en contra del dato bíblico que atribuye a Dios la creación del hombre. En realidad no es así y la Iglesia admite hoy la posibilidad de la evolución de las especies, siempre basándose en la intervención específica de Dios. Con respecto a la historia puede decirse lo mismo que de la ciencia. Es con la aparición de la monarquía en Israel que surgen los primeros documentos históricamente consistentes. En tiempos de los reyes David y Salomón, los escribas de la corte se ponen a escribir; redactan los anales del reino, recogen las tradiciones y las memorias populares; lo que hoy llamaríamos la "prehistoria" de Israel. El libro del Éxodo fue escrito siglos después que sucedieran los hechos. Nunca se sabrá lo que pasó realmente en el Mar Rojo con sus detalles, pero sí se reconoce el núcleo histórico que fue la liberación por parte de Dios y de sus profetas del pueblo judío, esclavo en Egipto. La Biblia ofrece una interpretación religiosa de la historia así como ésta era conocida en aquel tiempo. El Antiguo Testamento es la biblioteca de Israel, así como el Nuevo lo es de la primitiva Iglesia, y ambos nos transmiten su experiencia básica de fe, que puede servir de ejemplo al pueblo de Dios actual (Rom 15,4). Una de las mayores emociones al leer la Biblia es el descubrimiento de que las situaciones bíblicas son similares a las nuestras. Lo que Dios pedía en tiempos pasados como respuesta a los seres humanos, lo sigue pidiendo hoy. ¿Cómo se explican las expresiones de violencia en el Antiguo Testamento? Nos desconcierta leer en el salmo 58: "el justo gozará viendo la venganza" o "lavará sus pies en la sangre de los enemigos". Lo que hay que rescatar aquí es la indignación de Dios y del hombre piadoso frente a la injusticia, su cólera frente a la infamia... Inclusive el lenguaje truculento de ciertos salmos no se debe a que el creyente quiera vengarse; en realidad él confía la justicia a Dios, Señor de la Justicia. "Hay un Dios que hace justicia en la tierra", sigue el salmo 58. Aparte del lenguaje hiperbólico típico de los orientales, es bueno recordar que el término "naqam" traducido por "vengar", en realidad significa "restablecer el derecho". Dios quiere que el pecador se convierta y viva. La "maldición" que cubre varias páginas de la Biblia tiene el sentido de apremiar la intervención divina. Hay que recordar por otro lado que antiguamente se adjudicaban a Dios tanto las cosas buenas como las malas, la enfermedad, la muerte y hasta la peste y las sequías. Fue Jesús quien nos enseñó que Dios no manda males a nadie, ni estos son castigos por los pecados. Por lo tanto, hay expresiones que no hay que tomar a la letra porque son parte de una cosmovisión superada. Dios no "da la muerte y la vida", no "hunde y levanta", no "castiga los pecados de los padres en los hijos"... Al mismo tiempo es cierto que en el Antiguo Testamento hay páginas realmente desconcertantes por su violencia. Hay cientos de pasajes en los que Dios ordena matar: los patriarcas mataban y despojaban a otros pueblos, incluyendo a mujeres y niños. La conquista de la tierra prometida fue una invasión acompañada de masacres. ¿Qué decir frente a las crueldades e inmoralidades de los personajes bíblicos? Hay que recordar otra vez que Dios ha decidido entrar en la historia humana adaptándose al primitivismo y a las costumbres de la época, a la libertad del ser humano. La Biblia es la historia de la paciencia educadora de Dios con hombres pecadores y "lentos en entender" (Lc 24,25). Es la historia progresiva de la Revelación de Dios que se adapta a la lentitud, a los límites y al pecado del hombre para llevarlo de la mano hacia la salvación total en Cristo. ¿Sigue siendo útil la lectura del Antiguo Testamento? La Biblia es en su totalidad Palabra de Dios revelada en palabras humanas. Un solo Espíritu anima a toda la Biblia; prueba de ello es su maravillosa unidad y coherencia, aun dentro de su proceso evolutivo. La Biblia nos cuenta las etapas de una Revelación por parte de Dios que manifiesta una Alianza (= testamento, en latín) de amor con los seres humanos, renovada y llevada a su plenitud en Cristo. Dios es autor de la Biblia porque eligió a los escritores, los iluminó y los asistió de tal manera que ellos expresaran fielmente lo que Él quería decir: "Movidos por el Espíritu Santo, hablaron los hombres de Dios" (1Pe 1,20). Esto se llama "inspiración". El mensaje de Jesús está en continuidad con el Antiguo Testamento y al mismo tiempo lo supera y lo cuestiona. El Antiguo Testamento debe ser leído desde Cristo y el Nuevo Testamento. Hay textos y textos en la Biblia; algunos son más importantes y permanentes y otros circunstanciales y caducos. Unos revelan la intención profunda y originaria de Dios, otros pagan tributo a la dureza del corazón del hombre. Es típico el caso de Jesús que conoce Deuteronomio 24,1: "El que despide a su mujer, dele libelo de repudio", pero lo juzga secundario respecto a otro pasaje del Génesis (Gén 1,27; 2,24) donde descubre la verdadera voluntad de Dios con respecto a la indisolubilidad del matrimonio. Todo esto nos lleva a entender por qué la Iglesia no quiso abolir nunca ningún libro del Antiguo Testamento. Ya Marción en el siglo segundo había rechazado el Antiguo Testamento como texto sagrado, porque lo consideraba como expresión de un Dios salvaje y bárbaro respecto al Dios revelado por Cristo. La Iglesia nunca aceptó esta postura porque Cristo no quiso abolir el Antiguo Testamento sino llevarlo a su plenitud (Mt 5,17) y a su plena comprensión ya que el mismo está lleno de textos estupendos, sobre todo proféticos, en los cuales brillan el amor, el perdón, la ternura y el universalismo de Dios. La lectura y la meditación del Antiguo Testamento sigue siendo útil para la vida y la oración de la Iglesia, como por ejemplo, el rezo diario de los Salmos que se ha perpetuado en la historia. El Nuevo Testamento resultaría incomprensible sin el Antiguo, que es preparación del segundo. Si Cristo es la última y definitiva Palabra de Dios en su diálogo con la humanidad, hace falta conocer también todo lo anterior para entender plenamente el discurso. El Antiguo Testamento encubre al Nuevo y éste descubre al Antiguo. Por eso S. Pablo dice: "Toda Escritura es inspirada por Dios y es útil para enseñar, rebatir, corregir, guiar en el bien" (2Tim 3,16). Primo Corbelli |
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